Hace algunos días asistí a una actividad que me conmovió. Un espíritu indomable, fuera de lo ordinario, parecía revolotear con sus alas multicolores en este regio escenario. Era como si su impronta valiente y creativa hubiera impregnado aquel mágico lugar: el Centro Cultural Banreservas, ubicado en el antiguo Hotel Mercedes de Santiago de los Caballeros.

El motivo de la convocatoria era irrepetible: celebrar los cien años de una mujer digna. Y qué mejor forma de hacerlo que conociendo otro legado fascinante de su vida: su expresión artística. Por esto, me sentí afortunado de haber participado en la apertura de esta muestra titulada: «Un siglo, la dimensión artística de Minerva Mirabal».

Se trata de una atractiva exposición que recoge pinturas, esculturas y fotografías; en su mayoría, creaciones de la propia Minerva. En especial, se integra por dieciséis obras de su autoría —muchas de ellas inéditas— y nueve de otros artistas, entre ellos los destacados Miguel Núñez, Pedro Pascual, Virgilio García y Radhamés Mejía. Las obras fueron curadas por la afamada Guadalupe Casasnovas. Para cristalizar este sueño, tuvo mucho que ver la aguda mirada del artista Abil Peralta Romero, quien siempre apostó al inmenso valor artístico que entrañaban estos otros «hijos del ingenio» de la heroína.

Esta emotiva velada tuvo como participación central las palabras de su hijo y presidente de la Fundación Hermanas Mirabal, Manolo Tavárez Mirabal. Fue él quien, desde el corazón, habló para presentar la exposición. Fueron varias las reflexiones de Manolo que nos impactaron, entre ellas la siguiente confesión que yo —y muy probablemente la mayoría de los presentes— desconocíamos:

«La casualidad ha hecho posible que esta exposición se presentara en Santiago y en un lugar como este, que anteriormente fue el Hotel Mercedes, relacionado de manera directa con la historia de nuestra heroína: el 24 de julio de 1949, una muy joven Minerva asistió con su padre, Enrique Mirabal, a una fiesta celebrada en los salones de este local. De acuerdo con los testimonios que conocemos, esa fue la primera ocasión en que el tirano la vio, bailó con ella y conversaron brevemente. A partir de ese día, Minerva empieza a recibir las señales de acoso que no pararían hasta su asesinato 11 años más tarde, el 25 de noviembre de 1960».

Me sedujo esta desgarradora revelación, no solo por lo que de seguro significó para Minerva ese primer acto de escarnio de su tormentoso viacrucis, sino porque conmemorar esta exposición aquí era como presenciar el renacer de una de las expresiones más libres de Minerva: su arte. Era la reivindicación de su vida sobre el silencio, el miedo y el terror del sátrapa.

No menos impactante fue para mí el otro relato que hizo Manolo sobre una de las piezas exhibidas. Nos referimos a una rústica piedra que, también en su ergástula, Minerva supo tallar con un clavo hasta convertirla en un trébol. Esta otra manifestación de las «alas de Minerva» llevó a su vástago a decir: «Ese trébol, símbolo de la esperanza… y, como todo su arte, es un reflejo de su espíritu indomable y de su amor por la justicia y la libertad».

Igualmente, nos resultó cautivante contar con Minou, su hija, como guía de la muestra. Recibir de ella, a veces con voz entrecortada, las explicaciones sobre los detalles de las pinturas o esculturas fue un altísimo privilegio. Por ejemplo, cuando nos contó que una de las solicitudes frecuentes que Minerva hacía a sus familiares mientras estuvo en la cárcel era que le llevaran yeso para hacer esculturas en su celda. Casi de inmediato, nos relató que una de las piezas exhibidas era la cabeza imaginaria de la propia Minou, elaborada con el inconmensurable amor de madre de Minerva.

Cada espacio de la exposición es un testimonio de Minerva; de su arte, pero también de su inconfundible alegría. Nos sorprendieron varias fotografías donde aparece feliz, acompañada por familiares y amigas entrañables; en otras, aparece disfrazada de rumbera en una fiesta de carnaval celebrada en el Centro de Recreo de Santiago.

Conocer esta faceta artística de Minerva nos fascinó. Nos hizo recordar lo que su hermana Dedé narra en su libro Vivas en su jardín: la extraordinaria predilección de Minerva por la lectura, la poesía y la pintura. Ella lo describe de este modo: «Poseía una sensibilidad especial que fue puliendo con la lectura desde muy niña… Desde que empezó a estudiar en el Colegio Inmaculada Concepción, se aficionó a la pintura».

Hasta el 5 de junio de este año, esta joya de exposición estará disponible al público. Ojalá que, de no haberla visto, se animen a hacerlo. Les aseguro que será como descubrir otro motivo profundo para sentirnos orgullosos de esta compatriota ejemplar y mariposa: Minerva Mirabal.

José Lorenzo Fermín

Abogado

Licenciado en Derecho egresado de la PUCMM en el año 1986. Profesor de la PUCMM (1988-2000) en la cual impartió por varios años las cátedras de Introducción al Derecho Penal, Derecho Penal General y Derecho Penal Especial. Ministerio Público en el Distrito Judicial de Santiago (1989-2001). Socio fundador de la firma Fermín & Asociados, Abogados & Consultores desde el 1986.-. Miembro de la Comisión de Revisión y Actualización del Código Penal dominicano (1997-2000). Coordinador y facilitador del postgrado de Administración de Justicia Penal que ofrece la PUCMM (2001-2002). Integrante del Consejo de Defensa del Banco Central y de la Superintendencia de Bancos en los procesos de fraudes bancarios de los años 2003-2004, así como del Banco Central en el caso actual del Banco Peravia. Miembro del Consejo Editorial de Gaceta Judicial. Articulista y conferencista ocasional de temas vinculados al derecho penal y materias afines. Aguilucho desde chiquitico. Amante de la vida.

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