«Estabilidad estratégica constructiva» es el objetivo bilateral, aunque poco poético, de China y EE. UU. A los chinos les debe estar resultando cada vez más difícil pronunciar esa frase sin reírse. Ante la perspectiva de una derrota en las elecciones de mitad de período en medio de guerras inextricables, Donald Trump anunció el domingo que su planeado arco del triunfo en Washington también sería un «complejo militar de primer nivel».

Este monumento en su propio honor contará con drones, francotiradores y un gran depósito de municiones. Trump no especificó contra quién se dirigiría esta potencia de fuego. Tampoco se nos ha dicho qué victoria conmemorará su «arco de Trump». Lo que sí sabemos es que, hoy en día, él casi no habla de otra cosa.

Decir que Trump se ha desconectado de la tarea de gobernar el país sería quedarse corto; también implicaría que él antes estaba conectado. Sin embargo, Trump en el primer año de su segundo mandato tenía un plan y llevó a cabo gran parte de él. Esto incluyó el gran y hermoso proyecto de ley (BBB, por sus siglas en inglés) de recortes fiscales; una guerra comercial contra el mundo; las redadas de deportación de inmigrantes por parte del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés); el ataque de Elon Musk contra el estado administrativo conocido como el Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE, por sus siglas en inglés); y una purga de lo relacionado con DEI (diversidad, equidad e inclusión) en todo el Gobierno.

La frase «la guerra de Trump contra… (las universidades, la ciencia, los bufetes de abogados, completa el espacio en blanco)» se convirtió en un cliché de los medios. Independientemente de lo que se pensara sobre sus objetivos, Trump los tenía en la mira.

Sin embargo, en su segundo año, la mente del presidente se ha visto cada vez más «colonizada» por monumentos dedicados a sí mismo. Más allá del ego, pocos pueden comprender la profundidad de la obsesión de Trump por estas monstruosidades de mal gusto. Richard Painter, quien fue jefe de ética en la Casa Blanca bajo George W. Bush, dijo que el arco de Trump debería dedicarse a la 25.ª Enmienda de la Constitución estadounidense, según la cual un presidente puede ser destituido por incapacidad, incluyendo la demencia. Painter lo dijo en broma. Hay menos probabilidades de que el vicepresidente de EE. UU., JD Vance, invoque la 25.ª Enmienda contra su jefe que de que Trump se convierta al budismo.

Dicho esto, Trump parece mostrarse serenamente indiferente ante la probable derrota de su partido en las elecciones de mitad de período. A pesar de haber prometido bajar los precios, sus acciones como presidente solo han avivado la inflación. Esto se debe a sus erráticas y cambiantes tarifas arancelarias; a la «Operación Furia Épica», la guerra contra Irán que ya lleva siete meses; y al déficit presupuestario estadounidense, que está creciendo rápidamente y sobre el cual él no ha dicho nada. La deuda pública de EE. UU. superó los US$40 billones el mes pasado, el doble de lo que era cuando Trump asumió el cargo por primera vez en 2017.

En cuanto a la inteligencia artificial (IA), Trump parece estar haciendo todo lo posible por avivar los temores de los votantes. Aunque los votantes republicanos están tan preocupados por los centros de datos como los demócratas, Trump dijo el mes pasado: «Que reinen los datos». A eso Trump agregó que cualquier parte de EE. UU. que rechazara ese tipo de inversiones se estaría condenando a sí misma a la pobreza. Su respuesta a los temores del público sobre la amenaza que representa la IA para la humanidad fue realizar una push-poll, o una encuesta tendenciosa, en Truth Social el fin de semana pasado para saber qué término preferían las personas en lugar de inteligencia «artificial», que, según él, era inexacto. Inteligencia «suprema», que era la primera opción de Trump, no ganó la encuesta (ganó «superior»).

Existen indicios de que Trump podría estar reconociendo la reacción negativa hacia la IA, gran parte de la cual ha provenido de sus aliados en el movimiento MAGA, incluyendo Steve Bannon. El sábado Trump anunció planes para crear una «fuerza de IA» y nombrar a un nuevo «zar» de la IA. Sin embargo, en la misma publicación descartó los temores sobre la IA calificándolos de «engaño», y prometió que no «obstaculizará ni frenará de ninguna manera» la vertiginosa expansión del sector. Con una regulación como esta, ¿quién necesita el laissez-faire o el «todo se vale»? No es de extrañar que los candidatos republicanos en los estados indecisos no estén presionando a Trump para que se les una durante sus respectivas campañas electorales.

El término «pato rengo» —que se refiere al período en el que presidente en funciones está sin poder— le quitaría el sueño a cualquier otro presidente. Pero ese concepto le resulta ajeno a Trump. Él dedica más tiempo a hablarle a la gente de sus planes arquitectónicos que a temas como Irán, la IA o la economía. Los problemas sin solución le interesan muy poco. Su principal fascinación reside en los proyectos sencillos, como el nuevo salón de baile de la Casa Blanca, el cual también incluirá un «gigantesco» complejo militar debajo de él. Como prueba de esto, la semana pasada Trump dijo que detendría la renovación del Centro Kennedy para las Artes Escénicas después de que los tribunales anularon su decisión de renombrarlo en su honor. El Centro, el cual prosperaba hace 18 meses, actualmente se enfrenta a la amenaza de demolición por parte de Trump.

No existe una salida previsible a la guerra de Trump en contra de Irán. Los críticos de Trump deberían recordar que tampoco hay forma de librarse de Trump hasta 2029. No se me ocurre ningún ejemplo de un presidente estadounidense que haya perdido interés en su cargo cuando aún le quedan dos años y medio de mandato. Esto incluye a Trump en su primer mandato y al cada vez más deslucido mandato único de Joe Biden. Esta situación plantea un inusual panorama tanto para el país como para el mundo. En un momento de desbordada inestabilidad global, el presidente estadounidense la está avivando y, al mismo tiempo, no ha mostrado interés alguno en hacer algo al respecto.

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