El liderazgo estratégico en la educación superior tiene implicaciones diversas en el ejercicio de la función educativa. Si se quiere ofrecer un servicio que trascienda los intereses propios, este modo de liderar ha de ejercerse tomando en cuenta las claves que le dan sentido y direccionalidad. De estas claves, cabe destacar aquellas que tienen una incidencia especial en la vida de las instituciones de educación superior. Influyen, por su relevancia en el desarrollo integral de los estudiantes, de los docentes, de los gestores y del personal administrativo. Además, inciden en la construcción de una cultura institucional inclusiva, democrática y productiva, que se manifiesta en:

  • La identificación afectiva y efectiva con la misión de la institución o instancia que lidera. La identificación con la institución no puede ser solo un deseo, tiene que experimentarse integralmente. De este modo, lo que vive, sufre y espera la institución constituye un elemento vital en la vida y en la agenda de la persona que ejerce el liderazgo. Por el contrario, si no se desarrolla la identificación afectiva y efectiva con la institución, será muy fácil actuar al margen de las directrices institucionales y asumir la cultura de la discrecionalidad en la que cualquier acción se considera válida.
  • La atención a las relaciones abiertas y a la confianza básica. Un liderazgo estratégico efectivo crea condiciones para que la distancia entre él y los actores de la institución sea lo menos distantes posible. Le dedica tiempo a la creación de confianza básica en las personas y en las instancias organizativas. Sin esta confianza, los actores desarrollan miedo y disminuyen la productividad y la capacidad creativa. Las instituciones en las que la confianza básica es precaria desarrollan, en los actores, una actuación insegura y alejada de la libertad personal e institucional. El asegurar la confianza básica es un proceso fundamental para que los actores afirmen su transparencia y autenticidad.
  • La atención a la humildad académica y de gestión. Esta clave requiere mayor atención en la educación superior del país. La figura de la rectora o del rector, sin que pierda autoridad, ha de ser asequible a todos, no a un sector exclusivo. La humildad académica subraya que el líder institucional puede aprender de los demás y que su saber debe estar abierto a revisión y a actualización constante. Asimismo, enfatiza en la necesidad de asumir el liderazgo como una oportunidad para ser mejor persona y contribuir para que la institución avance. Este avance ha de producirse en el ámbito humano, en el científico, en el tecnológico y en el social.
  • Liderazgo basado en el ejemplo. Es una clave importante; porque no basta el discurso, es necesario que las prácticas muestren lo que son los líderes de las instituciones de educación superior (IES). El liderazgo que se asume desde esta perspectiva exige que el líder salga de sí mismo para construir con otros el bienestar de todos. La postura narcisista obstaculiza la construcción compartida y la apertura a nuevos aprendizajes, a los cuales debe estar abierto un liderazgo con visión estratégica. Los actores de las instituciones deben aprender de las buenas prácticas de sus líderes. Estos han de desplegar esfuerzos para establecer coherencia entre sus planteamientos teóricos, las acciones y los procesos que impulsan.
  • Compromiso por una sociedad más democrática, justa e igualitaria. En este marco, esta clave considera que el liderazgo de las IES debe aportar referentes motivadores que impulsen a los actores en esta dirección. Las IES deben estar en permanente diálogo con la realidad local e internacional para conocer, analizar e intervenir proactivamente para el fortalecimiento del desarrollo soci Estas instituciones deben realizar un análisis de la dimensión democrática de su estructura organizativa y de su política para la toma de decisiones.
  • Realización de una revisión reflexiva de los canales que utilizan para garantizar, en la institución que lideran, la instauración de una cultura que promueva un ejercicio ciudadano crítico y comprometido y una participación interna que le abra espacio a voces y a talentos plurales. Constituye una prioridad el impulso a la alternancia en el ejercicio de las funciones, en las representaciones institucionales y sociales. Los tiempos actuales no admiten, en las IES, la sacralización de unos actores y la marginación de otros. La participación activa y con significado debe ser derecho de todos.

Esta última clave le otorga una importancia relevante al liderazgo estratégico efectivo que prioriza los cuidados y los apoyos necesarios para que los actores eleven la productividad científica.  Asimismo, priorizan la apropiación de los aportes de las tecnologías de la información y comunicación; y para el desarrollo y la integración de éstas, de forma orgánica, a la causa de la institución y a la solución de problemas que afectan a la sociedad dominicana. El liderazgo estratégico efectivo que funciona de esta forma en las IES no solo forma, sino que transforma vidas, los contextos y los modos de conocer y aprender.

Dinorah García Romero

Educadora

Rectora del Instituto Superior de Formación Docente Salomé Ureña, ISFODOSU. Exrectora del Instituto Superior de Estudios Educativos Pedro Poveda (ISESP). Miembro de Número de la Academia de Ciencias de la República Dominicana. Miembro Titular de la Carrera Nacional de Investigadores. Miembro de la Comisión de Educación de la Academia de Ciencias de la República Dominicana. Investigadora del ISESP. Dra. en Sicología de la Educación y Desarrollo Humano.

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