Si un concepto de publicidad se ha instalado en la tradición de los escándalos ese será el de las ferias del libro.
Desde la misma fundación del Ministerio de Cultura, antes y después de que fuese declarada “internacional”, nuestra máxima actividad cultural ha tenido una publicidad ya mágica: aparte de una amplia línea de plagios, también fuimos testigos de desaguisados ante los cuales ya no habrá más cabellos que jalarse.
Sabemos de las grandes deficiencias de la publicidad nacional, de lo poco diestros que a veces son nuestros dibujantes, etc. Aparte de eso, está el concepto. Tal vez peor que los diseños de las ferias del libro serán la de nuestros sellos de correos, porque ahí sí que hay kilómetros de tela para cortar.
Lo sabemos: un diseño también genera conocimiento, placer, información. También lo sabemos: a través de la “marca” distinguimos funciones, líneas, orientaciones. Una propuesta publicitaria no solo será obra de la empresa, sino que pasará por el filtro de las autoridades. Y si estas no se enteran del alcance ideológico de los contenidos, entonces andaremos por la Isla del Dr. Moreau, lleno de enanos y de pastores y hasta de gigantes.

La Feria del Libro del 2025 se dedica al historiador Frank Moya Pons, y con muchísima razón. Su obra, dilatada en ya cinco decenios, ha sido modelo de exposición, aporte, recuperación de una memoria y hasta de valoración de la Dominicana actual.
¿Cómo traducir la figura de Moya Pons en el marco de una estrategia publicitaria para la Feria? La respuesta la tenemos en la imagen oficial.
Dos conjuntos se destacan en esta promoción: el que nos hace viajar desde los aborígenes y se detiene en la Restauración, a los que se suman Duarte y la Independencia. De los ocho personajes que integran el conjunto de “figuras históricas”, dos blanden armas, una está marchando con la bandera en la mano y la última se desplaza en un caballo, en gesto militar. Solo tres realizan funciones civiles: la poeta y educadora Salomé Ureña, con un collar al parecer de perlas, y dos niños escandinavos, con pelo bueno, que leen un libro que Frank Moya aún no ha publicado con ese título: “Historia dominicana”. Ojo: Moya ha publicado “Historia colonial de Santo Domingo” (1974) y “Manual de historia dominicana” (1977), entre decenas de títulos, pero que yo sepa, ninguno con el exclusivo título de “Historia dominicana”.
Lo preocupante de esta publicidad es el sesgo militarista y reductor del pasado dominicano, ante el que el historiador Moya Pons, por cierto, siempre ha tratado de revelar su diversidad.
Bien que vivimos en tiempo de suprematismo, donde el racismo finisecular casi se está convirtiendo en razón de Estado, y donde ya todo mundo dice que la patria “comienza” en la frontera, como si hubiese un punto en especial donde se pudieran fijar los sentimientos. Pero una cosa es todo ese discurso sesgado sobre el pasado, y otra poner estas imágenes como emblema de una Feria del Libro.
De lo que se trata en este evento es de acercar a la población a la lectura, realizando buenas ofertas editoriales. Después de todo, el libro es diversidad, pluralidad, donde cada rostro se merecería algo propio.
¿Hay que reducir el pasado dominicano o la “historia” a esa dinámica militar? ¿Sólo a los héroes corresponde el pasado?
El Duarte de esta propaganda es patético, inseguro. Es un Duarte que no sabe qué hacer con las manos, y pone la izquierda sobre la derecha, afincando el puño, en un lenguaje corporal que más bien parece a una de las poses de Frank Perozo cuando era joven.

De Salomé, ni hablar. De nuevo es la madre nutricia, como leyendo el poema “Ruinas” o tal vez “A mi Pedro”, si pensamos en los niños nórdicos del primer plano. Todo parece un desaguisado: la Torre del Homenaje, una de las zonas grises en nuestros quinientos años de historia. Aunque ahora resalten sus cualidades arquitectónicas, que las tiene, como una de las primeras edificaciones de la Colonia, por igual aquí no se ha trabajado su función de cárcel, espacio de torturas y hasta de muertes, como se puede leer en la novela “La sangre”, de Tulio Manuel Cesteros. Si al lado de la Fortaleza se coloca esa pieza taína, y en el extremo a una proto-Anacaona, con una flecha, entonces mejor volvamos a los cómics o tebeos o mangas y dejemos fluir estos muñequitos.
Recordemos la función amplia, democratizadora, participativa, de una feria del libro. En la del 2025 la Historia entrará al escenario de la mano de Frank Moya Pons. Ni siquiera voy a preguntarle a Frank su opinión sobre este tema: sé que estará ocupado con otras cosas, y seguramente será lo mejor, porque ni para allá voy a mirar.
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