Hay poetas que escriben como quien abre una ventana en medio del ruido; voces que devuelven claridad en un tiempo donde la palabra parece desgastarse. Raquel Lanseros pertenece a ese grupo. Su poesía no es una pose ni un artificio: es una forma de mirar la vida con una mezcla de asombro, verdad y ternura. Uno siente, al leerla, que cada verso está escrito desde una intuición antigua, desde una lucidez que no renuncia a la emoción.

Lanseros ha construido, libro por libro, una obra que conversa con la memoria, pero también con el presente más íntimo. Croniria, quizá su título más emblemático, es un viaje por los territorios que habitan la nostalgia y el destino. No es una poesía que dramatiza; es una voz que intenta entender por qué recordamos lo que recordamos, por qué ciertos instantes regresan como si tuvieran un propósito. En esas páginas la memoria adquiere un tono casi ceremonial, como si cada fragmento del pasado reclamara su lugar en la vida de quien escribe.

En Las pequeñas espinas son pequeñas, la poeta se detiene en esas heridas mínimas que muchas veces condicionan el rumbo de los afectos. El libro tiene una transparencia emocional que conmueve sin intención de hacerlo. Lanseros escribe desde la aceptación y desde la sorpresa: pequeñas perdidas, pequeñas certezas, pequeños hallazgos que nos acompañan más tiempo del que imaginamos.

Diario de un destello es otra faceta de su sensibilidad: aquí la autora se acerca al acto de comprender, de iluminar lo cotidiano con una mirada que no se cansa de descubrir. Hay poemas que parecen apuntes de un instante que sea abre, como si la vida necesitara pausas para revelar su verdadera textura. La poeta observa, pero no desde la distancia; observa como quien se deja atravesar por lo que ve.

Y en A las órdenes del viento, la escritura se vuelve movimiento. El viento aparece como símbolo del cambio, pero también de la disposición interior a dejarse transformar. No es un libro que teoriza: es un libro que respira. Que invita a caminar más despacio, a aceptar que todo se desplaza, que nadie permanece igual después de mirar con atención.

La fuerza de Raquel Lanseros no proviene de la estridencia, sino de la claridad. Su poesía se rebela contra la dureza del tiempo y contra la indiferencia, no con gritos, sino con una especie de fidelidad a lo esencial. Es una obra profundamente humana, que confía en la belleza sin sentimentalismos y que se sostiene en una mirada ética: la palabra, para ella, sigue siendo un lugar donde cobijarse, un modo de comprender y acompañar al otro.

Quizá por eso su lectura resulta tan oportuna. En una época dominada por la velocidad Lanseros afirma lo que todavía es posible, escribir desde la calma, desde la presencia, desde esa corriente intima donde uno reconoce lo que verdaderamente importa. Sus poemas invitan a volver al origen: a la emoción, a la memoria, al asombro que aún nos sobrevive debajo de las rutinas.

Su poesía no se agota en la página. Nos deja, más bien, varias preguntas: ¿Qué hacemos con luz que hemos encontrado? ¿Cómo la cuidamos mientras avanzamos en medio de tantas sombras? En su obra, la palabra no juzga ni encubre. Acompaña. Y quizás eso sea, hoy más que nunca, un acto de insurrección.

Lizamavel Collado

Política

Lizamavel Collado es periodista, gestora empresarial, especialista en programación macroeconómica, ingeniería financiera, derivados, presupuesto y gestión pública. Presidenta del partido Poder Ciudadano.

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