¿Qué pensaría de que, a 181 años de la Independencia Nacional, en la que él invirtiera toda su pasión y sus mejores sueños patrióticos, gran parte de este pueblo no tiene lo que él quiso que tuviera?: Felicidad. ¿Qué haría con los políticos corruptos que medran del atraso que ellos mismos propician?: Fusilarlos. ¿Qué dispondría con aquellos seudo patriotas que elevan el pensamiento duartiano para adornar sus demagógicos discursos?: Patearlos. ¿Qué haría si tras llamar a este pueblo nuevamente a la revolución nadie le hace caso?: Compraría un pasaje de ida para irse al carajo y no volver jamás a su inimaginado fracaso.
Soy periodista con licenciatura, maestría y doctorado en unos 17 periódicos de México y Santo Domingo, buen sonero e hijo adoptivo de Toña la Negra. He sido delivery de panadería y farmacia, panadero, vendedor de friquitaquis en el Quisqueya, peón de Obras Públicas, torturador especializado en recitar a Buesa, fabricante clandestino de crema envejeciente y vendedor de libros que nadie compró. Amo a las mujeres de Goya y Cezanne. Cuento granitos de arena sin acelerarme con los espejismos y guardo las vías de un ferrocarril imaginario que siempre está por partir. Soy un soñador incurable.