Además del turismo de cruceros, Puerto Plata está construyendo una de sus principales fortalezas turísticas en base a habitaciones de propiedades activas en plataformas de renta corta, iniciativas diferentes a los hoteles tradicionales. En 2025, la provincia registró un promedio de 26,325 de esas habitaciones, frente a 22,659 en toda La Altagracia, zona donde se encuentran Punta Cana, Bávaro y Cap Cana.
La diferencia es de 3,666 habitaciones a favor de Puerto Plata, según los informes del Sistema de Inteligencia Turística del Ministerio de Turismo (SITUR-MITUR), elaborados con datos de AirDNA, a partir de Airbnb y Vrbo. Utilizamos esos datos porque a nivel oficial todavía no existe un registro a nivel oficial.
El contraste resulta revelador cuando se compara con la hotelería convencional. La Altagracia dispone de 54,962 habitaciones hoteleras (distribuidas en 124 establecimientos) frente a 9,438, en 66 establecimientos en Puerto Plata. Son dos estructuras turísticas distintas: una dominada por grandes complejos hoteleros y otra que ha desarrollado una oferta considerable de apartamentos, villas y propiedades destinadas al alquiler temporal.
Una inversión que mueve la economía
Detrás de estas cifras hay promotores inmobiliarios, inversionistas y propietarios que han apostado por el potencial turístico de Puerto Plata. Según la experiencia comercial de la Alianza de Promotores Turísticos del Norte (PRO-NORTE), entre los principales compradores figuran residentes de Santiago y del Cibao Central, miembros de la diáspora dominicana en Estados Unidos y ciudadanos estadounidenses y canadienses.
Pero la importancia de la renta corta no se limita a sumar habitaciones; también radica en la forma en que puede distribuir el gasto de los visitantes.
En los hoteles todo incluido, el precio de las vacaciones suele cubrir alojamiento, comidas, bebidas y entretenimiento dentro del complejo. Aunque estos establecimientos generan empleos y compran bienes y servicios a proveedores, buena parte del consumo cotidiano del huésped puede permanecer dentro de sus instalaciones.
En cambio, quienes se alojan en apartamentos y villas de renta corta tienen mayor libertad para decidir dónde desayunar, almorzar, cenar, comprar alimentos y bebidas, contratar excursiones o disfrutar de actividades recreativas.
Cuando el visitante consume fuera del alojamiento el dinero circula entre establecimientos que compran a otros proveedores, pagan salarios y contratan servicios, multiplicando sus efectos en la economía local.
Esto no significa que la renta corta produzca siempre un mayor gasto por turista ni que la hotelería tradicional concentre sus beneficios dentro de sus instalaciones, sino que el alojamiento independiente puede facilitar una distribución más amplia del consumo, siempre que existan negocios locales competitivos y visitantes dispuestos a utilizarlos.
La autopista del Ámbar puede ampliar el mercado
Puerto Plata ha alcanzado esta posición sin contar todavía con la autopista del Ámbar, una conexión reclamada por organizaciones empresariales y turísticas desde hace más de una década, para conectar directamente a Santiago y Puerto Plata y así aprovechar mejor los aeropuertos internacionales de ambas provincias.
La futura vía, además de mejorar el acceso, permitiría ampliar el mercado de visitantes y favorecería tanto la demanda de apartamentos y villas como el desarrollo de proyectos y la llegada de nuevas inversiones hoteleras.
Sin embargo, la conectividad por sí sola no garantiza resultados ya que es necesario acompañarla de promoción turística, vuelos suficientes, servicios de calidad, seguridad, transporte y una oferta de experiencias que invite a los visitantes a recorrer las comunidades y consumir sus productos.
Dos modelos que pueden crecer juntos
Para los inversionistas de la inmobiliaria turística, la hotelería tradicional y la renta corta deben entenderse como modalidades complementarias para atraer visitantes, generar empleos y ampliar las oportunidades económicas de la provincia.
El reto consiste en convertir la capacidad de alojamiento en más estadías, mayor consumo local y beneficios mejor distribuidos entre los residentes.
Puerto Plata ya ha demostrado su capacidad para atraer inversión y diversificar su oferta turística. Con la autopista del Ámbar, con nuevos proyectos hoteleros y con una estrategia que vincule al visitante con los negocios de la zona, la provincia tiene la oportunidad de dar un paso adicional: crecer como destino y conseguir que una mayor parte de la actividad turística se traduzca en prosperidad para su gente.
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