La República Dominicana ha tenido dos cardenales. El primero fue monseñor Octavio Antonio Beras Rojas, arzobispo de Santo Domingo, a quien san Pablo VI creó cardenal el 24 de mayo de 1976 y que murió en 1990. El segundo, monseñor Nicolás de Jesús López Rodríguez, recibió la púrpura de manos de san Juan Pablo II el 28 de junio de 1991, siendo también arzobispo de Santo Domingo, y es hoy el único cardenal dominicano vivo. El 31 de octubre de 2016 cumplió ochenta años y, según las normas de la Iglesia, perdió el derecho a votar en un cónclave. Desde entonces, el país donde se levantó la primera catedral de América carece de voz con voto en la elección del sucesor de Pedro. Cuando en mayo de 2025 los cardenales se encerraron en la Capilla Sixtina para elegir a León XIV, entre los electores no había ningún cardenal dominicano.

El Colegio Cardenalicio no aparece en el Nuevo Testamento; su creación es posterior. Pero eso no le resta importancia. En Roma, desde el siglo V, se llamaba cardenales a los sacerdotes y diáconos principales, y desde el siglo VIII el título alcanzó a los obispos de las diócesis vecinas. Su razón de ser no es el prestigio ni el poder, sino el servicio. En su primer consistorio, el 24 de marzo de 2006, Benedicto XVI dijo que todo cardenal debe convertirse en servus servorum Dei, servidor de los siervos de Dios, y pidió a los nuevos purpurados: «Que la púrpura que revestís sea siempre expresión de la caritas Christi».

El Código de Derecho Canónico dedica a los cardenales los cánones 349 a 359. El primero de ellos define su doble misión. Les corresponde proveer a la elección del Romano Pontífice y asistirlo, tanto colegialmente, cuando son convocados para tratar juntos las cuestiones de más importancia, como personalmente, mediante los distintos oficios que desempeñan en el gobierno cotidiano de la Iglesia universal. Para escogerlos, el canon 351 § 1 deja la decisión a la libertad del Papa, que elige entre aquellos varones que hayan recibido al menos el presbiterado y que «destaquen notablemente por su doctrina, costumbres, piedad y prudencia en la gestión de asuntos». El mismo canon exige que quienes aún no sean obispos reciban la consagración episcopal. El canon 358 prevé, además, que el Papa encomiende a un cardenal representarlo como legatus a latere o como enviado especial en una tarea pastoral, misiones que piden formación, lenguas y trato con Roma. Medido con esa vara, monseñor Víctor Emilio Masalles Pere, obispo desde 2010, es uno de los pastores dominicanos que reúnen esas condiciones. 

Doctrina. Graduado en Economía por la Universidad Autónoma de Santo Domingo, tiene una formación teológica de primer orden. Es licenciado en Teología Espiritual por el Teresianum (1996), cursó estudios avanzados de Teología Bíblica en la Universidad Gregoriana (1998) y se doctoró summa cum laude en 2001 con la tesis La profecía en la asamblea cristiana. Análisis retórico-literario de 1 Cor 14,1-25. Ha enseñado estudios paulinos y proféticos, espiritualidad bíblica y retórica. A inicios de 2026 fundó el Instituto Palabra y Vida para la formación bíblica de laicos y sacerdotes. En un tiempo en que la Iglesia pide volver a la Palabra, su conocimiento hondo de las Escrituras es un don para el episcopado dominicano y para todo el pueblo de Dios.

Las lenguas de la Iglesia universal. Un cardenal trabaja con Roma y con el mundo. Además del español, monseñor Masalles habla con fluidez inglés, catalán e italiano, se defiende bien en francés y lee portugués, hebreo, latín y griego esta última la lengua del Nuevo Testamento. León XIV habla inglés, español, italiano, francés y portugués, y Masalles comparte con él cuatro de esas cinco lenguas. Podría conversar con el Santo Padre y con la Curia sin intérprete, leer las Escrituras en su lengua original y servir de puente entre la Iglesia del Caribe y la de Europa, donde nació.

