La política exterior de la República Dominicana se encuentra en un momento decisivo. La transformación del sistema internacional, la intensificación de la competencia geopolítica y la emergencia de nuevas dinámicas económicas obligan a replantear no solo la forma en que el país se relaciona con el mundo, sino el lugar que aspira a ocupar en él.

La política exterior no puede seguir siendo concebida como un ejercicio protocolar o reactivo. Es, en esencia, un instrumento de poder, un mecanismo de desarrollo y una expresión de la dignidad nacional. En ella se proyecta la identidad del Estado, su capacidad de decisión y su visión estratégica.

La República Dominicana posee condiciones objetivas para construir una política exterior sólida: estabilidad institucional relativa, crecimiento económico sostenido, ubicación geográfica estratégica y una diáspora influyente. Sin embargo, estos activos requieren ser articulados dentro de una estrategia coherente que transforme potencial en poder efectivo.

El primer eje de una política exterior moderna debe ser el poder. No entendido exclusivamente en términos militares, sino como la capacidad de influir en el entorno internacional, negociar en condiciones favorables y defender intereses nacionales con eficacia. La diplomacia es el instrumento que convierte los recursos del Estado en influencia real.

El segundo eje es el desarrollo. La acción internacional debe estar directamente vinculada al crecimiento económico, la atracción de inversiones, la innovación y la mejora de la calidad de vida de la población. Cada decisión en política exterior debe evaluarse en función de su impacto en el bienestar nacional.

El tercer eje es la dignidad nacional. En un sistema internacional caracterizado por profundas asimetrías, la defensa de la soberanía y la autonomía es esencial. La República Dominicana debe proyectarse como un Estado que coopera, pero que también define y defiende sus posiciones con claridad y firmeza.

Estos tres ejes —poder, desarrollo y dignidad— no son excluyentes, sino complementarios. Una política exterior eficaz es aquella que logra integrarlos en una visión estratégica coherente, capaz de adaptarse a los cambios del sistema internacional sin perder su orientación fundamental.

El fortalecimiento institucional es una condición indispensable. La Cancillería debe evolucionar hacia un órgano de alta dirección estratégica, con capacidad de planificación, análisis geopolítico y ejecución eficiente. La profesionalización del servicio exterior es un requisito ineludible.

Asimismo, la política exterior debe construirse sobre la base de un consenso nacional básico. La definición del interés nacional no puede depender de coyunturas políticas. Requiere una visión de Estado que garantice continuidad, coherencia y credibilidad internacional.

En el escenario global actual, la República Dominicana tiene la oportunidad de reposicionarse. La multipolaridad en formación, la reconfiguración de alianzas y la apertura de nuevos espacios de cooperación permiten a Estados de tamaño medio desarrollar estrategias más autónomas y efectivas.

En definitiva, la política exterior dominicana debe dejar de ser un reflejo de circunstancias y convertirse en un instrumento de transformación nacional. No se trata solo de estar en el mundo, sino de actuar en él con propósito, inteligencia y firmeza. Esa es la base de una política exterior orientada al poder, al desarrollo y a la dignidad nacional.

José Manuel Jerez

Jurista – Politólogo

El autor es abogado, con dos Maestrías Summa Cum Laude, respectivamente, en Derecho Constitucional y Procesal Constitucional; Derecho Administrativo y Procesal Administrativo. Docente a nivel de posgrado en ambas especialidades. Licenciado en Lenguas Modernas. Postgrado en Diplomacia y Relaciones Internacionales. Maestrando en Ciencias Políticas y Políticas Públicas. Diplomado en Ciencia Política y Derecho Internacional, por la Universidad Complutense de Madrid, UCM.

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