Llega otro noviembre y nos vuelve a encontrar haciendo lo mismo: corriendo de un lado a otro para poder llegar a tiempo a la cantidad de eventos que organizan y convocan las instituciones y organizaciones que trabajan la temática; participando en foros y mesas de trabajo donde talvez seguimos discutiendo las mismas problemáticas; asistiendo a ferias, jornadas o encuentros donde nos saludamos cada año las mismas personas.

Se organizan campañas de concienciación que siguen enfocando a la intervención luego de que el delito de la violencia ha ocurrido y dirigidas de nuevo a las mujeres, como principal blanco de público.

Ya hoy han surgido nuevas versiones donde, aprovechando la fecha, se promueven encuentros donde se venden en “oferta” los mismos productos a través de los cuales la cultura esclaviza a las mujeres como lo es la belleza en todas sus vertientes en promociones de cirugías plásticas, tratamientos estéticos, moda, pelo, piel, entre otros. Se usan de manera banal palabras como empoderamiento, esencia, autonomía, autoestima, quedándose en un plano muy superficial que confunde y mantiene adormecidas y anestesiadas a muchas mujeres.

Me da tanta risa escuchar a creadoras de contenido o figuras públicas que dicen tener proyectos para el empoderamiento femenino y de lo que se trata es de verse joven y bella al costoso precio de lo que cobre el cirujano o cirujana de moda, haciéndoles el cuerpo completo con rostro incluido. Lamentablemente la autoestima es más que eso y no es suficiente con asistir a un evento organizado para las mujeres en un marzo o en un noviembre.

El real empoderamiento surge de políticas públicas pensadas para el desarrollo de oportunidades para las mujeres; se crea en la inversión del Estado en educación y la construcción de una sociedad donde la equidad nos haga ser iguales en derechos y oportunidades, en acceso a empleos y desarrollo económico basados en la preparación y el talento, no en el sesgo de género que domina todavía estas decisiones a todos los niveles.

De manera individual el real empoderamiento se crea desde la conciencia de cómo hemos sido educadas y comenzar a hacer un trabajo psicoterapéutico serio y comprometido para desmontar todas las capas creadas por la cultura que no nos definen en nuestra esencia provocando dolor, aislamiento y sobrecarga, alejándonos cada vez mas de nosotras mismas.

Y muchas mujeres lo hemos comenzando a hacer, por supuesto llegamos regularmente a ese camino a través de la violencia y el sufrimiento que se convierten en el motor para el cambio. Y es ese camino el que han recorrido las hermanas feministas desde que no teníamos conciencia de la siembra que realizaban. Hoy podemos cosechar los frutos en la posibilidad de trabajar, educarnos, hacer uso del ejercicio democrático del voto, tener independencia económica y todas la transformaciones que con sus vidas como precio pagaron.

En un noviembre ideal para mí y me atrevo a decir que para las 10,000 mujeres que hemos atendido en el Centro de Atención a Sobrevivientes de Violencia, ocurrirían cosas como estas:

  • Las instituciones que formamos parte de la red de atención en violencia de género haríamos actividades conjuntas, en colaboración y sororidad, ahorrando así cantidad de recursos que se desperdician en la absurda competencia de quién hace el mejor evento o tiene más incidencia en la prensa.
  • El Estado crea políticas públicas asertivas y adaptadas a la realidad que vivimos las mujeres tanto para el desarrollo de la prevención como para la atención a la violencia de género, intrafamiliar y delitos sexuales.
  • En vez de recortar el presupuesto al aparato judicial, el Estado hace una mayor inversión en el tema para garantizar la formación de quienes intervienen, el trato digno a la víctimas, castigar la impunidad, la falta de transparencia y los procesos penales tan largos y tortuosos que desgastan a las mujeres y desincentivan la denuncia del delito.
  • Las campañas de concienciación van dirigidas a los hombres y a las instituciones que ejercen violencia contra las mujeres, promoviendo desde ahí el cambio y la transformación de la cultura.
  • Se promulga una ley a la violencia contra las mujeres que sea integral, actualizada  y lo suficientemente abarcadora para responder a las necesidades de las mujeres y las familias.
  • Los legisladores y legisladoras se actualizan, estudian y se dejan asesorar en materia de derechos humanos para crear leyes que respeten a las personas, más allá de sus propios sistemas de creencias.

Con este inicio me conformaría, ya que las mujeres hemos estado haciendo lo que nos corresponde: nos hemos educado, integrado al aparato productivo, estamos a cargo de los cuidados en las familias  y con el paso de los años hemos tenido la valentía de denunciar la violencia muy a pesar de las consecuencias que implica en peligro, estigma, desgaste emocional y de tiempo.

Solange Inmaculada Alvarado Espaillat

Psicóloga y Terapeuta Familiar

Psicóloga y Terapeuta Familiar en su consultorio privado desde 1999. Directora del Centro de Atención a Sobrevivientes de Violencia de la Procuraduría Fiscal del Distrito Nacional. Autora de dos libros para la Procuraduria Fiscal del Distrito Nacional y una publicación personal: “Violencia contra la Mujer, Modelo de Intervención Integral” “Heroínas en Lienzos, Palabras y Sueños” "Guía Práctica para la Familia Actual, de mi consulta y mis vivencias"

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