La República Dominicana lleva años desarrollando, de manera progresiva, una estrategia orientada a proyectar una imagen-país que trasciende el turismo, el beisbol y la exportación de bienes y servicios. Es la construcción de una marca cultural dominicana que incluye producciones audiovisuales, formatos internacionales de entretenimiento y a eso se suman plataformas extranjeras que han encontrado en la nación un escenario de seguridad jurídica para desarrollar contenido.

A ese aspecto, se suman millonarias producciones y franquicias de gran alcance vinculado a esas importantes plataformas de entrenamiento y el hecho de figuras cinematográficas y productores internacionales se interesen por las locaciones, demuestra que el país ha logrado superar obstáculos. Y proyectar confianza.

En materia de identidad, y representación de la dominicanidad. La Parada Dominicana en Nueva York, constituye otro ejemplo significativo y su origen sé remonta a una actividad local celebrada por la diáspora desde el 1982, que celebra la herencia y la cultura de una de las fuerzas laborales más pujantes de la ciudad de los rascacielos.

Con el paso de los años, la parada se ha convertido en un medio de visibilidad política, cultural y comercial. Allí confluyen funcionarios electos, líderes comunitarios, empresarios  y figuras del entretenimiento. Sin dudas, es un espacio de proyección de la dominicanidad más allá de nuestras fronteras. Y es precisamente lo que debemos preguntarnos.

¿Si el incidente protagonizado entre Santiago Matías “A lo Foke” y el comunicador Alfredo de la Cruz es la imagen que deseamos proyectar? Si bien es cierto, que los contenidos compartidos en las redes sociales, han transformado profundamente la manera en que nuestra nación realiza profundos esfuerzos para construir esa imagen internacional que nos abre las puertas.

Pero plataformas digitales como A Lo Foke, bajo el liderazgo mediático de Santiago Matías, han alcanzado una enorme audiencia con proyecciones que no nos representan. Por el contrario, convierten el circo en espacios de difusión de la mediocridad. Y que viralizan la violencia, la mediocridad. Frente a millones de personas.

Nos guste o no, Santiago Matías ha conseguido construir un producto de gran alcance, a partir de una fórmula basada en la comunicación popular, lo controversial y lo inmediato. Sus empresas han incorporado a comunicadores y figuras públicas que contribuyen a mantenerla vigente, dentro del ecosistema digital dominicano.

El problema no es cuestionar la existencia de su contenido, el problema surge cuando lo popular se difunde como icono de legitimidad cultural. Penosamente, sin responsabilidad social y que evidentemente se ha perdido en nuestro país. Es penoso que el lamentable incidente entre Santiago Matías y Alfredo de la Cruz ocurrido durante la Parada dominicana en Nueva York.

No solo se viralice, sino que se interprete a nivel internacional como el “característico” comportamiento del dominicano, cuando es todo lo contrario, y es lo que la actual administración gubernamental y las que vendrán deben comprender. Porque la comunicación asertiva, la confrontación de ideas y hasta los desacuerdos son elementos fundamentales para la construcción de una cultura comunicacional democratica.

Y que fue defendida por los medios de comunicación tradicionales durante décadas para el enriquecimiento del pensamiento colectivo. Sin embargo, cuando el debate se convierte en espectáculo de mal gusto, el arte de comunicar se interpreta como herramienta de confrontación personal.

Y si la República Dominicana aspira a proyectarse a nivel internacional por comportamientos de esa naturaleza, el país dejará de reconocerse por por su virtudes. Por el contrario, los aislado acontecimiento que envuelven la pérdida de vidas de turistas, los contenidos basura de las principales plataformas, el narcotráfico, los secuestros y otras ramas del crimen organizado.

Será lo que definirá el establecimiento de una marca-cultural. Sin temor a dudas, miren el ejemplo de Colombia y Mexico para que aprendamos un poco. En momentos donde lo que decimos y hacemos se convierte en vitrina de nuestra propia maldita identidad.

Miosotis Ledesma de Jesús

Abogada y comunicadora

Miosotis Ledesma es abogada, comunicadora y trabaja en relaciones publicas,

Ver más