Quienes conocemos al congresista Adriano Espaillat, sabemos que él es un guerrero político que se ha forjado un ejército de seguidores prestos a batallar hasta el último momento para lograr sus objetivos electorales. Por eso, quienes lo conocemos, también sabemos que no es cierto que haber perdido unas primarias implique para él su muerte política y, mucho menos, su desahucio como líder dentro de la comunidad dominicana en los EE. UU. ¡Ese no es el mayor desafío de Adriano en estos momentos!

El mayor desafío de Adriano Espaillat en esta coyuntura política, que lo pone de frente a opciones sumamente delicadas y definitorias del futuro comunitario, es emplear inteligentemente toda su capacidad de liderazgo para asegurarse que el voto demócrata no sea dividido y que su influencia no sirva para permitir que los republicanos ganen el escaño político que él ocupa actualmente.

Por tal razón, Adriano no debe ponerle atención a quienes le puedan estar soplando al oído que sus cualidades de guerrero político tiene que ponerlas al servicio de obstaculizar la elección de Darializa en las elecciones generales de noviembre de 2026. Caer en esa tentación sería dejarse atrapar por la brutalidad política que nos llevó a tener los republicanos Rudolph (Rudy) Giuliani como alcalde de la ciudad de New York y George Pataki como gobernador del estado de New York. En aquellos momentos, la brutalidad política dentro del Partido Demócrata creó las condiciones para que ambos políticos republicanos desarticularan muchas de las conquistas logradas con extremo sacrificio y álgidas luchas políticas comunitarias. Tanto Giuliani como Pataki se encargaron de desmantelar los derechos de los inquilinos, incentivaron y financiaron el desplazamiento de nuestras comunidades y crearon un ambiente de brutalidad policial que todavía hoy estamos luchando por superarlo.

Como vemos, lo que está en juego en noviembre de 2026 es mucho más grande y definitorio que los egos políticos de Darializa Avila Chevalier y Adriano Espaillat. Por eso, terminadas las elecciones primarias a lo interno del Partido Demócrata, ahora la tarea colectiva es asegurarnos de que Darializa sea electa representante del Distrito 13, pues la mayoría del electorado decidió democráticamente que ella debía ser la candidata para esa posición política.

Para el guerrero político que es Adriano, sé que le queda muy claro que ese escaño político requiere elección cada dos años. Así que, lo que aplica para Adriano hoy, en dos años aplicará para Darializa: Si la mayoría del electorado decide que otra persona es la candidata para dicho escaño, su deber es apoyarla sin tapujos ni tretas malsanas que permitan el triunfo de una persona republicana.

Cuando, en los 90, Adriano fue candidato para concejal y perdió, no se acabó el mundo ni sus posibilidades políticas tampoco. Igual sucedió cuando corrió contra Brian Murtaugh para el escaño de Asambleísta Estatal; y, cuando logró su triunfo contra Murtaugh, celebramos junto a él su derecho a ocupar tal posición. Las veces que Adriano fue candidato contra Charles Rangel y perdió, tampoco se hundió el universo ni su capacidad para persistir y luego triunfar en el empeño por desplazar a Rangel para ser él quien nos representara en el escaño que actualmente ocupa.

Así que este es un momento de sabiduría política y de análisis crítico introspectivo que permita garantizar el ascenso de Darializa Avila Chevalier al escaño de congresista por el Distrito 13. A la misma vez debemos lograr sacar las lecciones pertinentes para que Adriano corrija lo que considero son errores garrafales cometidos durante la campaña y a lo largo de su desempeño como congresista. Las lecciones para Adriano son múltiples y deben servirle de ejemplo a todo el liderazgo político dominicano en EE. UU.:

