I: Algunas precisiones históricas de su vigencia vs. la modernidad

De entrada, sin vanidad alguna, en mi calidad de politólogo con sustentación en especie de psicología social y colectiva, ante todo, refiero que presento estas calidades a fin de que comprendan mi afán por explicar con conciencia la problemática. Por ende, los aspectos psicológicos que digo apuntar los califico de carácter interpretativo respecto a la parte de nuestro conglomerado que actúa contrario a la nueva cédula de identidad. Y sinceramente, en lo profesional y personal he querido asumir una explicación lógica de cuáles pudieran ser las razones de que todo un mundo de conjeturas y desinformaciones se haya tejido en torno al referido cambio.

Lo primero que cabe decir es que esta jornada no responde a decisiones medalaganarias del órgano de la identidad y la democracia, JCE, sino que se hace como respuesta a la suma necesidad —por obligación legal— de cumplir con la normativa, ya que la vieja —o sea, la que está en proceso de cambio actualmente— solo tenía validez por diez (10) años, ya quedaba vencida porque se estaba usando desde el 2015. Y por cuya razón, solo estaría vigente hasta el 24 de agosto del 2024, sencillamente, y punto.

Entonces, y lo hago de forma didáctica, o entendible. Ante tal realidad, el actual pleno que preside el Dr. Román Andrés Jáquez Liranzo emitió la resolución n.º 15-22, en la cual extendió el plazo de renovación y estableció la fecha de inicio del nuevo proceso de renovación para el 17 de agosto de 2024, pero porque no daba tiempo a cumplir el proceso de cambio, debido a que las elecciones de ese año estaban encima, la extendió hasta el 2025 y, como el proceso de licitación y otras necesidades se llevaba un tiempo, aprovechó el cambio para convertirlo en un documento moderno; a tal fin, se fijó el 12 de abril del 2026 para iniciar la jornada de sustitución.

Y en torno a esa realidad, la cual ha coincidido con la era digital y la tendencia a la modernización de todo el andamiaje jurídico mundial, la actual junta asumió responsablemente preparar un documento, además de seguro, útil y que resistiera el relajamiento de las suplantaciones, declaraciones mostrencas, etc. Por cuya razón, el actual documento, entre otras excelentes cualidades de garantía de identidad, conforme a la era digital —repito—, ha venido a tono con la realidad de los nuevos tiempos y, por lo tanto, se ha logrado una cédula polivalente o de múltiples funciones y utilidades.

Todo lo cual garantiza, entre otros blindajes, servir de instrumento —y esto está al doblar de la esquina— de que todos los actos jurídicos y, prácticamente, la propia vida ciudadana, por ejemplo, se harán en base a las firmas digitales, incluso los actos de notarios y otros aspectos —que incluye categoría de pasaporte emergente—, y que la nueva cédula resulta ser el documento único para tales adelantos y más, hasta para la seguridad jurídica inmobiliaria; pero además —como marca identitaria de los dominicanos— documento de identidad y, por demás, electoral, que trae consigo una jornada de saneamiento de la dominicanidad (…), entendiéndose esta según el artículo 18 de la Constitución (…), por lo cual nos hace más dominicanos. Creo que hasta ahí estamos claros. Pero, y como dice el dominicano, después del pero se daña el asunto. A partir de todo lo anterior, ha habido ciegos, sordos y pregoneros que me permito analizar en su propia naturaleza de actuación a favor de la distorsión, a través, como dijo Balaguer, de las vendas transparentes —por usar un término lírico—.

II: Los misiles de las desinformaciones

Pero el asunto no podía pasar sin el tableteo de los que se beneficiaban del caos y del desorden registral, lo que en buen ambiente desató la guerra. La cual vino con los misiles de las distorsiones y de tantos bombardeos de informaciones distorsionadoras de la transparencia con la cual el pleno ha cubierto este proceso —para mí, obrando por contrario a la democracia, le invade la piratería—.

