Cuando tenía como 11 años, me encantaban los deportes, pero no era bueno en ellos. Me divertía, pero mi desempeño era deficiente y no tenía mucho interés en vencer a los otros. Aunque solamente lo lamento por mi padre, que amaba los deportes y nunca pudo ver a su primogénito destacarse en ninguno.
Recuerdo una vez que jugábamos béisbol contra niños de otro barrio, perdíamos por una carrera, nos faltaba un “out”, teníamos las bases llenas y era mi turno al bate. El entrenador desesperado se puso a hablarme de mi potencial y logró convencerme, me sentí emocionado de que alguien creyera tanto en mí, me puse a batear con tanta fuerza que logré un jonrón y ganamos el juego.
Nunca pude olvidar ese juego. Fue tan emocionante para mí, que pese a ser niño, pude descubrir lo que se puede hacer cuando verdaderamente crees en ti.
Normalmente no habría creído que podía lograrlo, pero ver a un adulto tan convencido de mi capacidad, me permitió una hazaña que hasta a mí me sorprendió.
Aunque ese evento no me convirtió en un buen deportista, aumentó mi interés en el poder del pensamiento, interés que se ha mantenido hasta hoy. Ahora intento hacerle saber a muchas personas, que ellos también podrían dar ese jonrón, si logran creer en sí mismos.
Cuando estamos convencidos de que no podemos…sencillamente no podemos. Tu posibilidad de lucha, de buscar siempre una salida o seguir adelante, aunque el camino parezca difícil, requiere creer. Creer en tus decisiones, en tus capacidades y en que hay esperanzas.
Mente y cuerpo no están separados. Tus pensamientos y decisiones regulan tus emociones, las cuales tienden a modificar tus procesos fisiológicos. Así es como tus pensamientos pueden modificar el funcionamiento de tu organismo.
Algunos me han criticado, por considerar que decir que nuestra forma de pensar es capaz de contribuir al desarrollo de nuestras enfermedades, hace que un enfermo se sienta culpable por no estar sano. Sin embargo, llevar una dieta deficiente, hábitos tóxicos, descuidar recomendaciones médicas y mantener estilos de vida no saludables, afecta a la salud y también puede hacer sentir culpable a los enfermos si se les dice, pero ocultarlo tal vez impida que puedan ayudarse a sí mismos.
Voy a mencionar una investigación que arrojó datos muy valiosos, pero debo pedir excusas por citarla, porque hubo faltas éticas en contra de animales, sin embargo, sus aportes deben ser aprovechados.
Me refiero al experimento realizado por Curt Richter. Colocó ratas en recipientes cerrados llenos de agua y registró que las ratas morían ahogadas entre 10 y 15 minutos. Volvió a repetir el experimento, pero las rescataba minutos antes de que se rindieran, y tiempo después, cuando estaban bien recuperadas, volvía a colocarlas en el mismo recipiente con agua.
Resultados del experimento de Richter: las ratas rescatadas previamente sobrevivían nadando incluso por más de dos días. Este experimento sugeriría que la única diferencia con las primeras era la esperanza de sobrevivir.
Aplicado a los humanos, se ha planteado que: la esperanza podría incrementar nuestra resiliencia y resistencia al estrés.
La religión nos enseña que la fe es poderosa, y solemos pensar que fe es creer que Dios existe y que está en el cielo. Fe es mucho más que eso.
Podrías asegurar que crees en Dios y en cambio vivir con mucho miedo, pensar que no tienes esperanzas, que la vida no tiene sentido, creer que somos víctimas del destino, etc. Lo anterior no concuerda con una fe verdadera.
Por otro lado, creer que como Dios es inmensamente bueno, nos dará todo lo que necesitemos sin tener que esforzarnos, o que vendrá a rescatarnos para que seamos felices para siempre, podría hacernos muy pasivos, a no ser que comprendamos que nunca se nos dio permiso para ser mediocres o pasivos. En todo momento se espera que hagamos el mejor uso posible de nuestros talentos.
Recordemos que en todas las circunstancias de nuestras vidas hay dos lecturas posibles. Una pesimista, derrotista y negativa, y otra optimista, esperanzadora y positiva. Definitivamente la segunda te permite ser más feliz, pero también te permite hacer un mejor uso de tus facultades adaptativas permitiéndote superar mejor los retos existenciales.
Este es un llamado a detener los discursos fatalistas, pesimistas y negativos, el promocionar el supuesto gran poder de espíritus malignos o el anunciar destinos catastróficos, y en cambio disponernos a buscar las mejores opciones, incluso en los peores momentos. El mundo no necesita más expertos en problemas, sino más gestores de soluciones.
Nuestras quejas o lamentaciones rara vez aportan algo a nosotros o a los demás.
Si creyeras que sin importar lo que hagas, tu futuro será sombrío, no harías nada. Sencillamente te sentarías pasivamente a esperar tu muerte.
Puedes más de lo que crees. Haz que tu realidad se acerque un poco a tus sueños. Generalmente sospechas que no puedes, procura sospechar que puedes.
Referencias:
Bandura, A. (1997). Self-efficacy: The exercise of control. W. H. Freeman.
Benedetti, F. (2014). Placebo effects: Understanding the mechanisms in health and disease (2nd ed.). Oxford University Press.
Sapolsky, R. M. (2004). Why zebras don’t get ulcers (3rd ed.). Holt Paperbacks.
Compartir esta nota