  1. No es cierto que Darializa forma parte de “una agenda en contra de los intereses de la comunidad dominicana” y mucho menos que ella no es tan dominicana como quienes hemos botado el forro organizando y defendiendo nuestros intereses comunitarios. Es pura falacia querer inculcarnos que ella representa “un peligro” para el futuro político de nuestra comunidad. Su ascenso político tiene una historia tan rica y válida como la de cualquier otra persona integrante del liderazgo nuestro. Las diferencias generacionales no pueden convertirse en “defectos políticos” que descalifican a líderes jóvenes.
  2. Haber orquestado la vulgar y desastrosa campaña negativa con Darializa hundió la candidatura de Adriano y puso en evidencia que su equipo de campaña no logró entender la realidad del momento histórico que estamos viviendo y mucho menos los cambios poblacionales ocurridos en el Distrito 13.
  3. Cada intento por satanizar la creencia religiosa de Darializa se convirtió en una confirmación de que Adriano se dejó sumergir en una campaña electoral sustentada en el oprobioso cliché étnico y no en el récord de su gestión como congresista y líder político de larga data. ¡Cuando intentaron acudir a esto último, ya era muy tarde! No hicieron caso a personas que, como yo, les dijimos internamente que el curso de su campaña se convertiría en un mortal bumerán para su aspiración reeleccionista. El empeño fue en vano, persistieron en demostrar desconexión con la realidad.
  4. No asimilaron la lección del fracaso de Andrew Cuomo y su malsana campaña negativa contra Sohran Mamdani en las elecciones para alcalde de la ciudad de New York. Lo atropellante y abominable de esa estrategia electoral contra Mamdani provocó que una buena porción del electorado rechazara las pretensiones políticas de Cuomo. Quedó claro entonces que la islamofobia e intento de diabolizar la creencia religiosa e ideológica de un contrario político no era la mejor estrategia electoral del momento histórico en que vivimos. Luce que el equipo de campaña de Adriano no se enteró de esa lección y fueron veloz hacia la guillotina política utilizando precisamente la misma estrategia que hundió la candidatura de Andrew Cuomo.
  5. Estupefactos nos quedamos algunos amigos de Adriano al ver su campaña enarbolar el antihaitianismo como grito de guerra contra Darializa, vistiéndose su discurso proselitista de un racismo huero, incapaz de descifrarles a votantes no dominicanos cómo denigrar a la población haitiana beneficia y mejora su calidad de vida en el Distrito 13.
  6. Dada la multipolaridad étnica del Distrito 13, la persona que lo represente en el congreso estará ejerciendo política en posición vulnerable porque su permanencia en el puesto depende de frágiles alianzas políticas con las distintas poblaciones que lo componen. Adriano sabe eso y tuvo que manejarse en el puesto acorde con esa realidad. Charles Rangel también sabía eso y se manejó acorde con las circunstancias de su distrito. Sin embargo, la actuación de ambos políticos dista mucho en aspectos fundamentales de sus alianzas y uso de su liderazgo a favor o en contra de elementos sociopolíticos que desbordan las fronteras de su distrito y marcan el futuro de EE. UU. y otros pueblos recipientes de la enorme influencia estadounidense en la región y el mundo.
  7. Por ejemplo, Charles Rangel creó un récord de apoyo al pueblo cubano y su derecho a la autodeterminación; proselitó y votó por el fin del bloqueo a Cuba y por la apertura de buenas relaciones entre EE. UU. y Cuba. Lo mismo hizo con referencia a Venezuela y otros pueblos latinoamericanos, sin dejar de ser crítico a lo que percibió como contrario a sus principios. Adriano Espaillat, sin embargo, tomó un curso contrario y en muchas ocasiones lució ser vocero del exilio cubano anticastrista y el exilio venezolano antichavista. Algunos de sus pronunciamientos y posturas como congresista mostraban que se estaba dejando atar por la influencia de grupos derechistas reaccionarios que dominan la política exterior de EE. UU. Me consta que ese aspecto de su desempeño como congresista le fue criticado con señalamientos precisos y de altura por personas con una trayectoria importante en nuestra comunidad. Caso omiso fue su respuesta, tal vez sabiendo mejor que sus críticos las razones que lo llevaban a tales posturas.
  8. El paso más crítico de su estrategia de sobrevivencia política lo dio Adriano Espaillat cuando decidió sumergirse en la abundancia financiera del lobismo político sionista de EE. UU. y comprometer así la independencia de su voz en el congreso estadounidense. El precio de ese garrafal error quedó evidente cuando, durante los debates de campaña, Adriano fue incapaz de catalogar como genocidio la masacre cometida por el Estado de Israel contra palestinos en Gaza. Darializa, inteligentemente, aprovechó ese tumor político y arrinconó a Adriano en cada debate echándole en cara su desacierto. ¡Nunca había visto yo a Adriano políticamente tan vulnerable como lo dejó claro su desempeño en los debates de las pasadas primarias demócratas! Ante semejante escenario, la conclusión debe ser tajantemente autocrítica: El equipo de campaña de Adriano no entendió el momento actual y los cambios registrados en segmentos importantes de la población estadounidense con relación a Israel y el genocidio en Gaza. Eso, unido a la islamofobia, el antihaitianismo y la aborrecible campaña de satanización de Darializa, creó la guillotina política capaz de impedir la reelección de Adriano.

