Durante muchos años hemos medido el éxito del turismo dominicano fundamentalmente a través de indicadores cuantitativos: número de visitantes, habitaciones hoteleras, inversión, ocupación, divisas generadas y empleos creados. Todos estos datos son fundamentales y necesarios. Sin embargo, a medida que nuestro modelo turístico madura, debemos comenzar a cuestionarnos: ¿cuánto del éxito de un proyecto turístico se traduce realmente en bienestar para la comunidad que lo acoge?

Recientemente, el proyecto turístico Punta Bergantín y el Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC) presentaron los resultados del Estudio del impacto económico de las operaciones del proyecto Punta Bergantín en el municipio de Villa Montellano, Puerto Plata. Es un ejercicio interesante que deberían realizar todos los nuevos proyectos turísticos al establecerse en el país. Esto apoyaría la importancia que deberían prestar los inversionistas y el gobierno al impacto social y económico que generarán en la comunidad que los acoge.

Los directivos del proyecto expresaron que el objetivo principal de llevar a cabo este estudio fue escuchar a los habitantes de la comunidad e identificar tanto las oportunidades como los desafíos que acompañarán la transformación del territorio. Para esto, los investigadores del INTEC entrevistaron a 322 familias, 92 negocios y 15 líderes comunitarios, complementando la investigación con fuentes oficiales de la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE), Sistema Único de Beneficiarios (SIUBEN), Banco Central, los ministerios de Turismo (MITUR) y Hacienda, entre otros.

Villa Montellano es una comunidad profundamente arraigada a su territorio. El 60.56 % de los entrevistados siempre ha vivido allí y el 87.58 % no piensa mudarse. Esa permanencia constituye un extraordinario capital social, pero convive con vulnerabilidades importantes. Casi siete de cada diez hogares se encuentran en condiciones socioeconómicas bajas o marginales, mientras el 57.96 % de quienes trabajan lo hacen en la informalidad y el 35.71 % de los hogares experimentó desempleo durante el último año.

Las dimensiones económicas proyectadas son considerables. Durante la fase de construcción, entre 2025 y 2030, el estudio estima  que el proyecto producirá entre 7,000 y 11,000 empleos directos anuales; mientras que en operación plena las estimaciones alcanzan entre 9,000 y 14,000  directos, y entre 25,000 y 38,000 empleos totales (directos, indirectos e inducidos).

No obstante, hay un dato que me llama considerablemente la atención. Hoy, apenas 1,347 residentes tendrían condiciones de empleabilidad alta para incorporarse inmediatamente a determinados puestos especializados. Con capacitación moderada, esa cifra podría aumentar a 2,153 personas en seis meses; con una formación más amplia, alcanzar 3,709 en 18 meses y, mediante una transformación educativa, llegar hasta 8,187 personas en 36 meses.

Y es que crear empleos no garantiza automáticamente que los mismos sean ocupados por la comunidad circundante. Para conseguirlo es necesario preparar previamente a la población.

La brecha del idioma constituye un ejemplo evidente. El estudio señala el inglés como una de las principales limitaciones para incorporarse a una economía turística de mayor nivel. De igual manera, casi la mitad de la población analizada no había completado la secundaria y apenas el 11.7 % había accedido a educación superior.

Por eso considero especialmente acertado que Punta Bergantín haya planteado como parte de su responsabilidad social priorizar la contratación de residentes locales, desarrollar programas de idiomas y capacitación técnica y turística, apoyar a comercios, restaurantes y artesanos para integrarlos como proveedores, contribuir al mejoramiento de algunos servicios comunitarios, establecer canales permanentes de comunicación y preservar la identidad cultural de Villa Montellano.

Otro aspecto que merece especial atención es el impacto proyectado sobre el tejido empresarial de Villa Montellano. Actualmente, se trata de una economía fundamentalmente pequeña: el 54.3 % de los negocios tiene un solo empleado y el 92.3 % emplea menos de seis personas. Además, para una proporción importante de las familias, estos pequeños negocios representan su principal sustento.

El estudio proyecta un crecimiento de entre 25 % y 30 % en las ventas del comercio y los servicios locales; un aumento de entre 14 % y 17 % en los ingresos de los hogares y, aproximadamente, US$45 millones anuales de consumo dentro del municipio. Resulta igualmente significativo que el 71.7 % de los empresarios consultados quiera convertirse en proveedor del proyecto.

