En nuestro artículo anterior planteamos que la red de servicios de salud mental se debe organizar en base a un modelo comunitario que coloca como eje esencial la asistencia de las personas en los establecimientos de atención primaria (UNAP), y al Centro de Salud Mental Comunitario (CSMC), en el segundo nivel de atención, como el eje articulador de la Red de salud mental en el ámbito territorial.
La prestación del CSMC está fundamentada en el enfoque territorial y poblacional centrada en la comunidad. Busca fomentar la promoción y prevención de la salud mental, así como la continuidad de cuidados de la salud de las personas, familias y colectividades con trastorno mental y problemas psicosociales en un cada territorio, con la participación protagónica de la familia y de la propia comunidad.
Son servicios socio-sanitarios de atención secundaria y ambulatoria que deben garantizar el tratamiento y la adherencia al mismo, y la rehabilitación individualizada, bajo un enfoque de respeto de los derechos humanos. El paciente puede ser referido desde la UNAP o desde el hospital. Desde este último, si ha sido objeto de cuidados en una Unidad de Intervención en Crisis (UIC), y luego que el servicio de consulta externa determine la finalización de la causa que provocó el ingreso.
Como hemos podido inferir del párrafo anterior, el trabajo del hospital que tiene una UIC y ofrece servicio de consulta externa psiquiátrica es puntual: debe intervenir en la urgencia, es decir, en resolver la crisis; verificar posterior al alta, en la consulta externa, que efectivamente el paciente remitió en su afección, para a seguidas, enviar el paciente al CSMC que le corresponde según la zona territorial donde resida.
Es responsabilidad del CSMC, con su equipo multidisciplinario, fidelizar en el paciente el uso continuo de su tratamiento para evitar prontas recaídas, realizar actividades con las familias y el entorno comunitario para hacer sostenible la mejoría del paciente, a la vez que trabaja en la inserción comunitaria y laboral del mismo. De este modo, a la vez que fortalece el primer nivel de atención, porque cada persona que visita al CSMC, vino referido del censo que dispone la UNAP, activa la red social y comunitaria de su demarcación.
La atención primaria en salud es una estrategia de salud que se ejecuta a través de todos los establecimientos que componen la red de servicios y que requiere la participación de las comunidades en la adopción de decisiones acerca de la producción, atención y protección de la salud. En lo que respecta a la atención primaria en salud mental, de manera específica, esta red de servicios, además de la UNAP, el CSMC, el hospital con su UIC y su consulta externa psiquiátrica y/o psicológica, contempla otros servicios, que son únicos y exclusivos para la atención de personas con condición de salud mental, como lo son el Hospital de Día, el Centro de Rehabilitación Psicosocial, ambulatorio o no, y los Centros Residenciales (hogares de paso, viviendas tuteladas y viviendas supervisadas).
El Hospital de Día en Salud Mental es un servicio de salud mental estructurado como un recurso intermedio entre las unidades de intervención en crisis y los centros de salud mental comunitarios. Presta una atención especializada en régimen de hospitalización diurna, de media o de una jornada, a pacientes derivados de la red de salud mental; allí, la persona recibe técnicas las terapéuticas que requiere, mediante el desarrollo de programas individualizados de atención, sin necesidad de abandonar su entorno familiar y comunitario. Participa en el diseño de programas comunitarios de atención a pacientes de alto riesgo o con trastorno mental grave y su familia, en común acuerdo con el centro de salud mental comunitario u otro servicio de salud mental.
El Centro de Rehabilitación Psicosocial es un dispositivo socio-sanitario que puede ser ambulatorio o de mediana y larga estadía, dirigido a personas con trastorno mental que requieren llevar a cabo procesos de rehabilitación individualizados con la finalidad de recuperar el mayor grado de autonomía personal y social, promover su mantenimiento e integración en la comunidad, así como apoyar y educar a sus familias, bajo un enfoque de respeto de los derechos humanos. Se busca su reinserción en la comunidad, así como su integración civil y laboral.
Los Hogares de Paso son estructuras habitacionales con capacidad para tres o cuatro personas, agrupadas de acuerdo con la edad, sexo y condición de salud física y mental y cuentan con el acompañamiento del personal de salud de los servicios disponibles en la localidad. Buscan ofrecer entrenamiento en habilidades de la vida diaria, autonomía y convivencia comunitaria a personas con trastorno mental crónico que cuentan con apoyo familiar. Una vez que la persona desarrolle acciones que faciliten su convivencia familiar y reinserción social, será integrada a su familia de origen, garantizando un flujo de entrada y salida de las personas de los hogares de paso.
Las Viviendas Tuteladas son dispositivos que ofrecen un marco residencial muy flexible para dar respuesta a las necesidades de alojamiento y soporte residencial de las personas con discapacidad derivada de una enfermedad mental grave de curso crónico. Les asiste un equipo multidisciplinario que trabaja con objetivos de mejora de la autonomía y funcionamiento, y de promoción de la integración y normalización.
Las Viviendas Supervisadas constituyen un recurso comunitario de alojamiento y soporte social ubicados en viviendas en las que conviven personas afectadas de enfermedad mental grave y de curso crónico, que cuentan con un nivel aceptable de autonomía y que tienen dificultades para cubrir de un modo independiente sus necesidades de vivienda. Se ofrece alojamiento, apoyo personal y social, apoyo a la rehabilitación e integración, así como una supervisión flexible y continuada.
Los componentes del modelo de atención integral en salud mental actúan en red, en donde el centro de salud mental comunitario coordina y articula los servicios y programas. El modelo comunitario comprende la atención a la salud mental en los establecimientos de atención primaria, articulados a servicios o centros de salud mental comunitarios, a los centros especializados y hospitales generales y a los centros de rehabilitación y centros residenciales, contando con la coordinación de la mesa de salud provincial y el comité de gestión hospitalario para la mejora efectiva del flujograma de referencia y contrareferencia, la evaluación de las prestaciones y la mejora continua de la calidad de atención en salud mental.
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