El VII Congreso de la Internacional Comunista (o Comintern), celebrado en Moscú en 1935, es el momento histórico en el que se definió y adoptó oficialmente la estrategia de los Frentes Populares para enfrentar el fascismo.
Hitler había ascendido al poder en Alemania en 1933; se consolidaban gobiernos autoritarios y avanzaban fuerzas reaccionarias en Europa.
En principio, gran parte de los partidos comunistas no hicieron el análisis de coyuntura adecuado; no hicieron el balance apropiado de la correlación de fuerzas entre los partidarios y garantes de las libertades y la democracia, por un lado, y, por el otro, de los sectores fascistas y ultraconservadores, negadores de libertades públicas y derechos democráticos.
Y en consecuencia, sus tácticas políticas convirtieron en blanco por igual a todas las fuerzas no comunistas y no obreras, y así facilitaron el auge del fascismo y la llegada de este al poder.
Habían pecado de ultraizquierdismo.
George Dimitrov, líder del Partido Comunista Búlgaro y de la Internacional Comunista, y otros dirigentes, apreciaron el error táctico en que se había estado incurriendo, y decidieron enderezar el rumbo.
Hay regresión democrática y a la vez pérdida de soberanía nacional. Aquí crece el conservadurismo, la negación de derechos, la xenofobia y el racismo.
El VII congreso de la Cominter fue el espacio en que tuvo lugar el análisis de coyuntura y la definición de la política de Frentes Populares, frente amplio de partidos comunistas, democráticos y de todos los sectores dispuestos a enfrentar el fascismo, incluyendo partidos socialdemócratas.
El análisis concreto de la situación concreta condujo a muchos dirigentes comunistas, con George Dimitrov a la cabeza, a formalizar alianzas amplias con todos los partidos que en el discurso y la práctica estuvieran dispuestos a enfrentar el peligro fascista.
La base de la unidad fue un programa democrático común.
El propósito inmediato fue detener y derrotar al fascismo, defender libertades y derechos democráticos.
Aquí se pone de relieve la importancia del análisis de coyuntura como método de trabajo para constatar situaciones y propósitos políticos nuevos y, sobre todo, deja la enseñanza de la flexibilidad de la táctica, de cómo esta puede variar según cambian las circunstancias.
Estas enseñanzas, que dejan generalizaciones teóricas que se convierten en categorías de análisis, deben estar a manos o a la vista, para hacer la lectura de la situación que se ha estado configurando en la República Dominicana en el contexto del Caribe y América Latina.
En nuestro país confluyen dos elementos políticos principales: 1. Crecimiento del conservadurismo en la política y en los valores, las ideas y la ideología, y la negación de derechos democráticos; 2. El regreso al Caribe y América Latina de la doctrina Monroe, acompañada de políticas neofacistas, en la pretensión del imperialismo yanqui de recomponer su hegemonía en esta parte del mundo; y la entrega a ese de la soberanía nacional por parte del gobierno del presidente Luis Abinader y el PRM, con la complacencia de los partidos y los líderes del régimen político dominante.
Hay regresión democrática y a la vez pérdida de soberanía nacional. Aquí crece el conservadurismo, la negación de derechos, la xenofobia y el racismo.
Todos estos hacen una realidad que debe preocupar a revolucionarios, patriotas y demócratas, y sobre todo, debe ocuparnos dar una respuesta política de masas.
Es un hecho singular, en el que la lucha por derechos democráticos y libertades públicas se cruza con la de la defensa de la soberanía nacional.
Esta es la cuestión que debe definir la línea táctica y el propósito político en este momento.
Recuperar, unir y movilizar las reservas democráticas y de las izquierdas es la tarea táctica más inmediata de los comunistas y revolucionarios en este momento histórico.
¿Dónde están esas reservas, y cuál sería el programa que las una y movilice en el mismo sentido y propósitos?
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