Muchos empresarios creen que cerrar una empresa es solo bajar las puertas del local y dejar de operar. Pero lo cierto es que, así como requiere la firma de documentos para la constitución de una compañía, también se necesitan cumplir con ciertos registros y formalidades legales para realizar el cierre formal de una compañía.
Cuando una empresa deja de operar sin agotar el debido proceso de disolución, pueden acumularse obligaciones tributarias, moras, recargos y renovaciones del Registro Mercantil que generen gastos mayores para los dueños del negocio.
No siempre cerrar es la única opción.
Es importante destacar que, si una empresa está activa, pero temporalmente no está operando, no necesariamente hay que disolverla. Dependiendo de las circunstancias, los socios pueden evaluar la posibilidad de colocarla en “cese temporal de operaciones”, cumpliendo con los requisitos correspondientes.
Colocar la empresa en cese temporal permite suspender, durante un período determinado, algunas obligaciones tributarias periódicas o mensuales para la empresa.
El cese temporal puede mantenerse por hasta tres años. Durante ese tiempo, la empresa no puede realizar actividades comerciales ni emitir comprobantes fiscales y al finalizar el periodo de cese, los socios deberán decidir si reactivan la empresa o proceden con su disolución formal.
Colocar la empresa en cese temporal debe ser aprobado mediante una Asamblea General de Socios, la cual debe ser registrada en la Cámara de Comercio y Producción correspondiente y depositarse en la Dirección General de Impuestos Internos (DGII) para agotar el proceso.
Cerrar una empresa requiere formalidad.
Cuando la decisión de los dueños de la empresa es cerrarla definitivamente y los socios saben que no volverán a operar con esa compañía, lo correspondiente es iniciar el proceso de disolución y liquidación.
El primer paso para disolver y liquidar una empresa es celebrar una Asamblea de Socios que apruebe formalmente la disolución y se dé inicio del proceso de liquidación.
A partir de ahí, es necesario hacer un levantamiento de las obligaciones de la empresa: impuestos, empleados, proveedores, acreedores, contratos, activos y cualquier otro compromiso pendiente.
También deben revisarse los contratos vigentes, especialmente aquellos que tengan renovaciones automáticas, y comunicar a los terceros y relacionados la decisión de cerrar la empresa.
Cerrar una empresa no debe verse únicamente como un trámite, es la forma de poner fin a una actividad empresarial y evitar que una sociedad que ya no opera continúe generando obligaciones y responsabilidades. Si se tomó la decisión de no continuar con un negocio, lo recomendable es no dejar la empresa legalmente abandonada, evaluar las alternativas disponibles, tomar una decisión y documentarla.
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