En apenas un mes y unos días de este año han ocurrido hechos que cambiarán la vida de esta generación y de las venideras, y que podrían marcar un antes y un después en la historia de la humanidad.
Esos hechos ocurren por la interacción entre el individuo y su contexto. Los individuos responden a su historia, a su estado emocional, a sus relaciones sociales y a la defensa de sus intereses, y el promedio actúa impulsado fundamentalmente por tres factores: el poder, el dinero y el sexo, los cuales suelen imponerse sobre la ideología y los principios.
En cuanto al contexto, la realidad es cambiante y no tan sólida como se cree. Según demostró el psicólogo Kahneman, lo que se ve no es todo lo que existe. En el escenario global, resaltan la guerra entre Rusia y Ucrania, el comportamiento del presidente estadounidense, lo sucedido en Venezuela, los cambios que están ocurriendo en el actual orden mundial, entre otros.
Voy a poner un ejemplo. Esta semana ha concluido un acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y la India, que llevaba más de veinte años gestionándose, con largas pausas. Se trata de un acuerdo entre gigantes: el más amplio y ambicioso logrado por las partes. Fortalecería los lazos políticos y económicos entre la segunda y la cuarta economía más grande del planeta, según los involucrados. Todavía está pendiente la aprobación por parte de varias instancias de la Unión Europea y de la India, pero tiene altas posibilidades de éxito.
Las raíces de la Unión Europea se remontan al final de la Segunda Guerra Mundial, en los años cuarenta, aun cuando fue fundada formalmente en los noventa. Está compuesta por veintisiete Estados, encabezados por Alemania, Italia, Francia y España, entre otros. Este acuerdo impactará a una población cercana a los dos mil millones de personas: aproximadamente 1,550 millones en la India y 450 millones en la Unión Europea. En conjunto generan cerca de 18 billones o 18 mil millones de millones de euros en bienes y servicios: productos agroalimentarios, maquinarias y automóviles del lado europeo, mientras que la India aportará principalmente mano de obra y productos de las industrias farmacéutica y química.
Estas integraciones entre países mediante acuerdos internacionales son muy importantes porque han servido para alejar el fantasma de la guerra, promover el desarrollo económico y social, y estabilizar las relaciones entre naciones, especialmente en esta era en la que languidecen organismos como la Organización de las Naciones Unidas y la Organización de Estados Americanos.
En el plano político, estos acuerdos también son muy significativos. Bastaría citar el impacto que habría tenido el acercamiento de Estados Unidos y Cuba, o de los presidentes Bill Clinton y Fidel Castro en 1998, o entre Barack Obama y Raúl Castro en 2014. Seguramente se habría evitado parte de la pobreza extrema, y el desplazamiento y la migración de tantas personas en Latinoamérica, puesto que el castrismo y el chavismo no hubieran continuado tan aislados del mercado mundial. No quiero decir que la apertura de China y Rusia sean maravillosas, pero al menos libraron de la muerte, a causa de la bancarrota económica, a grandes poblaciones humanas, pero esa es otra historia.
El mundo atraviesa un momento definitorio. Las decisiones políticas y económicas tienen consecuencias profundas sobre la vida de millones de personas. Los acuerdos entre naciones deberían colocar en el centro al ser humano, en particular a los más necesitados, y no tanto a la circulación de mercancías; priorizar el fortalecimiento de la dignidad y los derechos humanos, y reducir las desigualdades que prevalecen en el mundo de hoy.
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