La reciente publicación del Informe del Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes conocido como informe PISA , el cual es realizado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) para medir  el rendimiento académico de los jóvenes de 15 años en lectura, matemáticas y ciencias, con resultados preocupantes que evidencian un retroceso a nivel mundial, y un estancamiento en nuestro país, debe hacernos recordar la conquista que significó que pudiéramos participar en esta medición, y cuales deben ser los objetivos perseguidos tras sus resultados.

Quizás el mayor logro del Pacto Nacional para la Reforma Educativa suscrito el 1 abril de 2014 fue establecer como un compromiso  la participación de nuestro país en los estudios internacionales como PISA, “con el propósito de guiar la toma de decisiones en materia de políticas educativas”; y aunque parecería increíble que para participar se haya requerido establecer un compromiso en un pacto nacional, así fue, pues la intención de participación en esta evaluación impulsada por el Ministerio de Educación estuvo obstruida por la reticencia de la Asociación  Dominicana de Profesores (ADP), compromiso que en gran medida se logró por el persistente reclamo de la organización Acción Empresarial por la Educación (EDUCA).

Gracias a esto participamos por primera vez en el año 2015, y a partir de ahí cada tres años y los resultados evidencian que luego de una mejoría en el año 2022 con respecto a los resultados de 2018 y 2015, no hemos avanzado y estamos estancados manteniendo en 2025 prácticamente los mismos resultados en ciencias (361 vs 360) y matemáticas (339), habiendo descendido en lectura (346 vs 351), ocupando la vergonzosa posición de uno de los cuatro países con peores resultados globales: Filipinas (1,058), Uzbekistan (1,055), República Dominicana (1,050), y Camboya (1,012).

Ante el preocupante retroceso mundial en las puntuaciones la propia OCDE ha expresado que el deterioro en lectura es "especialmente preocupante", dado que esta constituye la base de la mayoría de los aprendizajes escolares, y menciona varios factores que pueden estar incidiendo en esto, el creciente uso de las pantallas, la pérdida de interés por la lectura entre los jóvenes y los cambios en la relación de los estudiantes con la escuela desde la pandemia de covid-19, a lo que debemos prestar especial atención.

En nuestro país la situación es todavía más alarmante pues una cosa es el retroceso inquietante a nivel mundial debido a estos factores, y otra haber entrado a esta negativa tendencia internacional con una pésima posición, lo que debería causar una profunda reflexión no solo del gobierno dominicano respecto a sus políticas educativas, sino del gremio profesoral que anteriormente ha reaccionado ante los malos resultados insinuando que debemos salirnos de esta evaluación porque no estamos preparados para esta, en vez de reconocer que lo que no estamos es preparando bien a nuestros estudiantes, y que estos bajos resultados tienen que servirnos no solo para lamentarnos o intentar escurrir el bulto echándole la culpa a otro, sino para establecer estrategias que sean asumidas como un plan país para mejorar la calidad de nuestro sistema educativo y el aprendizaje de nuestros estudiantes.

No podremos mejorar en matemáticas, en la que 91 de cada 100 estudiantes evaluados no alcanzan el nivel mínimo de competencia, si nuestros profesores siguen siendo deficientes en enseñarlas y nos negamos a aceptarlo y a buscar mejores opciones importando talentos y mejorando la educación de los maestros locales, y no podremos mejorar en lectura si cada día leemos y comprendemos menos.  Identificar errores, fallos y debilidades es indispensable para corregir y mejorar, pero esto no puede seguir estrellándose contra la negativa de un sindicato de profesores a quienes parecería no  preocuparle la pésima calidad de nuestra educación, puesto que todas sus reivindicaciones intenta lograrlas haciendo que pierdan más horas de clases, a sabiendas de que es escandaloso que se hayan perdido 1,384 de estas horas el pasado año escolar, según el Monitor Económico de Suspensión de Clases publicado por EDUCA.

Los resultados de este informe PISA deben llevarnos a superar todo lo que ha constituido un freno para el avance de nuestro sistema educativo, para que podamos pisar el acelerador que nos permita avanzar. Esto requiere de firme voluntad, responsabilidad, continuidad, y un plan bien diseñado como otros países han hecho, de los cuales podemos aprender lecciones, lo que en la actual coyuntura de caída mundial es doblemente retador. Ojalá que PISA nos impulse a finalmente pisar el acelerador para elevar el nivel de nuestra educación. 

Marisol Vicens Bello

Abogada

Socia de Headrick Rizik Alvarez & Fernández desde el año 2000. Miembro del Comité Ejecutivo del CONEP, Asesora legal de la Asociación de Industrias de la República Dominicana (AIRD). Fue presidente de COPARDOM y de la Asociación Nacional de Jóvenes Empresarios (ANJE).

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