En la medida en que el nuevo orden mundial intenta reconfigurarse, las políticas de apertura y cooperación entre naciones parecen retroceder. En ese intervalo, la ultraderecha avanza en países que comparten un pasado común: las dictaduras. Estas últimas —que se supone— quedaron en el pasado. Hoy, el ejercicio democrático más importante, que son las elecciones, les abre las puertas a gobiernos de corte autoritario.

Con el ascenso de José Antonio Kast en Chile, el país se inscribe dentro de esta ola regional, marcada por la retórica proteccionista, que como se observa en Ecuador, El Salvador y Argentina, intentan "reparar" estas naciones con fisuras generacionales —manifestadas— en una gran deuda social pendiente. ¿Pero qué sucede en Latinoamérica para que el péndulo electoral oscile entre democracia y autoritarismo?

En parte, es el aumento de la desesperanza lo que provoca que estos pueblos se inclinen hacia proyectos carentes de planes concretos sobre el abordaje real de sus diversos males sociales, así como el fracaso reiterado de las instituciones emblemáticas, soporte vital democrático. Simplemente, el pueblo se inclina por modelos de gobierno que mienten sobre el impulso de procesos de transformación social. De manera que, cuando estos se confrontan con la realidad, se ven forzados a emigrar.

Según la Oficina Regional para América Latina y el Caribe (OIM), en la última década el número de personas migrantes en América Latina y el Caribe aumentó de 14,3 millones en 2020 a 17,5 millones en 2024, lo que representa un incremento del 23 % (UNDESA, 2024). Es por eso la cada vez más normalizada tendencia de gobiernos que, como el de Kast, nos confronta con ese pasado común.

La región emigra de sus naciones ante el enfado de no poder restablecerse de los crímenes de guerra, la persecución y los presos políticos, así como de la gente desaparecida, la corrupción y del sacrificio de militares y civiles que lucharon por esos países, donde el concepto de participación ciudadana ya no existe porque se coarta la libertad de expresión.

Los derechos humanos se violentan y la rendición de cuentas es un monólogo diseñado para llenar requisitos institucionales. Esto se traduce en altos niveles de descontento social y deserción, y en el malestar que experimenta la región en la actualidad, con candidatos de perfiles que celebran la anarquía y la confrontación entre sus instituciones.

La democracia en la región está de luto si continúa adhiriéndose a gobiernos que aumentan el malestar ya predominante en la zona y que no favorecen el surgimiento de líderes a la altura de las necesidades actuales. Sin el surgimiento de un joven liderazgo que nazca de las entrañas de esas sociedades ahogadas en sus deudas externas, con sistemas de salud, justicia y educación colapsados, el futuro es incierto.

E improbable el nacimiento de jóvenes que emerjan de las comunidades afectadas y que se comprometan con sus países para afrontar la problemática, sin dejarse seducir por las corporaciones dispuestas a comprar y callar las voces de quienes se atrevan a retar el sistema. Los países de la región necesitan una sacudida que mueva todos los cimientos comprometidos con la corrupción y un nacionalismo absurdo en una época de apertura global.

Ojalá en la región se construyeran proyectos educacionales para el surgimiento de una generación de jóvenes pensantes y comprometidos con sus naciones, y que estos gobiernos de tendencia segregacionista quedaran en el pasado. Pero ese no es el caso.

Miosotis Ledesma de Jesús

Abogada y comunicadora

Miosotis Ledesma es abogada, comunicadora y trabaja en relaciones publicas,

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