El mundo se encuentra en ebullición. Guerras y conflictos amenazan la paz mundial, y en particular los viejos equilibrios en el arco antillano desde México hasta Venezuela. Los antillanos heredamos una idea que hoy debe convertirse en un proyecto firme. Formulada por Ramón Emeterio Betances, padre de la patria puertorriqueña, en la segunda mitad del siglo XIX, la idea de la necesidad de unir a las viejas colonias españolas de las Antillas Mayores, Cuba, Santo Domingo y Puerto Rico en una Confederación Antillana, de forma de asegurar su independencia y prosperidad. Betances, quien encabezó el Grito de Lares, era hijo de padres dominicanos nacidos en el Santo Domingo español en el convulso inicio del siglo XIX, resumido en la consigna "Las Antillas para los antillanos".
Como describieron grandes pensadores antillanos posteriores a Betances, como Juan Bosch y Eric Williams, entre otros, el Caribe o las Antillas es una frontera imperial. Lo fue ante los imperios europeos que dominaron la región desde el siglo XVI —España, Francia e Inglaterra—, como lo es desde el siglo XX frontera del imperio anglosajón de América del Norte. La conformación actual geopolítica de las naciones y Estados antillanos es muy variada. Desde territorios todavía coloniales incorporados por viejas potencias coloniales con distintas denominaciones, territorios neocoloniales a distintos niveles y repúblicas independientes también a distintos niveles. La idea de Betances, retomada por Martí y los restauradores dominicanos, debe convertirse en una realidad adaptada al siglo XXI con algunas modificaciones.
Se requiere de una Confederación de las Antillas, incorporando a Cuba, Jamaica, Puerto Rico, Haití y Santo Domingo o República Dominicana (1). También deberían iniciarse este proyecto incorporando las nuevas repúblicas de las Antillas Menores, como la República de Trinidad & Tobago, la República de Barbados, o la Mancomunidad de Dominica convertida en república en 2025, entre otras. También son repúblicas, aunque no antillanas, Guyana (República Cooperativa) y Surinam (República de Surinam), siendo la Guayana Francesa una colonia de Francia o departamento de ultramar de la República Francesa. En resumen, a cierto nivel debería contemplarse la unión de la Confederación de las Antillas y la Caribbean Community (Caricom) en un solo ente federal con el español, el inglés, el francés y criollo, y el neerlandés como idiomas oficiales.
La creación de la Confederación de las Antillas debe poner como prioridades la pacificación de Haití y el reforzamiento de sus fuerzas de seguridad; la creación de un Estado independiente en Puerto Rico y la cooperación con Cuba para romper su bloqueo y ayudar a una transición de su economía a una economía socialista de mercado y el desarrollo de la iniciativa privada en las condiciones de la revolución. En resumen, un socialismo con características cubanas. China lo logró, Vietnam y Laos también. Es un proceso puramente cubano en el que sus hermanos antillanos deben ofrecer toda su cooperación y asistencia y, viceversa, aprender del sistema de salud, educación e investigación cubanos.
Los Estados Unidos de América tienen más conveniente un Puerto Rico independiente en un proceso a ser definido, que una larga agonía del actual estatus del Estado Libre Asociado (ELA). La Confederación de las Antillas debería adoptar una política de neutralidad activa, en la cual el Estado confederal no se alinea con ninguna potencia o superpotencia, pero participa activamente en el escenario global con el objetivo de defender sus propios intereses y promover la paz y la cooperación. La Confederación tendrá una política de mediación y pragmatismo en las relaciones internacionales. Al poseer en principio los accesos o salidas desde el Canal de Panamá y el océano Atlántico, y tener la mayoría de las aguas territoriales del mar Caribe, deben inscribir en su política exterior la neutralidad perpetua de las aguas del Caribe, la no intromisión en los asuntos internos de otros países, la desnuclearización del mar Caribe, y junto con Venezuela, Colombia, las hermanas naciones de América Central y México apoyar la restitución por Francia y Estados Unidos de la doble deuda de la independencia de Haití, que interrumpió la posibilidad de desarrollo de esa nación.
También la Confederación se unirá activamente al reclamo de Caricom de compensaciones por la trata transatlántica y la esclavitud en general, declarada por la Asamblea General de las Naciones Unidas como el mayor genocidio de la historia de la humanidad, lo cual costó decenas de millones de vidas, sufrimiento y privaciones a los africanos arrancados forzadamente de sus tierras por un espacio de casi 400 años. La demanda de Caricom se centra en un Plan de Diez Puntos para la justicia reparadora que busca compensar el subdesarrollo económico, social y educativo heredado de la esclavitud. Las fases de dicho plan exigen a las potencias europeas (Reino Unido, Francia, Países Bajos, Portugal y España) obtener: a) una disculpa formal; b) un programa de repatriación de descendientes que así lo quieran; c) una compensación financiera al daño histórico de las secuelas del colonialismo; d) cancelación de la deuda externa que permita un alivio o cancelación de la deuda externa que soportan todos los países del Caribe; e) desarrollo institucional y programas educativos para la creación de instituciones culturales y educativas que difundan la verdad sobre la historia colonial e iniciativas para erradicar el analfabetismo, mejorar la salud y el desarrollo económico y social. Un caso especial es la destrucción de los bosques en Haití y Santo Domingo, en particular el primero, que ha sufrido una deforestación masiva. Un programa de restauración de bosques y reservas científicas en Haití requiere de un programa particular de recursos y asistencia a la población.
(1) Según historiadores consultados, Santo Domingo es el nombre del país y República Dominicana es el nombre del Estado.
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