Y de ahí era lógico esperar que se destaparan avisperos mediáticos —principalmente me refiero a las redes, y digo las más informales— y, por qué no, la radio bemba, que ya tiene interactivos por doquier y cuyo modus operandi se sustenta en la obligatoriedad de views —lo visto— para subsistir, y lo que les produce más facturas resulta ser el sensacionalismo sustentado en el morbo del descrédito. Es en torno a estas premisas que hemos entendido, siendo francos, que nos proponemos enfocar aspectos que van desde la cotidianidad —que ahora compite con las informaciones veraces con especies de tremendismo mediático— hasta el punto de cargar la opinión pública de informaciones chatarras que impactan negativamente el proceso.

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Ilustración alegórica de la teoría de la conspiración (Fuente: Eterna)

a: Primera fundamentación: Sobre este desahogo —siempre académico—, de entrada quiero referirme a lo que he convenido en llamar —aunque el término no sea de mi propia creación— en BBC News, la teoría de la conspiración. Sobre este término, en los orígenes de las teorías de la conspiración, Victoria Hansen, Victoria Dueño y Michelle Ferm (julio 14, 2022), citando a Sara Gorman, experta en desinformación y negación de la ciencia, refieren: "Cada vez que hay momentos de agitación política o social —aquí aplica lo social, porque entiendo que lo político está en calma en República Dominicana—, hay un aumento en las teorías de conspiración". Y en este enfoque referimos que no resulta peyorativo ni alarmista de mi parte, sino que ella por sí sola pertenece a la genética natural de los individuos, que muchas veces se adversan hasta ellos mismos —pero con efecto conspirativo, sea o no intencional—. Esta se explica en el síndrome —llamado por mí— como la conducta del anti todo. Sería una acción, en principio, achacable a cierto comportamiento natural mezclado con el llamado síndrome de la resistencia al cambio, la cual impulsa frenéticamente y hace a los individuos ser capaces de hacer de todo para que nada cambie o quede bien. Pero además, a mi juicio —un poco neófito, cargado de una especie de realidad psicopática— que se une a otras personalidades que ven fetichería hasta en las hostias, que aunque adentro traiga a Jesucristo, este tipo de personaje solo alcanza a ver el rostro de las imágenes de los demonios. Y eso no es nada; para justificar su patología, arman la fiesta de la chicharra, que jamás silencian sus chillidos. Y lo peor es que tenemos una amplia legión en ese registro. Y con eso se debe aprender a convivir, siempre atendiendo la voz de nuestra conciencia y observando los sudores de los sacrificios del que está comprometido a quedar bien por tu bien.

Refiero además que dentro de este patrón está también la conspiración natural, boba y sin mala fe —y aplica en todo—, pero que se manifiesta en actos de interés capciosos, o sea, los que obedecen a un plan de carácter interesado en bombardear todo, caiga quien caiga. Y en ese propósito aplican la lógica de lo contrario… Y donde ven cosas que saben buenas, recurren a la argucia; para negarlo, empiezan a sacarle que el sol quema mucho y en las manchas de la luz de la Luna, pero jamás se interesan en ver su brillo.

De ahí es, por ejemplo, que donde se presenta a Duarte —que es parte de la infografía de la nueva cédula para encharparla de patriotismo—, lo que dicen es que ven a Toussaint o a Santana —a veces, dosis de gadejo—. Donde ven el monumento de Santiago, ven las donaciones de órganos —que solo lo explica la teoría de la conspiración—; o en otras palabras, ponen a rodar, como bumerán anárquico, bolas de trastornos y confusiones de puras falacias y desconciertos.

Si me pasé, por favor, disculparme; es que ese es mi estilo de antídoto contra la anarquía y la conspiración. Ahora bien, me estoy refiriendo a una parte de un todo, o sea, a la teoría de la conspiración, que es vasta desde la óptica de una conducta que se expresa o se debe tomar en cuenta al momento de darle una mirada a estos patrones. En consecuencia, nos detendremos a chequear otros factores, como tales:

b: Segunda fundamentación: Posibles efectos psicológicos de la resistencia al cambio.