Experiencia de gobierno. Ha servido en casi todos los niveles de la Iglesia. Fue canciller del Arzobispado, párroco en Capotillo, director espiritual y rector del Seminario Pontificio Santo Tomás de Aquino (2002-2006), vicario del clero y vicario de Administración de la Arquidiócesis de Santo Domingo (2007-2013). Benedicto XVI lo nombró obispo auxiliar en 2010, y en 2016 Francisco lo puso al frente de la diócesis de Baní. Allí organizó las parroquias y la economía diocesana, y trabajó junto a las organizaciones sociales de Peravia, San Cristóbal y San José de Ocoa. También formó parte de la Comisión de Ética de Investigaciones de centros de salud. Conoce la Iglesia desde la parroquia de barrio hasta la curia, y sabe administrar, que no es poco para quien ha de aconsejar al Papa.

Piedad y testimonio. Su vocación nació de la cercanía con la muerte. En abril de 1983 sufrió una hemorragia que exigió veintisiete pintas de sangre, y él atribuye su recuperación a la oración de hermanos de la Renovación Carismática. Siendo seminarista, según su propio testimonio, quedó sano de la hemofilia que padecía. Quien ha visto la vida pendiente de un hilo no confunde la púrpura con un adorno.

Disciplina. Antes de ser sacerdote fue atleta. En la natación estableció numerosos récords nacionales y representó al país en competencias internacionales. Aquellas madrugadas de piscina, que forman el carácter, se notan en su ministerio.

Evangelizador de su tiempo. Presidió desde finales de 2011 el consejo de Televida, el canal católico de la familia. Su ministerio «Palabra & Vida» llegó por radio, televisión y redes sociales, y la Pascua Familiar «Yo me quedo», que él impulsó, se ha extendido a parroquias dentro y fuera del país. Ha buscado el diálogo interreligioso y ha defendido la vida desde la concepción hasta la muerte natural con la claridad que se espera de un pastor. Esa defensa contribuyó a que el nuevo Código Penal protegiera la vida desde su inicio, aunque su firmeza no le ganara aplausos.

Maestro de la fe. Monseñor Masalles ha entregado su vida a profesar la fe y a enseñarla. Por sus cursos, retiros y programas han pasado innumerables fieles, laicos, religiosos y sacerdotes, que encontraron en él una guía para adentrarse en las Escrituras, comprenderlas a la luz de la Tradición y hacerlas vida en la oración y en el servicio. Muchos le guardan gratitud y afecto, y ven en su ministerio el fruto de una existencia dedicada a Dios. Ese aprecio no se pide ni se organiza. Nace de quienes han recibido sus enseñanzas, y quizá sea el mejor aval de un pastor.

Linaje y arraigo. Nació en Barcelona en 1961 por obra de la tiranía. Su padre, David Masalles, colaboraba con el Movimiento 14 de Junio, y Trujillo le dio veinticuatro horas para salir del país con su esposa embarazada. La familia volvió en 1965, y don David fundó el departamento de Química de la UASD; hoy se le reconoce como padre de la química dominicana y una calle de Santo Domingo lleva su nombre. Víctor Emilio creció aquí, se formó en nuestra universidad pública y representó a la República en el deporte. Es dominicano por historia, por elección y por servicio. 

Voz propia. Monseñor Masalles no ha rehuido decir lo que piensa. En marzo de 2021 expresó públicamente su deseo de que la Iglesia dominicana tuviera una presencia más visible y recuperara su papel de mediadora en la vida nacional. Un cardenal no está llamado a complacer, sino a aconsejar con libertad al Santo Padre, y quien habla claro en su tierra sabrá hacerlo también en Roma. Francisco demostró que el cardenalato puede recaer en pastores de las periferias, y aun en sacerdotes sin sede, cuando lo que se premia es el servicio. Que monseñor Masalles no gobierne hoy una diócesis tampoco es un impedimento, porque el Código no exige una sede. El canon 356 distingue entre los cardenales que tienen confiada una diócesis, obligados a acudir a Roma cuantas veces el Papa los convoque, y los que sirven en la Curia, que deben residir en la Urbe. Un obispo libre de las cargas de una diócesis, doctor por la Gregoriana y conocedor de las lenguas de Roma, puede servir al Santo Padre en cualquiera de las dos formas.

