El arroz es el principal rubro de la cultura agrícola y de la seguridad alimentaria dominicana. Sin embargo, bajo el Tratado de Libre Comercio DR-CAFTA, el desmonte arancelario expone a este bien a la competencia directa y libre de aranceles con el arroz subsidiado proveniente de los Estados Unidos.

Aplicar el marco de bienes públicos versus bienes privados al caso de la República Dominicana es una tarea sumamente pertinente y urgente. En el contexto dominicano, esta cuestión no es una simple discusión académica entre economistas o diseñadores de la política agrícola; es una cuestión crucial debido a factores estructurales sobre la competitividad del sector comercial y a la alta vulnerabilidad climática del país.
Históricamente, la política agrícola dominicana ha estado fuertemente orientada hacia los estímulos de corto plazo y los bienes privados. Analicemos cómo se manifiesta este balance y por qué el rebalanceo es clave para el futuro del campo dominicano.

1. El balance actual en la República Dominicana

Si analizamos hacia dónde va dirigido el dinero del presupuesto del sector agropecuario, la inclinación hacia el beneficio directo e inmediato es evidente:

• El peso de los bienes privados (subsidios y amortiguadores): el Gobierno dominicano recurre con frecuencia a subsidios directos masivos para contener crisis. Un ejemplo claro es el subsidio a los fertilizantes (donde el Ministerio de Agricultura ha llegado a destinar más de RD$ 1,000 millones en periodos críticos para mitigar las alzas internacionales) o los subsidios directos a la comercialización de rubros sensibles como el arroz, las habichuelas y la cebolla.

• El rezago en los bienes públicos estructurales: aunque en el país existen esfuerzos e instituciones clave como el IDIAF (Instituto Dominicano de Investigaciones Agropecuarias y Forestales) para la investigación o el INDRHI (Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos) para el manejo del agua, estas entidades suelen operar con presupuestos muy limitados si se comparan con los fondos destinados a las ayudas directas de emergencia. El mantenimiento de los caminos vecinales y la tecnificación avanzada de los sistemas de riego siguen siendo tareas pendientes en muchas provincias.

2. ¿Por qué es urgente el rebalanceo en RD?

Hay dos grandes catalizadores que hacen que el modelo de “subsidiar el insumo” se esté agotando en el país:

a) La desgravación arancelaria de los bienes establecida en el DR-CAFTA (el caso del arroz)

La cruda realidad es que ningún subsidio privado al fertilizante, la semilla o el soporte de precios va a compensar la diferencia de costos si el productor dominicano no cuenta con un sistema eficiente de provisión de bienes públicos: como nivelación de suelos por satélite, sistemas de riego eficaces por gravedad, laboratorios de sanidad de primer nivel y una logística de transporte rural impecable. Para competir, se necesitan carreteras y ciencia, no solo parches económicos.

b) La vulnerabilidad climática extrema

La República Dominicana está en la ruta directa de los huracanes y sufre periodos de sequía severa seguidos de inundaciones (como los efectos recurrentes de vaguadas y tormentas).

• Seguir gastando millones en “rescatar” financieramente a los productores después de cada desastre (bien privado) es insostenible en el mediano y en el largo plazo.
• El rebalanceo amerita invertir esos recursos, que, dicho sea de paso, son escasos, de antemano en bienes públicos adaptativos: como sistemas de alerta temprana meteorológica, reforestación de cuencas altas y desarrollo de variedades de cultivos locales resistentes a la sequía o al exceso de agua.

¿Cómo se vería un rebalanceo exitoso en el país?

Lograr este cambio en la República Dominicana requiere voluntad política para superar el beneficio electoral a corto plazo. Un plan de rebalanceo estratégico incluiría:

  1. De subsidiar fertilizantes a subsidiar la salud del suelo: en lugar de regalar el químico que degrada la tierra a largo plazo, canalizar esos fondos públicos para, por ejemplo, capacitar a los agricultores en agricultura regenerativa y análisis de suelo gratuitos.
  2. Revolución del agua y riego: menos del 20 % de las tierras agrícolas en RD cuentan con sistemas de riego tecnificado (goteo o aspersión). El agua se desperdicia por canales abiertos ineficientes. Invertir masivamente en la infraestructura de los canales del INDRHI es el bien público por excelencia para ahorrar agua y enfrentar el cambio climático.
  3. Implementar un enfoque territorial de la ruralidad: vincular la agricultura con el desarrollo de infraestructura vial y conectividad digital. Un productor del Sur o del Cibao con acceso a internet y a las redes sociales, y con una buena carretera o camino interparcelario rural, puede negociar directamente sus precios en el mercado de Santo Domingo, eliminando la dependencia de intermediarios y de subsidios estatales de comercialización.

El reto de la República Dominicana en materia agrícola no es producir más alimentos, sino producirlos de manera más eficiente, con mayor calidad, más sanos, más inocuos y sostenibles, para que los agricultores puedan sobrevivir en un mercado cada vez más exigente y competitivo y bajo un clima cambiante.

La recomendación no es necesariamente “gastar más recursos”, sino mejorar la calidad del gasto. Redireccionar paulatinamente los recursos invertidos en subsidios distorsionantes (como la entrega de insumos químicos o el soporte artificial de precios) hacia inversiones duraderas y no excluyentes, como el fortalecimiento de la sanidad agropecuaria (sanidad vegetal y animal), la tecnificación de sistemas de riego eficientes por goteo y la transferencia tecnológica al pequeño agricultor, lo que permitiría incrementar la productividad y el rendimiento y, por lo tanto, la competitividad, además de blindar estructuralmente la seguridad alimentaria del país e incrementar los ingresos de la población rural.

Nelson E. Ramírez Bautista

Economista agrícola

Nelson E. Ramírez Bautista MSc. Economista agrícola. Asesor de la Confederación de Productores Agropecuarios (CONFENAGRO).

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