El impacto social del turismo no debe reducirse a convertir residentes en empleados de hoteles. Lo ideal sería convertirlos también en empresarios, suplidores, emprendedores y participantes activos de la cadena de valor turística.

Agricultores, pescadores, transportistas, artesanos, restaurantes, comercios, servicios técnicos y profesionales pueden beneficiarse de la demanda generada por un proyecto de esta magnitud. La propia investigación identifica posibilidades de dinamización del comercio, los servicios personales, el transporte, la logística, el sector inmobiliario y los encadenamientos con proveedores agrícolas, pesqueros y manufactureros.

De materializarse estas proyecciones, Punta Bergantín no estaría solamente desarrollando un nuevo polo turístico, estaría contribuyendo a reconfigurar la estructura económica de Villa Montellano.

Al preguntar qué espera Villa Montellano de Punta Bergantín, el empleo aparece abrumadoramente en primer lugar: 90 % de las familias entrevistadas espera más empleos. Y el optimismo es significativo: 77.3 % visualiza el futuro de la comunidad como mejor o mucho mejor con el desarrollo proyectado.

Ese optimismo representa una oportunidad, pero también una enorme responsabilidad. Las expectativas sociales, cuando no son adecuadamente gestionadas, pueden convertirse posteriormente en frustraciones. Por eso la comunicación, la transparencia y la participación comunitaria no deberían considerarse elementos complementarios del proyecto, sino componentes esenciales de su sostenibilidad.

Punta Bergantín tiene potencial para convertirse en uno de los grandes catalizadores de una nueva etapa económica para Puerto Plata y, por extensión, para buena parte de la región norte. El estudio estima que durante la próxima década el proyecto podría generar más de US$200 millones anuales en valor agregado total.

A esto debemos añadir que la futura Autopista del Ámbar, presentada oficialmente por el gobierno en julio pasado, contempla reducir a aproximadamente 23 minutos la conexión entre Santiago y Puerto Plata. El gobierno ha señalado expresamente que esa infraestructura facilitará el desarrollo de Punta Bergantín y otros destinos de la Costa Atlántica, al tiempo que fortalecerá sectores agropecuarios, manufactureros, logísticos, inmobiliarios, educativos y de salud del Cibao.

Esto puede cambiar sustancialmente la relación económica entre ambas ciudades. Santiago posee una importante plataforma empresarial, comercial, industrial, universitaria, hospitalaria y de servicios profesionales. Una Costa Norte fortalecida turísticamente necesitará alimentos, manufacturas, construcción, tecnología, transporte, logística, profesionales, formación, servicios médicos y una extensa red de suplidores. Parte importante de esa demanda podrá encontrar respuesta en Santiago y en las demás provincias del Cibao.

De concretarse simultáneamente Punta Bergantín y la nueva conectividad vial, podríamos comenzar a visualizar algo mucho mayor: un corredor económico Santiago–Puerto Plata–Costa Norte, en el cual turismo, industria, agropecuaria, comercio y servicios dejen de funcionar como economías separadas y comiencen a complementarse.

Punta Bergantín representa una magnífica oportunidad para demostrar que nuestro país puede evolucionar hacia un modelo turístico donde la inversión privada, el crecimiento económico y el desarrollo comunitario caminen en una misma dirección.

Por eso considero tan importante que se haya comenzado por estudiar a Villa Montellano, identificar sus fortalezas y vulnerabilidades y, sobre todo, escuchar a sus habitantes.

Ahora el reto será convertir las proyecciones en resultados. Porque el verdadero impacto social del turismo no es lo que promete un proyecto cuando comienza, sino lo que permanece en la comunidad cuando el proyecto ya está consolidado.

Magaly Toribio

Mercadóloga y Hotelera

Magaly Toribio, Hotelera y mercadóloga por convicción, politóloga para intentar entender el mundo, amante de las palabras y la buena lectura. Ex- viceministra de turismo, reconocida en múltiples ocasiones por los principales gremios del sector turístico nacional e internacional. Experta en marketing turístico y gestión sostenible de destinos turísticos. Investigadora, académica y consultora privada de empresas, universidades y destinos turísticos. Presidente de la empresa TARGET Consultores de Mercadeo y creadora de la primera empresa del país suplidora de soluciones de movilidad para turistas con discapacidad, Scooters DR.

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