No fueron la voz ni la música los ingredientes responsables de que el merengue “Dominicano Soy” de Fernando Villalona cosechara tan rotundo éxito. Fue más bien que las letras hincharon de vibrante júbilo el apego a nuestra identidad nacional. Pero pocos advertirán que el origen de tan impactante composición se le debe a Juan Pablo Duarte, el creador de nuestra nacionalidad. De lamentar es que en estos tiempos surgen situaciones que denotan un respeto menguante por la figura del insigne prócer. Son soslayos que no deberían permitirse si queremos hacerle justicia a la inigualable majestad de quien generó nuestro orgullo patrio.

La pasada semana ocurrió un notable desliz en ese aspecto. El programa del MITUR y el Clúster Turístico de Santo Domingo conocido como “Turizoneando montó una actividad en el esplendoroso Parque Duarte de la Ciudad Colonial que provocó alarma entre quienes consideran ese recinto como sacrosanto. Con el comprensible objetivo de atraer a turistas extranjeros y locales a actividades recreativas en la zona, el evento montó una pléyade inadecuada de actividades en el lugar. Estuvo bien que pusieran mesas para el juego de dominó, pero operar un DJ con música de alto volumen e improvisar un mercado de artesanías son atractivos incompatibles con el respeto y solemnidad que deben prevalecer en ese parque.

Turizoneando de por sí no es el problema. Sus propósitos y actividades son nobles y pretenden insuflar en nuestro Centro Histórico una atmósfera de convivencia y empatía entre extranjeros y nacionales. La proyección de nuestra cultura es un objetivo legítimo, pero lo criticable es que se monten actividades estridentes y mundanas en un recinto que debe estar reservado para el recuerdo y la veneración de un personaje que es la columna vertebral de nuestra identidad. Además del tranquilo solaz y esparcimiento que es posible extraer de ese parque, las actividades comerciales y/o ruidosas no compaginan con el espíritu del lugar. Para eso está la plaza Bartolomé de las Casas y otras plazas y lugares públicos donde la solemnidad y la parsimonia no son ingredientes necesarios.

Los usos permitidos del Parque Duarte deben ser objeto de un reglamento especial que sea impuesto por el ADN y, más particularmente, por la Dirección del Centro Histórico de Santo Domingo. El MITUR y el Clúster están pues llamados a apoyar esa gestión y compartir la percepción del lugar como sacrosanto. Y si tomamos en consideración el mal uso de muchos de los espacios públicos del Centro Histórico, la reglamentación debería extenderse a todo el territorio comprendido entre la Avenida Mella, la Calle Pallo Hincado, el río Ozama y el mar. La otra gestión prioritaria en tal sentido conjuraría los abusivos usos del Parque Colón durante los fines de semana. El nivel de ruido y el pandemonio de actividades altisonantes no es compatible con la tranquilidad que exigen los parroquianos que acuden a los restaurantes de su lado norte ni con los que pretenden disfrutar de sus encantos.

Al señalar el caso de Turizoneando es oportuno también enjuiciar las frecuentes declaraciones del presidente del Instituto Duartiano sobre la migración haitiana. Con diligente asiduidad, estas sugieren un reproche permanente a la presencia entre nosotros de ciudadanos de nuestra hermana nación que no se compadece con el pensamiento de Duarte al respecto. Duarte se expresó claramente con un reconocimiento a la excelsa dignidad del pueblo haitiano:

“Yo admiro al pueblo haitiano desde el momento en que, recorriendo las páginas de su historia, lo encuentro luchando desesperadamente contra poderes excesivamente superiores, y veo cómo los vence y cómo sale de la triste condición de esclavo para constituirse en nación libre e independiente. Le reconozco poseedor de dos virtudes eminentes, el amor a la libertad y el valor."

Un artículo de la redacción del periódico Acento sentenció al respecto: “Quienes hoy se llaman nacionalistas y seguidores de Juan Pablo Duarte no pueden utilizar el pensamiento duartiano para inyectar a los ciudadanos dominicanos el odio que transmiten en sus mensajes por diversas vías. Somos dominicanos, y seguiremos siendo orgullosamente dominicanos, y Duarte seguirá siendo el mejor ejemplo de los luchadores por nuestra libertad, pero sin odio y sin racismo, y sin abusar manipulando la historia ni los datos que de ella se desprenden.”

La presente dirección del Instituto Duartiano debe cambiar de rumbo. En vez de reprochar constantemente todo lo haitiano debería dedicarse a construir puentes de convivencia y hermandad entre los dos pueblos. Debe identificar, por ejemplo, una organización de Haití que sea afín a ese propósito y constituir una entidad binacional que se dedique a tan ilustre y altruista propósito. La entidad correspondiente podría llamarse Instituto Dominico-Haitiano de Hermandad y Cooperación. Peace Research Institute Oslo podría inclusive facilitar su financiamiento y operación.

Además, el Instituto Duartiano tiene pendiente otras tareas que son más urgentes y más propias de su misión institucional. Ahí está, por ejemplo, el rescate y puesta en valor de la vivienda que otrora fuera de Chepita Pérez, una reliquia histórica de trascendental importancia al haberse firmado en ella el Juramento Trinitario. Esta ha sido vandalizada y está actualmente abandonada. De igual manera, el Instituto debe propiciar actividades de reconocimiento ante el busto de Duarte ubicado en Las Américas y abogar por la abolición de la monstruosa valla que impide que el pueblo llano disfrute de los encantos del Parque Independencia. Y usando las sucursales duartianas que tiene el Instituto en varios pueblos del interior, se impone que la entidad auspicie la celebración de Juegos Florales donde los ensayos, poemas y otras producciones artísticas tengan los valores de Juan Pablo Duarte como la temática central de esos eventos. Son actividades como esas las que cumplirían mejor la misión del Instituto y lo encumbrarían como una institución que avala los mejores efluvios del ser humano. ¡No más inquina, no más animadversión!

Juan Llado

Consultor económico

Con entrenamiento universitario en los campos de la psicología, las ciencias políticas, la educación y la economía, obtuvo títulos universitarios en EEUU y se desempeña actualmente como consultor económico y articulista. Su experiencia de trabajo ha sido diversa, incluyendo misiones de organismos multilaterales y gerencia de proyectos internacionales. El principal hobby es la investigación y las tertulias vespertinas en el Centro Histórico de Santo Domingo. Aunque no partidarista y un libre pensador, ha abrazado últimamente la causa de la alternancia en el poder como requisito cumbre para fortalecer la democracia dominicana.

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