En cada cumbre climática, aparecen nuevas promesas tecnológicas: captura de carbono, geoingeniería, "minería limpia", inteligencia artificial para monitorear bosques y otros ecosistemas. La fe en que "la tecnología nos salvará" es tan antigua como la Revolución Industrial. Pero, ¿no será esa misma fe la que nos metió en la crisis ecológica?
La compleja existencia de la tecnología (Cuello, C., 2012: Banco Central de la República Dominicana) advierte contra el determinismo tecnológico: la idea de que el desarrollo técnico es inevitable y siempre beneficioso. Por el contrario, el libro muestra que la tecnología es un producto histórico, cultural y político, no una fuerza autónoma del destino.
Un concepto clave que introduce el libro es el de "lo desconocido" como principio ético. Citando a Buchanan, el texto señala que lo desconocido en el desarrollo tecnológico ha alcanzado tales proporciones que debe convertirse en un principio guía para la decisión ética. Es decir, no podemos justificar una tecnología solo por sus beneficios inmediatos si ignoramos sus efectos a largo plazo.
Este es el corazón del principio de precaución: cuando hay riesgo de daño grave o irreversible, la falta de certeza científica no debe usarse como excusa para postergar medidas protectoras. En otras palabras, la tecnología no tiene derecho a "probar y errar" con el planeta y sus recursos.
El libro examina tecnologías controversiales como la clonación, la fertilización in vitro y las modificaciones genéticas, no para rechazarlas automáticamente, sino para mostrar que toda intervención técnica conlleva una visión del ser humano y la naturaleza. Preguntas como ¿qué es la vida?, ¿dónde está el límite de lo artificial?, ¿qué debemos conservar a toda costa? no son técnicas, sino filosóficas.
En el debate entre desarrollo sostenible y conservación ambiental, la tecnología no puede ser neutral. Ya lo dice el libro: "cada tecnología que creamos y usamos lleva consigo una forma de ver el mundo, una serie de valores, una ética implícita".
Confiar ciegamente en la tecnología para salvar el planeta es delegar nuestras responsabilidades éticas a máquinas y algoritmos. La verdadera pregunta no es si podemos hacer algo técnicamente, sino si debemos hacerlo. Y esa respuesta no la dará ningún dispositivo, sino una sociedad informada, participativa, educada y precavida.
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