La transformación de la educación dominicana no se reduce al cambio de una ley ni al capricho de un presidente o de un ministro. Ambos cargos son temporales.
Se trata de crear una ruta única de la educación, con ciclos curriculares que empiecen en las edades de 0 a 2 años y recorran dos ciclos de primaria y preprimaria. Durante estos se debe enseñar a los niños a leer y escribir correctamente, a comprender lo que leen y a poder sintetizarlo en relatos y códigos simplificados; a construir relatos comunicacionalmente bien articulados; y a asimilar y comunicar, con pensamiento crítico, el contenido curricular de las cuatro asignaturas básicas que deben dominarse en la educación primaria.
El ciclo de la educación media debe enfocarse en las actitudes y las aptitudes. Es necesario establecer un ciclo común de tres años para construir juntos esa educación para toda la vida.
Es fundamental asumir en el concepto la inclinación de las vocaciones y las profesiones. Este tema no puede ser obviado cuando se aborde esa dimensión del desafío, ni podemos seguir confundiendo los algoritmos con el humanismo.
La gobernanza que conviene al sistema es aquella que agrupe, simplifique y haga común al pueblo el sentido del conocimiento científico.
En el año 1991 quisimos crear una gobernanza articulada para integrar la educación, la ciencia y la cultura en una sola Secretaría de Estado, y se elaboró el anteproyecto de ley de educación que los sabios de la educación caricaturizaron como «la ley del cielo azul». Se apoyaron en el prestigio de los líderes y caudillos políticos de la época (Balaguer, Bosch, Peña Gómez), persiguieron políticamente al reformador, y por su culpa perdimos el impulso de la Tercera Revolución Industrial (las TIC).
Hoy, cuando el tiempo se acaba para transformar la educación, apoyándose en el populismo y manipulando la verdad, quieren imponer un relato que impida la reforma. Confundiendo a sectores de opinión e incitando a la gleba, buscan promover la gobernanza paralela e impedir que la educación, la ciencia y la cultura se integren en una ruta que ayude a superar los retrocesos en la calidad y en la pertinencia que se comprobaron en la tercera medición PISA.
El presidente no está empecinado en integrar el sistema, tampoco los ministros. Estamos opuestos a la fusión de todo lo viejo que heredamos del siglo XIX y de la Segunda Revolución Industrial: pantógrafos fresadores, talleres oscuros y trabajos esclavizantes con salarios indecentes.
Queremos una gobernanza que articule y no regale, y que prepare para el futuro, no en paralelo, porque son líneas que solo se encuentran en el infinito. Queremos aprovechar el metaverso, la realidad aumentada, la IA, la computación en la nube, la ciberseguridad, la ciencia de datos y las carreras de habilidades blandas.
Afortunadamente, las universidades no se dejaron imponer la fusión de 16 artículos que ahora luce huérfana, porque nadie quiere responsabilizarse de ese golpe de Estado contra la educación superior.
Habrá transformación legislativa y curricular, como lo pauta el Decreto 309-26. Esta se hará por consulta y por concertación.
Pero no será un modelo de fusión, sino de articulación en cuatro subsistemas, cuya ruta empezará en la base y creará un nuevo sistema educativo en el cual el derecho a la educación será un bien público intangible y tutelado.
Será un nuevo modelo inclusivo que eduque para la vida, con calidad y con pertinencia. Un nuevo modelo que enseñe a aprender conocimiento, a usar conocimiento y a transferir conocimiento.
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