El tribalismo, como actitud ante la vida, tiende a ofuscar el pensamiento crítico llevando al individuo a incurrir en una serie de falacias o razonamientos incorrectos que entorpecen la interpretación de los fenómenos. Estas son solo algunas de las más comunes en la vida práctica:
- La falacia de argumento al pueblo (argumentum ad populum). La falacia de argumento al pueblo consiste en creer que una afirmación es válida porque la defiende la mayoría, especialmente si pertenece a un grupo propio. No obstante, la mayoría puede estar perfectamente equivocada. Durante mucho tiempo, la mayoría de la gente creyó que la tierra era plana o que la epilepsia era una enfermedad moral.
- La falsa dicotomía (falsum dilemma). Consiste en sostener que, ante una situación donde es posible elegir entre una diversidad de posturas, solo hay dos elecciones, siendo la correcta la que se identifica con el propio grupo. Es la base de esta peligrosa idea: «si no estás conmigo, estas contra mí, o «eres un traidor».
- La falacia del argumento contra el hombre (argumentum ad hominem). Consiste en que, en vez de analizar el argumento en cuestión, se intenta invalidar el mismo atacando a quien lo defiende especialmente si sustenta una concepción del mundo contraria a la del grupo o partido personal. Esto acontece cuando, por ejemplo, se descarta la postura de alguien sobre un determinado tema acusándolo de pertenecer a un determinado partido o de tener intereses espurios.
- La falacia del “tú también” (tu quoque). Íntimamente vinculada a la falacia de argumento contra el hombre, consiste en pretender invalidar la crítica de una persona afirmando que la misma comete la misma falta. Si, por ejemplo, se acusa al partido de un individuo de realizar acciones corruptas, este incurre en la falacia si contraargumenta que el partido contrario también ha realizado dichas prácticas.
- Apelación a la tradición (argumentum ad antiquitatem). Es la creencia de que las costumbres y valores de la tradición del grupo son superiores a las de otras comunidades y que deben ser preservadas de la “contaminación” cultural. Es uno de los argumentos básicos de las posturas xenófobas que no entienden el carácter cambiante, complejo y mestizo de todas las tradiciones humanas.
El tribalismo se apoya en estas y otras muchas formas de argumentar para intentar ganar el pleito dialéctico, no porque le interese un diálogo sincero para mostrar una verdad o para ampliar la comprensión de un fenómeno. El propósito fundamental es la victoria o supervivencia del grupo. Su escala de valores no responde al bien y al mal, sino al éxito y al fracaso. De ahí el peligro de su propagación: articula la polarización política, la crisis dialógica y el fanatismo dentro de nuestras sociedades democráticas, y ha sido una base de sustentación para las acciones más crueles del género humano, desde la tortura y la desaparición de los rivales hasta los distintos holocaustos de la historia humana.
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