“Hasta que el león aprenda a escribir, todas las historias alabarán al cazador”. Proverbio africano.

La migración es uno de los fenómenos que nos definen como país y como sociedad. Aunque generalmente prestamos más atención a quienes recibimos dentro de nuestras fronteras y particularmente a la inmigración haitiana, la República Dominicana es conocida a nivel internacional como uno de los países que más migrantes envía al exterior. Incluso cuando todavía éramos la colonia española de Santo Domingo, un migrante llamado Juan Rodríguez es reconocido como el primer habitante no indígena del área donde ahora se encuentra la ciudad de Nueva York. Rodríguez llegó en el 1613 en un barco holandés que había pasado por Santo Domingo y, a diferencia del resto de la tripulación, decidió quedarse.

El profesor dominicano basado en EEUU Anthony Stevens-Acevedo ve a Rodríguez como un “precursor de la multiculturalidad de la ciudad de Nueva York” y ciertamente de la presencia masiva de nuestras y nuestros compatriotas en la ciudad. Stevens-Acevedo lo describe como “un proto-dominicano típico de la época: un hombre negro, libre, muy acostumbrado a tomar iniciativa propia y fiero defensor de su libertad”. La presencia de Rodríguez también fue reconocida por las autoridades de la ciudad cuando el alcalde Bloomberg puso su nombre a un trecho de la calle Broadway en la comunidad dominicana de Washington Heights.

Múltiples estudios en la academia dominicana e internacional muestran que nuestra diáspora empezó a crecer en los años ’60 con las personas exiliadas del régimen trujillista. Pero se masificó en la década de los ’80 dando origen a los famosos enclaves dominicanos como el mismo Washington Heights. De acuerdo con los datos más recientes del Instituto de Dominicanos y Dominicanas en el Exterior ya nuestra diáspora cuenta con al menos 2.8 millones de personas en 95 países y 24 territorios. Y como todos los flujos migratorios, la comunidad dominicana en EEUU, en España y en otros lugares no solo crea riqueza sino también nuevas formas de entender nuestro país y el mundo.

Por eso, en mi columna de hoy les comparto el ejemplo de dos de las figuras esenciales para estudiar y comprender los aportes de nuestra diáspora, en este caso de la comunidad dominicana en Estados Unidos: la profesora Sarah Aponte y el profesor Silvio Torres-Saillant. Y lo hago a propósito del Premio Quisqueya-Ayiti a la Trayectoria en Estudios Dominicanos y Haitianos que les acabamos de entregar a ambos en la sección Haití-República Dominicana de la Asociación de Estudios Latinoamericanos la semana pasada en París.

Para que tengan un poco de contexto, con una membresía de más de 13 mil personas, la Asociación de Estudios Latinoamericanos (LASA por sus siglas en inglés) es la mayor asociación académica dedicada al estudio de América Latina en el mundo. Cuenta con decenas de grupos de trabajo llamados secciones para el estudio de temas, regiones o países específicos. La sección Haití-RD surgió en el 2002 cuando el profesor Emelio Betances, coordinador de la sección dominicana, y el profesor Henry Frank (Chip) Carey, coordinador de la sección haitiana, decidieron unir esfuerzos para evitar la desaparición de ambas secciones bajo las nuevas normativas de la asociación como me contó el mismo Chip hace unos días.

Desde entonces, la sección Haití-RD es un espacio en el que intentamos reproducir los lazos de colaboración y de amistad que establecieron intelectuales (en su mayoría de izquierda) de ambos países de la talla de Gerard Pierre-Charles, Suzy Castor, Franklin Franco, Frank Báez y Pablo Maríñez en el México de los años ‘70. En vez de ver la relación entre Haití y República Dominicana como una historia ya contada y condenada al fracaso, apoyamos el trabajo académico que nos puede ayudar a entender la situación de cada país y la relación entre ambos para contribuir a generar soluciones para los muchos problemas que nos afectan.

Igual que ese grupo visionario de intelectuales, nuestro objetivo es aportar en la creación de esas soluciones respetando la cultura, la independencia y la trayectoria de cada país y, a la vez, haciendo visible la otra historia que generalmente no conocemos de colaboraciones entre ambos. También enfatizamos la otra historia que representan los esfuerzos de los grupos más marginados de ambos países para construir una vida digna en medio de la precariedad y la discriminación. En los casi 25 años de la sección, ese ha sido el objetivo tanto de las co-coordinadoras actuales, Sharina Maíllo-Pozo y Esther Hernández Medina, como de las y los co-coordinadores anteriores: April Mayes y Kiran C. Jayaram, Elizabeth Manley y Karen Richman y Raj Chetty y Arturo Victoriano.

Mi querido lector, mi querida lectora, probablemente no haya oído hablar de Sarah Aponte o de Silvio Torres-Saillant así que permítanme contarles un poco de su obra y por qué nos emocionamos tanto quienes estuvimos en la premiación rindiéndoles homenaje. Empezando con la profesora Aponte, les cuento que ha hecho aportes pioneros para el desarrollo de lo que ahora conocemos como los estudios dominicanos en EEUU, particularmente en su rol como Bibliotecaria en Jefe del Instituto de Estudios Dominicanos y profesora en la Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY por sus siglas en inglés).

