El debate sobre el sector eléctrico dominicano suele centrarse en las tarifas, los apagones y el subsidio al consumidor residencial. Sin embargo, un análisis riguroso de los datos operativos y financieros de las empresas distribuidoras estatales, EDENORTE, EDESUR y EDEESTE, revela una realidad más profunda y menos discutida: no es la falta de pago de los usuarios formales lo que sostiene la crisis del sistema eléctrico, sino el volumen de energía que nunca llega a facturarse ni a cobrarse.
Pérdidas de energía: el núcleo estructural del problema.
Según los indicadores operativos al cierre de 2025, el sistema de distribución alcanzó aún niveles elevados de pérdidas totales, aunque con una reducción marginal respecto a 2024. La energía facturada creció 3.3% interanual, mientras que las pérdidas descendieron de 38.1 % a 37.2 % al comparar diciembre de 2024 y diciembre de 2025. En paralelo, la facturación total creció 6.5% y los cobros efectivos superaron los RD$10,832 millones, evidencia de una mejora en la conversión de energía servida en ingresos reales.
Estas cifras muestran que, aunque hay avances operativos, más de un tercio de toda la energía comprada por las distribuidoras continúa sin generar ingresos, una condición que explica buena parte del déficit estructural del sector.
Diferencias por empresa
La evolución no es homogénea entre las tres distribuidoras:
EDENORTE mantuvo sus pérdidas alrededor de 26.2 % y aumentó tanto la energía facturada como la facturación total (+4.3 % y +9.7 %, respectivamente), junto con un crecimiento en los cobros efectivos.
EDESUR registró una mejora notable: sus pérdidas mensuales se redujeron de 31.0 % a 28.8 %, con un descenso absoluto de 14.6 GWh y aumentos en facturación.
EDEESTE también incrementó su energía facturada casi 5 % y elevó cobros en 3.9 %, lo que indica un esfuerzo comercial mayor. No obstante, sigue exhibiendo los niveles más altos de pérdidas, convirtiéndose en el foco crítico de las políticas de reducción de pérdidas y control del fraude.
Este contraste confirma que, aunque existen señales de mejora operativa, se mantiene un patrón de heterogeneidad estructural que no se corrige únicamente con medidas de corto plazo.
Cobrabilidad: una realidad positiva
Contrario a una percepción común, los indicadores de cobrabilidad muestran un desempeño relativamente sólido. Las cifras de facturación y cobros efectivos al cierre de 2025 sugieren que los usuarios formales sí pagan sus facturas en un alto porcentaje, y que estos pagos han aumentado en términos absolutos. Este dinamismo en los cobros refuerza la idea de que la incapacidad de recaudar no es el principal problema del sistema, sino la magnitud de la energía no facturada.
Adicionalmente, durante el primer trimestre de 2025 las distribuidoras recuperaron 8.3 GWh de energía y más de RD$102 millones de ingresos mediante acciones directas contra conexiones ilegales y normalización de suministros, lo que demuestra que las iniciativas contra fraude tienen impacto real en la base de ingresos.
El Cash Recovery Index: síntesis del problema financiero
La combinación de pérdidas totales y cobrabilidad se refleja en el Cash Recovery Index (CRI), que mide qué proporción del valor de la energía comprada por las distribuidoras se recupera realmente en efectivo. Con pérdidas todavía altas y cobrabilidad positiva, el CRI del sistema se mantiene en niveles que no garantizan autosostenibilidad financiera sin apoyo fiscal, lo que explica por qué la crítica pública sobre tarifas, aunque válida, no aborda el corazón del problema.
Conclusión
Los datos más recientes confirman una realidad estructural: las pérdidas de energía siguen siendo demasiado elevadas para sostener un sistema financieramente saludable sin subsidio continuo. Aunque existen mejoras operativas, reductos importantes de ineficiencia persisten, en particular en EDEESTE.
Esto no significa que la discusión sobre tarifas deje de ser relevante, sino que debemos mirar más allá del precio que paga el usuario. La verdadera pregunta que debería orientar las decisiones regulatorias y fiscales es:
¿Cómo reducimos las pérdidas totales de energía hasta niveles sustentables sin sacrificar la equidad social?
Hasta que no se responda esa pregunta, cualquier ajuste en tarifas o esfuerzos de cobranza continuará siendo paliativo.
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