Vivimos un momento convulso y bizarro de la historia de la humanidad, en el que el orden internacional al que estábamos acostumbrados ha sido ignorado y violentado por el presidente de los Estados Unidos de América, el cual a pesar de sus deficiencias de alguna manera garantizaba ciertos niveles de paz y estabilidad mundial; así como los acuerdos comerciales que establecían tratamientos amistosos de interés recíproco, y los pactos escritos o no que definieron sólidas alianzas por años.

En medio de tanta disrupción, y de continuas sorpresas por acciones y decisiones que muchos no hubiéramos pensado que ocurrirían jamás en la nación más poderosa del mundo, referente democrático en muchas latitudes y autodesignado gendarme moral en el pasado, tales como incumplimientos constitucionales, atentados a la fundamental separación de los poderes del Estado, cuestionamiento a los principios democráticos, al imperio de la ley y al indispensable “check and balance”, el sistema de pesos y contrapesos para evitar el abuso de los poderes; emergen las ambiciones de poder de siempre, y las mismas apetencias económicas, ahora más descarnadas y evidentes porque lo políticamente correcto y las buenas costumbres para algunos no existe, o pasó de moda.

El dominio del petróleo sigue siendo un instrumento de poder, y por eso detrás de las acciones militares perpetradas por el gobierno estadounidense en la alborada de este año 2026 en Venezuela, y las recién ejecutadas en Irán, la razón que estuvo detrás no fue ni restaurar la democracia eliminando a un dictador que desconoció los resultados del voto popular, ni derrocar al régimen opresor de los ayatolás, sino la búsqueda de mayor control del oro negro, por eso las zigzagueantes explicaciones dadas por el Secretario de Defensa Marco Rubio y el presidente Trump sobre los ataques llevados a cabo en Irán, que han ido desde justificarlos por constituir Irán una amenaza latente puesto que respondería a ataques inminentes de Israel atacando a su vez las fuerzas estadounidenses, hasta la simple afirmación de lo que pudiera ser más una percepción que un hecho comprobable, que Irán atacaría primero, como dijo el presidente Trump era su opinión.

Si bien no es una novedad que del petróleo se hayan derivado sangrientas guerras, se haya abusado del poder manteniendo tiranías y se haya justificado intervenciones militares so pretexto de liberación de países de ataques invasores, lo que sucede actualmente es la aplicación de la fuerza por decisión unilateral de un líder y un aliado principal, totalmente de espaldas al Congreso de su país, así como a la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y sin tomarse la molestia de conformar una coalición internacional para llevar a cabo operaciones con un interés geopolítico, como se hiciera más de tres décadas atrás con las operaciones escudo y tormenta del desierto luego de la invasión de Kuwait por el entonces líder iraquí Sadam Hussein.

En esta nueva era se decide a solas e inconsultamente, y al que no le guste, o de forma populista así lo exprese, podrá recibir un castigo, o al menos ser amenazado de recibirlo, porque por más que se haya resquebrajado el orden post guerras mundiales, siguen existiendo instituciones y principios que rigen las relaciones más allá de los Estados Unidos, en una Europa que se intenta vilipendiar y ensalzar a la vez, la cual conoce las graves consecuencias de los egos y las ambiciones desmedidas que llevan a expandir imperios a la fuerza, porque las sufrió en carne propia.

Para algunos países ha sido fortuna y desgracia que mane petróleo de sus suelos, Venezuela es un claro ejemplo de ello, aunque los que no lo tenemos siempre hemos ambicionado poseerlo porque hemos sufrido por su dependencia, y por estar sometidos a la tiranía de los precios que golpea nuestras economías, y peor aún como sucede ahora en Cuba que asfixia, porque simplemente le cerraron la llave del suministro, y mientras no llegue el salvavidas que durante décadas el languideciente régimen castrista tuvo la suerte de encontrar, sufrirán o  morirán muchos inocentes, o hasta que la soga se parta y se de  la capitulación que se intenta lograr.  Nuevamente el petróleo motiva invasiones, provoca luchas sangrientas, inflación, volatilidad e incertidumbres, porque su tenencia da poder, y mientras más dispuesto a abusar del poder se esté, más apetito por poseerlo y controlarlo se tendrá, sin que importen las consecuencias para los demás.

Marisol Vicens Bello

Abogada

Socia de Headrick Rizik Alvarez & Fernández desde el año 2000. Miembro del Comité Ejecutivo del CONEP, Asesora legal de la Asociación de Industrias de la República Dominicana (AIRD). Fue presidente de COPARDOM y de la Asociación Nacional de Jóvenes Empresarios (ANJE).

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