Nicolás Maquiavelo nunca escribió que el fin justifica los medios.

El príncipe, redactado alrededor de 1513 y publicado después de su muerte, examinaba cómo conquistar y conservar el poder frente a circunstancias que podían obligar al gobernante a apartarse de las virtudes que proclamaba.

La frase no aparece en su obra. Se parece más a una máxima escrita en 1650 por el teólogo alemán Hermann Busenbaum: “Cuando el fin es lícito, también lo son los medios”. La versión popular eliminó aquella condición y sobrevivió como una explicación sencilla, aunque imprecisa, del ejercicio del poder.

Tres siglos después de Maquiavelo, Ludwig von Rochau acuñó el término Realpolitik. No significaba que cualquier medio estuviera justificado, sino que los ideales políticos debían enfrentarse a las fuerzas reales que determinan lo posible.

Hoy, cuando hablamos de Realpolitik, pensamos en decisiones como estas.

Durante décadas, Canadá fue uno de los aliados más previsibles de Estados Unidos. Ambos países construyeron una de las relaciones económicas más integradas del mundo. Nada de eso impidió que la administración de Donald Trump impusiera aranceles del 50 por ciento sobre unos 20.000 millones de dólares en productos canadienses después del fracaso de sus últimas negociaciones.

Al mismo tiempo, Washington negoció con Venezuela, adversario durante décadas, un acuerdo que concede a intereses estadounidenses un papel determinante en la explotación de una parte considerable de sus reservas petroleras.

El aliado recibió trato de adversario. El antiguo adversario se convirtió en socio. La democracia, el libre comercio y la amistad entre aliados no desaparecieron del discurso. Sencillamente quedaron detrás del petróleo, los aranceles y el cálculo político.

Con Argentina, el principio que espera turno es otro.

Trump llegó al poder proclamando que los recursos de los contribuyentes debían utilizarse primero dentro de Estados Unidos. En 2025, su Departamento del Tesoro abrió una línea de veinte mil millones de dólares para sostener el peso argentino antes de una elección legislativa decisiva para Javier Milei. Trump advirtió que no repetiría el gesto si el proyecto de Milei era derrotado y el país giraba de nuevo hacia la izquierda.

America First podía esperar cuando estaba en juego la continuidad de un aliado ideológico.

La Realpolitik no se limita a los gobiernos. También aparece mientras se disputa el poder.

En junio de 2026, el Congreso español aprobó una moción no vinculante que pedía la dimisión de Pedro Sánchez, con los votos del Partido Popular, Vox, Junts y Unión del Pueblo Navarro. Durante una tarde coincidieron partidos que defienden posiciones antagónicas sobre la unidad territorial de España. No necesitaban resolver esa contradicción; bastaba con suspenderla durante el tiempo que durara la votación.

Todos estos casos responden a una misma lógica. Los principios no se abandonan necesariamente. Se subordinan al resultado que se necesita alcanzar.

Pero una cosa es coincidir por conveniencia táctica y otra distinta reunirse alrededor de un asunto compartido.

En 2005, el filósofo y sociólogo francés Bruno Latour propuso otro término alemán que conviene conocer: Dingpolitik.

Ding significa “cosa”, pero también puede referirse al asunto que reúne a las personas precisamente porque las divide. La Realpolitik pregunta qué permiten las condiciones del poder. La Dingpolitik pregunta qué problema concreto puede sentar alrededor de una misma mesa a quienes no comparten una ideología.

República Dominicana ofrece una posible expresión de esa diferencia.

En mayo de 2025, el presidente Luis Abinader se reunió con los expresidentes Leonel Fernández, Danilo Medina e Hipólito Mejía para discutir la crisis de Haití. Entre ellos existen rivalidades políticas, diferencias partidistas y cuentas electorales todavía abiertas.

No resolvieron esas diferencias ni constituyeron una alianza. Acordaron crear un espacio de trabajo conjunto, convocar al Consejo Económico y Social y promover una política exterior unificada frente a las consecuencias de la crisis haitiana.

Los reunió el asunto, no la ideología.

Eso es Dingpolitik: reconocer que un problema puede ser demasiado importante para pertenecer exclusivamente al gobierno o a la oposición.

La Realpolitik subordina los principios al resultado que conviene. La Dingpolitik permite que quienes piensan distinto se reúnan alrededor de problemas concretos sin fingir que están de acuerdo en todo lo demás.

La ideología no siempre desaparece. A veces solamente espera turno.

Las cosas hay que llamarlas por su nombre.

Pedro Tocuyo

Pedro José Tocuyo es periodista, publicista y estratega en comunicación. Colabora con organizaciones de la industria turística en proyectos de comunicación y mercadeo, experiencia que enriquece su mirada como columnista de política, economía, sociedad y tecnología en medios internacionales.

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