En 1994, la profesora Aponte fundó la Biblioteca Dominicana, uno de los espacios más importantes para los archivos y la investigación sobre la República Dominicana y sobre su diáspora. Al ser la primera bibliotecaria dominicana en EEUU dedicada exclusivamente a los estudios dominicanos, Aponte ha jugado un rol fundamental en el establecimiento y el desarrollo de este campo de estudios. Con la inteligencia, la generosidad y la sonrisa que la caracterizan, ha apoyado a generaciones de académicos, académicas y estudiantes en sus labores de investigación, ha expandido el acceso a fuentes esenciales en los archivos y facilitado talleres educativos para que más gente conozca y utilice las fuentes sobre la historia de la República Dominicana y su diáspora y sobre la de otros países en el Caribe.

Aponte también se ha dedicado a publicar fuentes primordiales como su libro Autores dominicanos de la diáspora: apuntes bio-bibliográficos (1902–2012) que recibió el premio José Toribio Medina del Seminario sobre la Adquisición de Materiales Bibliográficos Latinoamericanos en el 2014. De hecho, Aponte acaba de presentar un nuevo libro en el congreso anual de LASA y también compartió su experiencia al frente de la Biblioteca. Como dijera Jhensen Ortiz, su discípulo y colega, el ejemplo y la guía de Sarah le ayudó a convertirse en el profesional que es hoy y siempre le estará agradecido por la senda que inició y por el “legado duradero que ha construido en los estudios dominicanos” en EEUU.

Por su parte, el profesor Silvio Torres-Saillant ha dedicado su vida a establecer y promover los estudios dominicanos y sobre la comunidad latina en EEUU. Fundó y dirigió el Instituto de Estudios Dominicanos en CUNY, el primero de su tipo en el país y ha sido parte de la mayoría de las iniciativas y colectivos dirigidos a aumentar el conocimiento que tenemos sobre la comunidad dominicana y latina dentro y fuera de la academia. Por ejemplo, Torres Saillant ha estado en los equipos directivos de la Asociación de Estudios Dominicanos (DSA), la Asociación de Estudios Latinoamericanos (LASA), la Asociación de Estudios sobre Latinos y Latinas y la Asociación de Lenguas Modernas en EEUU y su obra es reconocida ampliamente en todas estas asociaciones como comprobamos nuevamente en la conferencia de LASA.

Torres-Saillant se ha ganado que le llamemos con cariño “el Profe” porque ha sido por décadas un mentor generoso, brillante y desinteresado de cientos de estudiantes y de gente que inicia sus pasos en la docencia y la investigación. Desde hace años es profesor del Departamento de Inglés y profesor de Humanidades de la Universidad de Syracuse donde también ha puesto su granito de arena en múltiples programas incluyendo su rol como co-fundador del Centro Cultural La Casita, un espacio fuera del campus donde la universidad colabora con la comunidad latina de la ciudad de Syracuse.

Torres-Saillant es también un autor prolífico con libros como The Once and Future Muse: The Poetry and Poetics of Rhina P. Espaillat (La musa del pasado y del futuro: La poesía y la poética de Rhina P. Espaillat) con Nancy Kang, Caribbean Poetics (La poética caribeña), An Intellectual History of the Caribbean (Una historia intelectual del Caribe), El tigueraje intelectual, The Dominican Americans (Las y los domínico-estadounidenses) con Ramona Hernández y El retorno de las yolas. Por todo esto y mucho más, Lorgia García Peña, hoy por hoy la figura académica dominicana más importante en Estados Unidos, nos pidió que compartiéramos en el homenaje que sin el Profe simplemente “no existirían los estudios dominicanos en Estados Unidos”.

Sin embargo, cuando les entregamos sus premios Sarah y el Profe hicieron nuevamente gala de su humildad y don de gentes. Sarah decidió no hablar por lo emocionada que estaba pero nos agradeció después en un correo hermosísimo que dan ganas de imprimir y enmarcar igual que el que nos había enviado el Profe cuando les informamos del premio. El Profe sí habló y lo hizo, como hace siempre, no destacando sus propios aportes sino los de Sarah y las otras personas con las que ha colaborado a través de los años. También nos puso a reír a todo el mundo con su humor característico al ver que tanto a Sharina como a mí se nos había quebrado la voz de la emoción al presentarles.

Y es que en cada gesto y en cada acción, Sarah Aponte y Silvio Torres-Saillant nos enseñan el verdadero significado de ser líderes que no es más que siempre cuidar a la comunidad y dar el ejemplo. Por eso el salón se deshizo en aplausos y en gritos de alegría por estos dos gigantes. Gracias otra vez por tanto.

Esther Hernández-Medina

Doctora en sociología

Es una académica, experta en políticas públicas, activista y artista feminista apasionada por buscar alternativas para garantizar el ejercicio de los derechos de las mujeres y de los grupos marginados de todo tipo en la construcción de políticas públicas y sociedades más inclusivas. Es Doctora en Sociología de la Universidad de Brown, egresada de la Maestría en Políticas Públicas de la Universidad de Harvard y egresada de la Licenciatura en Economía (Summa Cum Laude) y de la Maestría en Género y Desarrollo del INTEC universidad donde también fue seleccionada como parte del Programa de Estudiantes Sobresalientes (PIES). Su interés en poner las instituciones y políticas públicas al servicio de la ciudadanía, la llevó a colaborar en procesos innovadores como el Diálogo Nacional, la II Consulta del Poder Judicial y el Programa de Igualdad de Oportunidades para las Mujeres (PIOM) en la década de los ’90 y principios de la siguiente década. Años después la llevaría a los Estados Unidos a estudiar la participación ciudadana en políticas urbanas en la República Dominicana, México y Brasil y a continuar investigando la participación de las mujeres y otros grupos excluidos en la economía y la política dominicana y latinoamericana.

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