Respecto al síndrome de la resistencia, me permito enfocar algo muy manso, ya que así como se ve que se cambia el sentido a lo bueno y útil con reacciones de marcado interés, también, a mi juicio, pueden existir cosas insignificantes desde la óptica de factores psicológicos —que no tienen intenciones conscientes, pero patología es, y como quiera entra como input a la bandeja de las dudas, ya no descréditos—. Empecemos por algo tan simple como imperceptible. Se trata de un síndrome de negación y rechazo a la realidad facial que genera el tiempo en los rostros. —Así de simple, y aquí me permito para poder entenderme hasta yo mismo—. Y por tal, me permito asumir que hay gente que quiere seguirse viendo en documentos desde cuando tenía, quizás, 30 o 40 años atrás, y se resiste a ver la realidad que las arrugas y las estrías de la cara evidencian, y que en efecto se ha sufrido la metamorfosis del tiempo. Y que se sepa, solo soy politólogo —repito— y manejo de conductas sociales, pero es suficiente ver en la práctica las lluvias de las cirugías faciales para vencer la imagen marcada por el tiempo, y que nos hace un tanto melancólicos al enfrentar la realidad del cambio físico y facial y que, según infiero, se nos hace difícil resignarnos y, como quiera, nos choca la propia añoranza del pasado —cosas veredes—; y corren como el diablo a la cruz a retratarse como se ven hoy día y, por lo tanto, infiero, prefieren quedarse con su documento viejo, ya que les reflejaba la añoranza de su juventud y el de ahora retrata las estrías del pasado —tómese en cuenta— (…). ¡Eso sin lugar a dudas es un patrón psicológico natural!

Y como estas reflexiones apuntan a motivar a la renovación del nuevo documento de identidad, y que todos, por cualquier causa que estuviera generando la reacción adversa o resistencia, no dejen de apoyar esta jornada, porque se trata de un documento tan serio, enmarcado en una voluntad de honestidad, seguridad y garantía de ciudadanía. Por tanto, como dicen, es mejor ver las luces de la Luna que fijarse solo en sus cráteres. Por estado de compromiso, por mi alto interés por la democracia y las mejores cosas para mis conciudadanos, me reclama el deber de presentar los elementos garantistas de este nuevo documento. En aras de revestir de confianza y mampara de las mejores intenciones —como decía Alvarito: "óyeme bien, por nunca te he quedado mal"—, los siguientes reforzamientos de las bondades de este nuevo documento: a) el proceso marca la obtención de una identidad real, depurada, segura y de avanzada tecnología para evitar la suplantación de tu propia persona; o sea, con este nuevo documento se sella para siempre el blindaje de tu propia identidad; b) según apuntan las nuevas legislaciones, este documento dispone de firma digital, o sea, aquella marca de la voluntad absolutamente única y verdadera que protege tus actos transaccionales; c) nadie podrá usar tus datos porque tu propia firma digital es única y bloquea cualquier intención macabra. (Y la posverdad es tan fatal a la realidad de las cosas verdaderas, pero quienes se favorecen del desorden —viven de eso— no cesarán de bombardearlas, y por lo tanto resulta obligatorio que tienen que desacreditar este blindaje de identidad). Y de suerte que el sistema de partidos está consciente y, en respuesta, está apoyando el proceso, en el hecho de que todo se ha hecho siendo estos testigos de excepción. Y como dicen los jóvenes: ¡no le paremos a eso! Y mucho menos a los que ladran, ya que es simple señal de que avanzamos. ¡Cuidémonos de la posverdad o la conspiración y vivamos confiados en nuestra propia verdad! ¡Y sigamos asegurando nuestra identidad!

José Lino Martínez Reyes

Abogado

Politólogo, abogado, docente en asuntos políticos y electoral. Y Magister en Estudios Políticos y Electoral.

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