El Foro Nacional para el Pleno Desarrollo, celebrado recientemente en el marco de META 2036, dejó una señal que merece ser considerada con atención. Que personalidades de la dimensión intelectual de Andrés Velasco, decano fundador de la Escuela de Políticas Públicas de la London School of Economics; Michael Kremer, Premio Nobel de Economía; y, Federico Sturzenegger, destacado economista y académico que actualmente conduce el Ministerio de Desregulación y Transformación del Estado de la República Argentina, hayan llegado a Santo Domingo para conocer lo que está ocurriendo en la República Dominicana y discutir sus desafíos de desarrollo constituye, en sí mismo, un dato relevante.

No se trata solamente del prestigio de estos tres gigantes del pensamiento económico contemporáneo. Lo verdaderamente significativo es que algunas de las discusiones más recientes de la economía del desarrollo encontraron en la República Dominicana un interlocutor y, en varios casos, experiencias concretas sobre las cuales discutir.

Esto permite mirar META 2036 desde una perspectiva diferente. La agenda dominicana no aparece desconectada de las principales corrientes contemporáneas del pensamiento económico. Por el contrario, existe una considerable convergencia entre los problemas que el país ha comenzado a identificar y las preocupaciones que ocupan hoy a algunos de los principales especialistas internacionales.

Velasco y el riesgo de permanecer en la trampa del ingreso medio

En su intervención, Andrés Velasco construyó su reflexión alrededor de una paradoja particularmente pertinente. La República Dominicana puede exhibir 35 años de crecimiento exitoso del PIB por habitante y, al mismo tiempo, encontrarse precisamente en el momento en que ese éxito obliga a cambiar de estrategia. La comparación internacional muestra que, cuando se igualan los puntos de partida el desempeño dominicano de las últimas décadas resulta notable frente a varias economías latinoamericanas.

Pero, como bien señaló Velasco, el pasado no garantiza el futuro.

Velasco sitúa a la República Dominicana dentro de los países sujetos de permanecer en la trampa de los ingresos medianos. El riesgo no consiste en dejar de crecer de manera abrupta. Consiste en comenzar a crecer cada vez más lentamente antes de alcanzar los niveles de productividad e ingreso de las economías avanzadas. Con un PIB per cápita de US$11,059 en 2025, el país ya se encuentra dentro de esa zona de riesgo.

De allí surge probablemente una de las ideas más importantes para META 2036. El próximo salto de la economía dominicana no puede descansar exclusivamente en acumular más capital, más infraestructura o más trabajadores. Debe sustentarse en productividad.

Velasco estima que un trabajador y una máquina producen en la República Dominicana aproximadamente la mitad de lo que produce el mismo trabajador y la misma máquina en los Estados Unidos. Superar esa brecha exige hacer mejor aquello que ya se hace, adoptar tecnología y, especialmente, trasladar recursos hacia actividades de mayor productividad, diversificando y sofisticando la estructura productiva y exportadora.

Hay allí una coincidencia particularmente significativa con el trabajo que viene desarrollándose en META 2036. Velasco advierte que para sofisticar exportaciones no basta con infraestructura, educación e instituciones. Se necesitan infraestructura especializada, educación especializada e instituciones especializadas.

La pertinencia deja así de ser una preocupación exclusivamente educativa y pasa a convertirse en una condición del desarrollo productivo.

Kremer y un Estado que aprende

Michael Kremer introdujo otra dimensión igualmente contemporánea. Su planteamiento parte de una pregunta sencilla. ¿Cómo sabemos que una política pública funciona?

La respuesta tradicional suele consistir en diseñar programas, implementarlos y luego defenderlos. Kremer propone invertir parcialmente esa lógica. Identificar problemas, formular soluciones posibles, experimentar, medir resultados, corregir y solamente después escalar aquello que demuestra funcionar.

La experimentación aparece entonces no como un ejercicio académico, sino como una tecnología de gestión pública.

Los ejemplos dominicanos utilizados en su presentación resultan particularmente ilustrativos. Kremer señala que menos del 17% de los estudiantes universitarios dominicanos cursan áreas STEM y muestra importantes diferencias de participación entre hombres y mujeres. Frente a ello plantea experiencias con robótica escolar cuya efectividad puede ser medida antes de decidir su expansión.

Algo semejante ocurre con los programas intensivos de recuperación de aprendizajes. La intervención fue evaluada, rediseñada a partir de sus resultados y nuevamente evaluada. Según la evidencia presentada, cada dólar invertido en esta modalidad genera aproximadamente un 50%  más de aprendizaje que la repetición de grado.

Detrás de esos ejemplos aparece una idea de enorme importancia institucional. Un Estado moderno no es solamente aquel que ejecuta políticas. Es aquel que aprende de ellas.

Esto supone sistemas de información capaces de seguir resultados, conectar registros administrativos, generar evidencia y corregir decisiones. Es una concepción directamente vinculada con la arquitectura que comienza a proponerse para META 2036 mediante observatorios de habilidades, seguimiento de egresados, análisis de empleabilidad y mecanismos permanentes de retroalimentación entre educación y producción.

Sturzenegger y las restricciones que nosotros mismos construimos

Federico Sturzenegger colocó sobre la mesa una tercera dimensión. Las economías no solamente tienen dificultades para producir nuevas capacidades. También acumulan normas, procedimientos y estructuras que terminan restringiéndolas.

