El frágil cese al juego entre Estados Unidos, Israel e Irán, mientras el estrecho de Ormuz sigue cerrado, el petróleo se mantiene con precio sobre los 100 dólares el barril y con una escasez de gas y combustible que ya amenaza los vuelos comerciales, la energía y la producción de alimentos, no puede seguir por más tiempo.

Un acuerdo de paz entre Estados Unidos e Irán parece casi imposible y la única vía para llegar a una solución final del problema es la guerra. Tendrá un impacto brutal en la economía mundial, pero seguir con un cese al juego indefinido en las circunstancias actuales es igual de malo e insostenible.

Estados Unidos e Israel han coordinado un ataque a gran escala para destruir lo que queda de Irán. Será mortal y el plan es destruir plantas de energía, infraestructura (puentes, carreteras, edificaciones, bases de misiles y locaciones donde supuestamente Irán almacena su uranio enriquecido) y, finalmente, descabezar nuevamente la actual dirigencia militar y política a fin de debilitar el régimen de los ayatolás e incentivar una rebelión interna que enfrente los remanentes de la Guardia Revolucionaria Islámica.

Si eso ocurre, las tropas de Estados Unidos podrían desembarcar en Irán con un mínimo de riesgos y apoyar cualquier iniciativa de instalar un nuevo régimen democrático en Irán.

Pero veamos el otro lado de la moneda. Con los nuevos ataques, Irán será destruido inevitablemente, pero no sin una represalia que causará un verdadero caos mundial. Mientras protege a brazo partido el estrecho de Ormuz, Irán atacará todas las refinerías y almacenamiento de gas y petróleo en los países del Golfo Pérsico. Destruirá sus plantas desalinizadoras y bases militares. Dubái quedará hecha cenizas. Puertos y aeropuertos serán atacados sin piedad. Y miles de edificios civiles serán destruidos. Los muertos se contarán por cientos de miles.

Israel también será atacada por tres frentes: Irán, Hizbulá y los hutíes, que entrarán en la guerra con todo lo que tienen. El pequeño estrecho de Bab el-Mandeb, que une el mar Rojo con el golfo de Adén, importante vía donde cruza el 12 % del petróleo mundial, será cerrado por los hutíes, agravando el suministro de crudo a nivel mundial.

El petróleo podría alcanzar entre los 150 y 200 dólares el barril, el mercado bursátil retrocederá con fuerza y la inflación se irá al cielo.

Solo si se logran los objetivos de Estados Unidos e Israel de devolverle a Irán un régimen democrático, sin uranio ni armas de destrucción masiva, en un tiempo relativamente corto, la guerra puede terminar definitivamente, con el estrecho de Ormuz abierto y sin el control de Irán. Pero el petróleo y el gas continuarán por las nubes por largo tiempo debido a la destrucción casi total de las instalaciones energéticas en el Golfo Pérsico. La economía entrará en recesión en el 2026, pero recuperándose lentamente en el 2027.

El mundo está cansado de las continuas amenazas de Trump y Netanyahu, de plazos que no se cumplen y de la incertidumbre mundial. Es mejor salir ya de este tema y escalar la guerra hasta el final, donde China y Rusia se unirán más contra Estados Unidos, que controlará el petróleo iraní y de todo el Golfo, afectando los suministros a China. Es el verdadero objetivo de esta guerra. No el uranio ni Ormuz.

El gobierno dominicano debe tener un plan preparado para esta contingencia porque el impacto será igual al de un meteorito.

José Lois Malkún

Economista

Economista dominicano. Trabajó como consultor de varios organismos internacionales, como el BID y el Banco Mundial. Fue director de la Comisión para la reforma del Sector Salud, Ministro de Finanzas y Gobernador del Banco Central, en el período 2003-2004.

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