Existen dos tipos de personas sobre los que casi todo el mundo se siente con el derecho de opinar, los solteros y los gorditos. ¡Y adivinen qué! ni tengo marido ni soy flaca, así que de entrada les digo que en esta entrega les hablo con sobrada experiencia y conocimiento de causa, pero como siempre, nunca desde el resentimiento.

Nunca he sido flaca, siempre he sido la llenita de carita redonda y buches gorditos, esa ha sido mi realidad entre los hijos de Dulce y Rafael que son todos delgados y de estructura estilizada. He sido siempre entre mis hermanas “la que no se parece a ellas” o la que siempre le dicen “ustedes sí se parecen, pero ella no” cuando me comparan con mis hermanas mayores. Estoy tan acostumbrada que ya con mucha seriedad les concedo razón y les explico que fue que me adoptaron de pequeñita. ¿Cómo me voy a empeñar en demostrar parentesco con mis propias hermanas? Imposible.

A esa realidad súmele mi estatus de divorciada soltera y el misterioso afán de la gente por entender o explicar las posibles razones por las que la soltera está soltera. Que si tienes mala cara, que si no eres divertida, que seguro eres complicada, que es porque no sales mucho, que si eres exigente, que tienes truño, que no te ves simpática, que no haces más que trabajar, que debes cambiar de círculo, que seguro el amor está en el extranjero o en la iglesia. Y en el peor de los casos, que estás muy gordita y tienes que rebajar. Sí, hasta eso gentilmente te “recomiendan” cuando se trata de buscar una solución para que acabe la soltería de esa mujer, que dicho sea de paso, en la mayoría de los casos ni repara ni se molesta con la vida por estar soltera.

No sé en qué consiste ese misterio que la gente se afana por entender cómo es que una mujer bonita, trabajadora, inteligente y con un millón de cualidades puede estar soltera y no le llueven pretendientes. Somos material de análisis y a veces hasta de preocupación sin el consentimiento nuestro, cuando uno no está afanado en conseguir o simplemente está decidido a esperar que se de. Es más, en la mayoría de los casos, y segura que hablo por muchas mujeres, la soltera no tiene el afán porque está en paz con la idea de que si conviene, llega, y si no llega, pues no conviene.

Lo extraño es que, sea cual sea la razón de la soltería, casi nunca se piensa en muchísimos aspectos que no tienen que ver necesariamente con nosotras. Desde la crisis de varones que buscan algo serio o la diferencia de tiempos entre generaciones, especialmente la mía de más de 40, en la que existe una marcada diferencia entre las prioridades de hombres y mujeres. Inevitablemente se espera que la culpa recaiga sobre nosotras, porque es innegable que esa presión de buscar una pareja no aplica tanto para los varones, por mayores que estén. Siempre se espera que sea la mujer la que se adapte y cambie de piel como un camaleón para lograr dar con un hombre al costo que sea, así eso implique ella deja de ser y convertirse en una copia del varón de turno.

Hace casi diez años escribí solo la soltería y poco ha cambiado desde entonces. Cada deseo de Navidad, Año Nuevo, graduación o cumpleaños viene con el infaltable itbis de “y que este año encuentres pareja”. Y no está mal, los buenos deseos se reciben, así que uno termina haciendo la paz con eso y recibiéndolo con amor, pero también quiero otras cosas, muchas más que trascienden a un varón.

No estoy esperando que alguien venga a rescatarme de la soltería porque la soltería no es una enfermedad. Es simplemente una etapa, una elección o una circunstancia que no define mi valor. Mi vida no está en pausa mientras aparece un hombre. Mi vida ocurre todos los días. Y créanme, está bastante bien así.

Así que la próxima vez que sientan la irresistible necesidad de preguntarle a una mujer por qué sigue soltera, respiren profundo y hagan otra cosa. Pregúntenle por sus sueños, por su trabajo, por el último libro que leyó, por el whisky que le gusta, por el viaje que quiere hacer o por aquello que la hace feliz. Descubrirán que hay una vida muchísimo más interesante que un estado civil.

Porque al final, la pregunta nunca debió ser por qué estoy soltera. La verdadera pregunta es por qué seguimos creyendo que una mujer necesita estar acompañada para ser una historia completa. Yo no necesito que me deseen una pareja para sentir que mi vida está encaminada. Deséenme salud, serenidad, proyectos que me reten, hijos felices, amigos leales, viajes, aprendizajes y muchos motivos para sonreír. Y si el amor llega, que encuentre una vida ya llena, no una que estaba esperando ser completada.

Paola Chaljub Then

Periodista

Periodista, locutora y presentadora de noticias. Madre de dos. La más chiquita de Dulce y Rafael.

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