Nuestra Iglesia es la Primada de América. Dio a este continente su primera diócesis, su primera universidad y la voz de fray Antón de Montesino, y merece volver a tener un cardenal elector. Al Santo Padre, que conoce como pocos la Iglesia latinoamericana, le corresponde decidir. A nosotros nos toca decir, con respeto, con la libertad de los hijos de la Iglesia y sin otro interés que su bien, que monseñor Víctor Masalles reúne las condiciones para recibir la púrpura. Ruego a quienes compartan esta convicción que no la conviertan en campaña, recogida de firmas ni presión de ningún tipo. El afecto de los fieles, como el que él ha sembrado, no se organiza. La mejor manera de acompañar a un pastor es la oración; lo demás queda en manos del Papa.

Juan Francisco Puello Herrera

Abogado

Juan Francisco Puello Herrera es abogado egresado de la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña (UNPHU) en 1972, donde fue Decano de la Facultad de Derecho, profesor de Derecho Civil y director de los Consultorios Jurídicos. Cuenta con una vasta experiencia de más de 52 años de ejercicio profesional, representando a empresas nacionales e internacionales en numerosos negocios transaccionales y litigios, principalmente sobre asuntos civiles, comerciales, laborales e inmobiliarios, así como en el manejo de acuerdos, negociación y conciliación, notaría y derecho societario. Es considerado un referente nacional en derecho corporativo, resolución alternativa de conflictos y derecho deportivo. Realizó la Maestría en Ciencias Religiosas (1991-1995) en la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM), Post Grado en Especialización en Derecho Constitucional de la República Dominicana (2010) y Maestría en Derecho Constitucional Público (2011-2012) en la Universidad Castilla-La Mancha; Diplomado en Derecho Procesal Penal y Constitucional en la Universidad de San José Costa Rica (2007) y Diplomado en Arbitraje Comercial Internacional (2009) en la Cámara de Comercio de Bogotá. Es Doctor en Derecho (PhD) por la Universidad Externado de Colombia en convenio con la PUCMM. Fue profesor de Derecho Comercial de la Universidad APEC y UNIBE. Actualmente labora para la PUCMM, donde imparte Sociedades Comerciales en la Maestría de Negocios Corporativos y Resolución Alternativa de Conflictos a nivel de licenciatura. Desde 2007 hasta 2015 fue coordinador de la Maestría en Negocios Corporativos en la PUCMM, y desde 2015 hasta 2021 fue miembro del Comité de Ciencias Jurídicas de Postgrado. Es miembro del Consejo Directivo de la Escuela Nacional de la Judicatura y Comisionado de la Confederación de Béisbol Profesional del Caribe (CBPC). Es un reputado Árbitro y Mediador del Centro de Resolución Alternativa de Controversias de la Cámara de Comercio y Producción de Santo Domingo (CCPSD). Ha recibido reconocimientos como la Medalla de Honor al Mérito de la Cámara de Comercio y Producción de Santo Domingo por su contribución al desarrollo y fortalecimiento del Arbitraje Comercial Internacional y Comercial en la República Dominicana, el reconocimiento de la Universidad APEC por su contribución a la formación profesional, y la Medalla al Mérito de la Comisión Interamericana de Arbitraje Comercial (octubre, 2013). Es autor de diversos libros y de más de un centenar de artículos de interés jurídico. Es miembro de número de la Academia de Ciencias y del Colegio de Abogados de la República Dominicana, así como del Colegio Dominicano de Notarios.

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