La observación sobre cómo discurren las relaciones sociales en República Dominicana en las escuelas, las empresas, las familias, las organizaciones políticas, económicas y culturales, permiten constatar que la población que posee características físicas de origen claramente negro, se ubican mayoritariamente en condiciones de desventaja.
La población de origen afroamericano continúa asentada en los sectores más desfavorecidos y realizando los trabajos menos remunerados. Esto es evidente en las ocupaciones ejercidas por los miembros de la familia Pulá que todavía en 20014, muchos de ellos se desempeñaban como vendedores de carbón, trabajadores de pompas fúnebres, buhoneros, masajistas, amas de casa, policías, vendedores de billetes, entre otros oficios propios de la marginalidad económica.
Las restricciones legales y sociales que estableció la empresa colonial mantuvieron y aún mantienen a los sectores desposeídos en calidad de víctimas de complejos procesos que conducen tanto a su descalificación como a su auto descalificación.
Este proceso, que inició privándoles de las condiciones básicas para su desarrollo, luego los responsabilizó por ello, adjudicándoles las más variadas descalificaciones: moralmente débiles, intelectualmente pobres, políticamente inmaduros y religiosamente ingenuos. Esta práctica social de alienación, arrojó como consecuencia, formas de percepción distorsionadas acerca de la negritud, que condujeron a considerar como natural una realidad que solo era social.
La apariencia física marcadamente negroide, es otro rasgo distintivito de la familia Pulá. Evidenciado no solo sus orígenes africanos, sino también el tipo de uniones familiares que establecieron dentro de su mismo contexto socioeconómico. Este contexto difícilmente les permitió, sobre todo a los hombres, relacionarse afectivamente con mujeres de piel clara.
El endorracismo existente en la América colonial y postcolonial es un complejo e imbricando procesos de auto descalificación en tanto se trata de un fenómeno de impuros -recordemos el estatuto de limpieza de sangre- disputándose probables grados de pureza. El endorracista valora negativamente en los otros, rasgos que también él posee, pero que al mismo tiempo no quiere poseer. Práctica que, sobre todo, el mulato dominicano de ínfulas hispanas, adoptó casi como religión.
La familia Pulá no se encuentra ajena a este fenómeno. Al principio de esta investigación, en el proceso de recopilación de información, una de las ramas familiares sostenía con vehemencia la teoría de que el apellido Pulá había llegado a San Cristóbal a través de la clásica historia del padre y el hijo, y que habían llegado directamente de Francia, posiblemente Lyón. Misma rama que siempre trató de minimizar las evidencias fenotípicas de la familia, atribuyéndole la responsabilidad de nuestro color de piel a la esposa del “primer francés”, a quienes llamaban “la mulata”.
No sabemos si el vínculo entre los Pular que registra Larrazábal Blanco en Familias Dominicanas y los que registran los legajos de San Cristóbal de los Ingenios es de consanguinidad, presumimos que no. Podría ser una relación de amo-esclavo. Otra hipótesis es que, en este caso, provenga del apelativo étnico Pular, referente a los Fula.
Lo que sí causa sorpresa es que tan tarde como en 1837 y en plena Ocupación Haitiana se esté utilizando el apelativo referente a la etnia de procedencia tanto en el caso, presumiblemente de Ramón Bautista Pular como de Petronila Carabalí.
Los datos recogidos sobre la familia Pulá, tanto orales como escritos, posibilitan presumir una relación de consanguinidad entre Ramón Bautista Pular, primera persona registrada con el apellido Pular, cuyo origen de procedencia se sitúa en Guinea y Estebanía Pular, la primera gran matriarca de los Pulá, que hoy residen en San Cristóbal, Santo Domingo y La Romana.
La poca movilidad geográfica de los Pulá, quienes se encuentran en la provincia sureña de San Cristóbal, al menos desde principios del siglo XIX (San Gregorio de Nigua, Malpaez, Cambita, Sainaguá, Caña Andrés, Ingenio nuevo y Los Bajos de Haina) avala muchas de las historias orales de los vínculos de la familia con los ingenios y trapiches.
Ana Santiago Pular, ha sido la gran figura de los documentos de carácter legal y eclesiástico de la familia, heredó el apellido de su madre: Estebanía Pular y les legó el apellido a todos sus hijos. Mejor conocida como Chago, la comadrona de Malpaez, Ana Santiago, junto a su madre Estebanía Pular son las dos grandes matriarcas de la familia. Ana, aparece en diferentes documentos, como madre, como abuela, como testigo y como partera.
Los Pulá, una de las primeras familias dominicanas que logra un acercamiento genealógico a sus raíces africanas, por medio al hallazgo del acta matrimonial de Ramón Bautista Pular, nacido en Guinea y Petronila Carabalí.
Él de padres desconocidos y ella de padres fallecidos. Su matrimonio se efectuó en San Cristóbal el 10 de abril de 1837. Es muy probable que hayan sido de los últimos esclavos llegado a la isla. Sin duda alguna, dentro de la población de origen africano, el eslabón más bajo de la pirámide social.
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