La experiencia argentina propone revisar la regulación desde una pregunta anterior a cualquier discusión técnica sobre cómo mejorar una norma. Antes debe preguntarse si esa norma debería existir.

El enfoque presentado combina desregulación, eliminación de barreras de entrada, fortalecimiento de la competencia, transparencia del gasto y revisión de protecciones que pueden terminar beneficiando intereses particulares en lugar del interés general.

Esta discusión es especialmente relevante para la productividad dominicana. De poco serviría formar nuevos técnicos, desarrollar capacidades digitales, atraer inversiones o preparar sectores de manufactura avanzada si las empresas encuentran después procesos administrativos concebidos para una economía diferente.

La transformación productiva requiere también transformación institucional.

Esta es probablemente una de las contribuciones que el Consejo Nacional de Competitividad puede incorporar con mayor fuerza a su discurso. Competitividad no significa solamente ofrecer incentivos o mejorar posiciones en indicadores internacionales. Significa identificar sistemáticamente aquellos costos, regulaciones, tiempos e instituciones que reducen la capacidad de producir, innovar, invertir y competir.

De aprender de otros a aprender con otros

La coincidencia entre estas tres miradas resulta notable. Velasco habla de productividad y sofisticación. Kremer propone experimentación y aprendizaje institucional. Sturzenegger coloca el foco sobre las restricciones que el propio Estado puede imponer al desarrollo.

META 2036 comienza a reunir precisamente esas dimensiones.

Pero existe una consecuencia adicional que debería formar parte de la narrativa dominicana hacia la próxima década.

Durante mucho tiempo la relación internacional de la República Dominicana con organismos multilaterales, universidades y países desarrollados se construyó fundamentalmente desde la posición del receptor de conocimientos. El país debía observar experiencias exitosas, aprender de ellas e intentar adaptarlas.

Ese paradigma comienza a resultar insuficiente y a quedar obsoleto.

La República Dominicana llega a esta conversación después de un prolongado ciclo de crecimiento, con una plataforma de zonas francas que supera los 200,000 empleos, capacidades logísticas importantes, una industria turística de escala internacional y nuevas oportunidades vinculadas con manufactura avanzada, electrónica, dispositivos médicos y servicios modernos. Al mismo tiempo, enfrenta problemas que siguen siendo considerables, entre ellos informalidad, baja productividad, desigualdad territorial y brechas educativas.

Precisamente esa combinación convierte al país en un laboratorio especialmente interesante de desarrollo.

El modelo territorial presentado en el Foro por el Banco Interamericano de Desarrollo confirma esta posibilidad. La propuesta identifica 76 nodos, 15 polos de crecimiento, 6 corredores y 6 regiones de desarrollo que permitirían conectar capacidades productivas, talento e inversión de una manera mucho más granular. Incluso plantea que la identificación de demanda empresarial debe preceder al diseño de determinados programas de formación, articulando habilidades, inversión y territorio.

Es una agenda que puede ser observada desde fuera, evaluada y eventualmente replicada.

La República Dominicana debe continuar aprendiendo de las mejores experiencias internacionales. Sería absurdo pretender lo contrario. Pero después de décadas de crecimiento y construcción institucional, corresponde avanzar desde una lógica exclusivamente centrada en aprender de otros hacia una lógica de aprendizaje entre pares.

El cambio parece semántico, pero no lo es.

Supone participar de la conversación internacional desde una posición distinta. Preguntar qué hicieron otros países, pero también documentar qué ha funcionado en República Dominicana. Recibir expertos internacionales, pero también convertir las experiencias dominicanas en conocimiento transferible. Utilizar META 2036 para alcanzar los objetivos propios, pero también para construir una agenda que pueda dialogar con América Latina y el Caribe.

Quizás ese haya sido uno de los mensajes menos evidentes y más importantes del Foro. Que Kremer, Velasco y Sturzenegger hayan venido a Santo Domingo para conversar sobre el futuro dominicano demuestra cuánto puede aprender todavía el país. Que algunas de sus principales preocupaciones coincidan con las preguntas que META 2036 ya comenzó a formular demuestra también algo diferente.

La República Dominicana ya no tiene por qué limitarse a preguntar qué puede aprender del mundo. Ha llegado el momento de comenzar a preguntarse, también, qué puede aprender el mundo de la República Dominicana.

Enrique Darwin Caraballo

Licenciado en Ciencias Políticas, maestrías en Negocios y Administración, Innovación y Emprendimiento, diplomado en investigación social, machine learning, relaciones públicas y planificación de políticas públicas. Miembro del Consejo de Directores de UNICARIBE. Director Ejecutivo de EDUCA República Dominicana 2012-2025; Desde 2015 secretario del GPCN, una Usina de Pensamiento que reúne a los principales lideres empresariales de la República Dominicana. Desde 2020, miembro del Gabinete Presidencial de Educación. Desde 2024 Advisor Officer en Tavares Group. Entre 2004 y 2012 fungió como consultor senior y funcionario de organismos multilaterales y, organizaciones de los sectores público y privado de 17 países Latinoamericanos. Ha contribuido al Desarrollo a través del diseño, la coordinación y la gestión de múltiple políticas públicas y programas. Experiencia en la definición de marcos normativos, en gerencia pública y privada, en la evaluación de políticas, financiamiento y gestión y administración de carteras de crédito multilateral.

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