Asimilar esa lección es tener inteligencia política para poner en marcha correctivos que no pudran el legado político de Adriano Espaillat y permitan unificar el voto demócrata para impedir que la brutalidad política les abra paso a candidatos republicanos empeñados en desmantelar nuestras conquistas sociopolíticas. El momento no requiere hacer uso de trucos políticos para tronchar el ascenso de Darializa, sólo para calmar resentimientos y frustraciones debido a la pérdida de unas primarias partidarias.

El momento demanda sabernos y actuar con mucha más madurez política que el simple artificio del cliché étnico y sus “dulzuras” patrióticas. El Distrito 13 constituye una cartografía sociocultural y política mucho más amplia y compleja. El arcoíris de sus necesidades sociales desborda los innegociables colores de una bandera y el compás cultural de una pertenencia racial o de clase, aunque clase y raza permean la cantata de su identidad como segmento electoral neoyorquino.

No hacerle caso a esta realidad es acomodarnos para ser cadáveres de una maquinaria política republicana que ya, en el pasado, nos aplastó con Rudolph (Rudy) Guiliani y George Pataki, y hoy se ha fortificado teniendo a Donald Trump como presidente y el movimiento MAGA como mantra ideológico de un desfiladero hacia la coronación de la oligarquía y sus intereses.

Urge que Adriano Espaillat y Darializa Avila Chevalier echen a un lado los resquemores de sus diferencias. Deben reunirse y armonizar entre ambos y sus seguidores para que colectivamente den una lección de civismo y madurez política, actuando en conjunto como protectores del electorado demócrata que deben ser. Ninguno de los dos debe hacerle caso a quienes les estén soplando al oído que antagonicen y escalen la confrontación entre ellos. A Darializa no le conviene eso, aunque gane en noviembre. A Adriano tampoco le conviene eso, sobre todo si lograse tronchar la elección de Darializa en noviembre. ¡Y mucho menos le conviene eso a la comunidad dominicana, aunque un bando se imponga contra el otro!

Ya tuvimos la experiencia del cáncer de la división del voto demócrata: ¡Los republicanos Giuliani y Pataki aplastaron parte de nuestras conquistas! Ahora se impone la unidad y actuación conjunta a favor del futuro político de nuestra comunidad.

Diógenes Abreu

Poeta, pintor, actor, dramaturgo y ensayista

Diógenes Abreu es poeta, pintor, actor, dramaturgo y ensayista. Nació en Miches (El Seibo). Reside en Nueva York desde 1983. Estudió Artes Plásticas en la Escuela Nacional de Artes Plásticas, en Santo Domingo, y realizó una maestría en Artes Plásticas en The City University of New York. Como pintor, en los años 1990 y 1994 participó en la XVII y XIX Bienal Nacional de Artes Visuales. En los Estados Unidos también participó en la colectiva Herencia hispana, presentada en la IRC Galería. En 1988 celebró su primera muestra individual, titulada El fuego de la memoria, en el Centro de Arte Nouveau. Formó parte del movimiento de teatro popular de los años 70 y aplicó en el país las técnicas del “teatro pobre” de Grotowski. En 1998 ganó el primer premio del V Concurso de Cuentos Radio Santa María, y en los años 2011 y 2013 el Premio Letras de Ultramar en teatro y ensayo, respectivamente.

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