Lo expresado por la ministra de la Mujer, Gloria Reyes, en los días próximos al 8 de marzo, de que es difícil ser hombre en nuestro país, según sus justificaciones, se distancia de la responsabilidad para la cual fue designada.

Quizás, sea el ministro de la Juventud el que debería tomar cartas en el asunto e investigar con carácter sociológico cuáles son las variables que inciden en los jóvenes (varones) en el abandono de la escolaridad, qué impide la especialización si culminan el bachillerato y por qué no acceden a puesto de trabajo bien remunerados. Esto podría ser considerado en las políticas públicas que favorezcan a la juventud.

Las mujeres dominicanas que logran acceder a las universidades, 66.1 %, están comprendidas por solteras, casadas con hijos y madres solteras, que hacen grandes esfuerzos y sacrifican su tiempo libre con el propósito de alcanzar la profesionalización, y buscar autonomía económica y personal. Muchas de estas tienen que romper corozos para lograrlo. Se mantienen firmes en sus propósitos a pesar de que en nuestro país no se ha alcanzado la igualdad salarial.

Por otro lado, tenemos que preguntarnos ¿qué acciones en conjunto llevan a cabo los ministerios de la Mujer y el Público para enfocarse en la reducción de los feminicidios, en los cambios de patrones de relación interpersonal entre hombres y mujeres, en el sistema de creencias que valida las conductas de dominicación y control sobre ellas? Tadavía estas interrogantes esperan respuesta. En los últimos 10 años se han superado las ochocientas mil denuncias por violencia intrafamiliar, según la Procuraduría General de la República.También son preocupantes las denuncias por violencia sexual y los embarazos en las menores de edad. ¿Por qué seguir de espaldas a una realidad que nos arropa?

No se ha logrado reducir el feminicidio en un 60%. Todo lo contrario, entre enero y febrero de 2026, en comparación con el año anterior, los feminicidios se triplicaron, según la Fundación Vida sin Violencia. Entre 2020 y 2024 se registraron 348 muertes de mujeres a manos de sus parejas o exparejas (ONE). En 2025 se reportaron 49 casos.

Hay que considerar que el gobierno ha creado los “Puntos de Vida” con la intención de facilitar que las mujeres denuncien y se les pueda asistir en los casos en que sus vidas corran peligro. Una medida válida, porque se trata de proteger a las víctimas. Sin embargo, son medidas terciarias. Son programas de atención, pero no vemos aproximaciones para cambiar la cultura que justifica la violencia y por ende la perpetúa.

En la actualidad contamos con la Ley 24-97, la Dirección Contra la Violencia de Género de la Procuraduría General de la República, un Ministerio de la Mujer que tiene dependencias en todo el país, un Poder Judicial que cuenta con una Comisión  para la Igualdad de Género, por lo que nuestra realidad podría ser distinta. Son estructuras dentro del tren gubernamental que suponen que hay una mayor concienciación y, que por lo tanto, los aportes interinstituciones favorecerían crear una justicia social más ética y comprometida a sancionar moralmente la violencia que se ejerce contra las mujeres y sus hijos (violencia vicaria).

Si partimos desde la promulgación de la ley, no hemos avanzado lo suficiente como para tener cifras menos dolorosas que afectan la vida de la mujer, la de sus hijos y a la red de apoyo. El paso es lento mientras las mujeres son violentadas, violadas y asesinadas.

La sociedad dominicana observa con distancia y no se involucra activamente, guarda silencio, no protesta ni asume una postura moral que cuestione el comportamiento violento de los hombres contra sus parejas. El rezago gubernamental hace que no se perfile un abordaje integral interinterinsticional e intersectorial coherente y consistente. Las acciones del gobierno son medidas temporales, reactivas, que no se sostienen en el tiempo, cuya función es calmar a la sociedad, lavar la cara gubernamental, aligerar la carga moral de que no han hecho lo suficiente para cambiar esta realidad abrumadora, en la que cada año son asesinadas más de 60 mujeres.

En nuestro país se han gestionado acciones importantes, pero no suficientes como para contar hoy con resultados distintos respecto a los feminicidios.Tampoco podemos decir que se han realizado investigaciones, no tan solo para caracterizar a los hombres agresores, sino para establecer perfiles de los potenciales feminicidas. Entonces, ¿dónde se debe poner el foco?

La Procuraduría General ha identificado las regiones donde se concentra el mayor número de denuncias y feminicidios, de manera que son zonas donde se debe implementar un plan de acción estratégico de prevención y atención, con miras a los perpetradores. Quizás, si en todo el país se contara con centros de intervención para hombres denunciados o que hayan cometido feminicidios, se podrían obtener informaciones que puedan evidenciar hacia dónde dirigir la intervención.

Otro dato importante es la publicación reciente del estudio realizado por el Centro Diagnóstico y Medicina Avanzada y de Conferencias Médicas (CEDIMAT), la Universidad Autónoma de Santo Domingo y la Fundaciòn Manantial de Vida, cuyos hallazgos evidencian que los feminicidas presentan alteraciones neurológicas y dificultades en el control de los impulsos y la regulación emocional. Estos resultados abren un nuevo escenario en la República Dominicana sobre el riesgo que corren las mujeres expuestas a parejas o exparejas que no pueden gestionar adecuadamente los impulsos ni las emociones. Además, se evidencian alteraciones en la conectividad de la amígdala cerebral.

El doctor Eduardo Calixto plantea que estas personas expuestas en la infancia a abandono, malos tratos, violencia y negligencia inducen a una errónea conexión de la amígdala cerebral, que favorece  a una forma inadecuada de la violencia, generando una persona proclive a la ira y una disminución  de la sensibilidad a la expresión de la tristeza,.

Quizás no se trate de crear una nueva masculinidad o una masculinidad positiva, sino superar el hecho de que se carece de perspectiva, conocimiento y sensibilidad.

Hoy en día, ser mujer en la República Dominicana conlleva riesgos.

Soraya Lara Caba

Psicóloga

Psicóloga Terapeuta Familiar PhD en Salud, Psicología y Psiquiatría. Centro de Asistencia Familiar Presidenta PACAM

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