La festividad del Día de las Maestras y de los Maestros de la República Dominicana coincide, en este tiempo, con el proceso de consulta que realizan los ministerios de Educación; de Educación Superior, Ciencia y Tecnología; de Administración Pública y el Instituto de Formación Técnico Profesional. Esta coincidencia les ofrece a los educadores: preguntas, espacios y referentes para un discernimiento lúcido que les permita un análisis de su trayectoria y una toma de posición ante la transformación que se proponen. Esta ocasión les permite, también, aportar, desde sus necesidades específicas y su visión, sobre el tipo de formación que requieren, su participación en la definición de las políticas educativas que impactan su desempeño docente y sobre qué rol debe jugar en la reestructuración de la propuesta curricular vigente.
El proceso de consulta se presenta como una gran oportunidad, además, para que los docentes replanteen las condiciones que los mantienen al margen de políticas de investigación y de innovación; de metodologías que les ofrezca nuevas formas de aprender y de enseñar desde las claves del mundo actual. Tienen la responsabilidad de descartar las metodologías que los condenan a la práctica de una racionalidad instrumental, contraria a la democracia educativa, a la reflexión crítica y proactiva. Asimismo, es un período para que los docentes ejerciten su capacidad de proponer iniciativas que sometan su profesión a un rigor sostenido. Debe ser un rigor que descarte la profesión docente como puente para estudiar la carrera que en verdad interesa, que elimine el ejercicio docente como la vía óptima para una jubilación segura.
En esta fiesta de las maestras y de los maestros cuentan, además, con oportunidades para hacer de la consulta una cita que les permita presentar propuestas con objetividad y compromiso; que contribuyan con programas y políticas que respeten y favorezcan la institucionalización de la carrera docente. Esta profesión requiere más respeto y atención. Sólo así, dejará de ser un tributo a los que se desempeñan mejor en las campañas electorales, en el tejido relacional de los partidos y en la cultura del tráfico de influencias. Tomar en serio la consulta aporta a los docentes una ocasión privilegiada para dar a conocer a la sociedad y a las autoridades qué pueden hacer para que las falencias actuales de los aprendizajes de los estudiantes y de los docentes mismos puedan ser transformadas.
Es el tiempo oportuno para que los docentes propongan programas, proyectos y tipos de políticas que los pueden ayudar a avanzar en la alfabetización tecnológica y en la alfabetización en Inteligencia Artificial. Estas alfabetizaciones son necesarias, si se continúa pensando en introducir cambios en la formación docente y en la práctica educativa. Estas herramientas son importantes, requieren inversión, acompañamiento y, sobre todo, han de ser revestidas del sentido educativo, ético y del humanismo demandado por la sociedad.
En sus aportes a la consulta, los docentes pueden aprovechar el espacio para proponer formas innovadoras y humanizante para revertir la violencia y la deshumanización que corroe el aula, el centro educativo y el contexto universitario, tanto en el sector público como en el privado. Se avanza hacia la cosificación de los actores y hacia la delincuencia educativa, que no se retrae para violentar las normas establecidas, la cultura propia de una entidad educativa y la ética que debe acompañarla en sus diferentes acciones. Es un momento propicio para demostrar que aman la educación; que desean mantenerla viva y productiva para el desarrollo del país.
La consulta constituye un medio excelente para que los docentes presenten propuestas que relancen la gobernanza en el aula, en el centro educativo y en el ministerio que se constituya. Sus aportaciones pueden contribuir a la mejora de un liderazgo más participativo, inclusivo y ético en el sector educación. En estas propuestas, el docente no puede dejar de mirarse a sí mismo para identificar qué y cuánto aporta para que su liderazgo sea un cauce de transformación y de ejercicio democrático. La celebración del día de las maestras y de los maestros ha de convertirse, en este 2026, en un discernimiento esperanzador y, al mismo tiempo, interpelante y propositivo.
Deben alejar de sí todo elemento distractor. Han de ir al foco de la consulta para que la formación y la profesión docente fortalezcan la calidad, la actualización y la rigurosidad. Sus aportaciones han de prestar atención, también, a las relaciones del Ministerio de Educación que se instituya y la Asociación Dominicana de Profesores. Hay que Aportar para que estas relaciones, además de ganar en calidad, se comprometan con un sistema educativo justo, innovador y respetuoso de la institucionalidad.
La celebración del Día de la Maestra y del Maestro de este año ha de articular alegría festiva, discernimiento y compromiso sin vacilaciones. Los docentes han de tejer redes de solidaridad, de aprendizajes entre pares y de corresponsabilidad social y educativa. Muchas felicidades para todos.
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