La lectura continua es una buena práctica que podemos compartir desde el equipo técnico del Centro de Atención a Sobrevivientes de Violencia. En los 19 años de servicio que justamente hoy cumplimos, nos hemos mantenido actualizándonos en esta problemática social que cambia y va adquiriendo nuevas formas de expresión en la cultura y las familias. Durante todos estos años hemos estudiado libros, artículos, investigaciones que nos han permitido ir adecuando las intervenciones a los avances de las neurociencias que en las últimas décadas han dado un salto cuántico en la intervención del trauma a través del conocimiento del cerebro que ya hoy tenemos.
El tema que quise abordar el día de hoy lo plantea el Dr. Gabor Maté, médico investigador canadiense que en este momento nos estamos disfrutando su libro “El Mito de la Normalidad. Trauma, enfermedad y curación en una cultura toxica”.
En todo el mundo estamos observando un aumento de las enfermedades autoinmunes, esas que supuestamente “atacan” al propio cuerpo particularmente la esclerosis sistémica que se caracteriza por inflamación de las articulaciones provocándoles debilidad y rigidez que se va cronificando, llegando a afectar a varios órganos y que la medicina tradicional no tiene curación viable hasta este momento. Enfermedades como lupus, esclerosis múltiple, crohn, la artritis reumatoide, fibrosis pulmonar, psoriasis, fibromialgia, diabetes tipo 1, colitis y alzhéimer entre otras, que de seguro cada persona conoce a una o varias que las están padeciendo en este momento y en palabras del autor “son grandes misterios sin resolver de la profesión médica”.
Su propuesta documentada con investigaciones consiste en ampliar la hipótesis de la medicina tradicional de que podrían intervenir factores ambientales, pues está prácticamente descartada ya la razón genética, por la velocidad de los cambios y la incidencia observada por la ciencia.
El aporte es comenzar a tener una visión más abarcadora de los “factores ambientales”, que incluya el estrés por las vivencias, traumas y experiencias de las personas que las padecen. Y es este el punto que nos interesa destacar ya que las estadísticas demuestran que hay un sesgo de género en la manifestación de este tipo de enfermedades en que las articulaciones y los órganos se inflaman. Según se plantea, entre el 70 y el 80% de las personas que viven con enfermedades autoinmunes, son mujeres. La artritis reumatoide y la esclerosis sistémica afecta 3 veces más a las mujeres; el lupus 9 veces más a las mujeres que a los hombres y la tendencia de género en todo el mundo va en aumento.
Ya en el año 1957 el Dr. C.E.G. Robinson con experticia en tratar pacientes con artritis reumatoide planteó, refiriéndose al perfil común de las personas que atendía: “Generalmente se esforzaban mucho por complacer, tanto en los contactos profesionales como en los personales, y ocultaban la hostilidad o la expresaban indirectamente. Muchos de ellos eran perfeccionistas. Creo que el aspecto emocional y psicológico de muchos pacientes reumatoides tiene una importancia prioritaria”.
Mas tarde, en 1965 Solomon, George F. y Moos, Rudolf H. presentaron los resultados de una encuesta de prevalencia para observar la relación entre la personalidad y la presencia de un factor reumatoide en familiares asintomáticos de pacientes de artritis reumatoide. Los resultados fueron “Un autosacrificio compulsivo hacia los demás, supresión de la ira y preocupación excesiva por la aceptabilidad social”. Al leer esto nos percatamos de que justamente estas son las expectativas sociales que ha construido el patriarcado para nosotras las mujeres, de manera que no es casualidad que nuestros cuerpos se inflamen y enfermemos.
En 2013 Briones, L.et al presentaron una revisión de la literatura acerca de la influencia del estrés y los factores psicosociales en la esclerosis múltiple, que planteó los siguientes aspectos:
- Aumento del estrés indeseado o sucesos traumáticos entre 6 meses y 2 años antes del inicio.
- Correlación acumulativa entre el estrés y las recaídas: después de un suceso estresante, el riesgo de recaída se duplica o triplica; si estos sucesos son tres o más, el riesgo aumenta entre cinco y casi siete veces.
- Antecedentes de trauma infantil, que duplican o triplican los de la población general.
- Historial de abuso físico y sexual, que se correlaciona con mayores tasas de recaídas.
- Menor contacto con las propias emociones en general, y por tanto, menor capacidad de protegerse del estrés.
- Apoyo social que mitiga el efecto del estrés vital.
Desde estos años hasta la actualidad son innumerables las investigaciones que corroboran estos resultados.
Si pienso en las casi 10,000 mujeres que hemos atendido en el Centro, en sus historias de violencia cuando eran niñas, donde encontramos todo tipo de abusos, sobre todo sexual; el abandono paterno; la negligencia y una gran sobrecarga de responsabilidad concreta y emocional que limitó su desarrollo y las condenó a recrear en la adultez las violencias vividas.
Si pienso en las mujeres con las que me relaciono, hiperresponsables, sobrecargadas, repletas de códigos de belleza y de comportamientos, de carencias afectivas, de críticas constantes y de una maternidad en soledad en su mayoría, la enfermedad cobra sentido.
Si pienso en el perfil general de las mujeres de nuestra cultura educadas para ser bien vistas, para nunca decir NO, complacer y regalarnos a los hijos e hijas, a la pareja, a la familia nuclear y extendida; a vivir la maternidad casi como una imposición, en modo sacrificial y en soledad; tener que aguantar la rabia o la ira pues no es una emoción esperable en nosotras, ya que decir lo que pensamos o tener criterio propio es visto como una amenaza.
Cuando pienso en el abandono del estado a su suerte, la ausencia de políticas públicas que permitan compartir responsabilidades; el estrés que implica el solo hecho de andar en las calles por el miedo a ser violadas y la sobrecarga de los cuidados de toda la familia, es completamente esperable la precariedad de la salud de las mujeres en nuestro país.
El propósito de este artículo es motivar a la lectura, esto es solo una muestra para despertar la curiosidad, pero hay mucho, mucho más, en un país donde el delito más denunciado es la violencia en todas sus formas y los juzgados de paz están repletos de demandas por manutención lo que refleja fielmente que somos una sociedad que prácticamente le exige la vida a las mujeres sin ofrecerles oportunidades, apoyo ni acompañamiento.
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