Este 17 de junio, la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) protagonizó uno de los ejercicios democráticos más trascendentes y ejemplares de su historia reciente. Más que una jornada electoral, la Primada de América ofreció una demostración institucional de organización, madurez, civismo y respeto a las reglas del juego democrático.
Desde las primeras horas de la mañana hasta la conclusión del escrutinio, el proceso transcurrió bajo un esquema cuidadosamente planificado, caracterizado por el orden, la seguridad, la transparencia y el estricto cumplimiento de las normas electorales universitarias. La adecuada preparación de los colegios electorales, la participación responsable de delegados y autoridades, la presencia de los organismos de seguridad y protocolo, así como la eficiente dirección de los órganos electorales, contribuyeron a consolidar una jornada que enaltece el prestigio de la academia estatal dominicana.
La contienda estuvo protagonizada por dos distinguidos maestros universitarios, Jorge Asjana y Radhamés Silverio, quienes desarrollaron una campaña caracterizada por el respeto mutuo, el debate de ideas y la observancia de las reglas institucionales. La retirada oportuna de la propaganda electoral, el comportamiento ejemplar de los equipos de apoyo y la ausencia de incidentes relevantes constituyeron expresiones concretas de una cultura democrática que la UASD ha venido fortaleciendo a lo largo de los años.
Los resultados preliminares reflejan una clara mayoría a favor del maestro Jorge Asjana, quien obtuvo aproximadamente el 66 % de la preferencia electoral, frente a un 32 % alcanzado por el maestro Radhamés Silverio. Sin embargo, más allá de los porcentajes, uno de los aspectos más significativos de la jornada fue la inmediata felicitación ofrecida por el candidato no favorecido por el resultado a quien obtuvo el respaldo mayoritario de la comunidad universitaria. Ese gesto, aparentemente sencillo, representa una de las expresiones más elevadas de la democracia: el reconocimiento de la voluntad soberana expresada en las urnas.
Particular atención merece la competencia desarrollada en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas, donde la elección del decanato se definió por un margen extraordinariamente reducido. Lejos de constituir un elemento de preocupación, esta circunstancia representa una de las mayores evidencias de la autenticidad del proceso electoral. Las democracias verdaderas no se miden por la amplitud de las victorias, sino por la confianza que generan sus mecanismos para procesar incluso los resultados más cerrados dentro del marco institucional.
Las democracias sólidas no se caracterizan por la ausencia de competencia, sino precisamente por la existencia de espacios donde las preferencias electorales se expresan libremente, aun cuando los resultados sean cerrados y generen debates legítimos. Cuando una candidatura obtiene una victoria amplia en la mayoría de los escenarios y, al mismo tiempo, encuentra una competencia vigorosa en determinados espacios, lo que emerge no es una señal de fragilidad, sino una demostración de pluralismo, participación y libertad electoral.
La existencia de mecanismos institucionales para revisar cualquier controversia, administrativa o jurisdiccionalmente, forma parte de las garantías propias de todo sistema democrático. En consecuencia, las diferencias surgidas en torno a una determinada posición no deben verse como una crisis, sino como la confirmación de que las reglas existen precisamente para ofrecer respuestas legítimas cuando las competencias son especialmente cerradas.
La grandeza de la UASD no radica únicamente en haber organizado unas elecciones exitosas. Su mayor mérito consiste en haber demostrado que posee instituciones capaces de administrar la competencia política, procesar las diferencias y garantizar que la voluntad expresada por los electores prevalezca conforme al derecho. Situación que debe servir de ejemplo a la sociedad dominicana.
La jornada electoral del 17 de junio deja una enseñanza valiosa: la democracia universitaria se fortalece cuando existe organización, cuando se respetan las normas, cuando los competidores aceptan los resultados y cuando las diferencias encuentran solución dentro de los canales institucionales.
La grandeza de la UASD no radica únicamente en haber celebrado unas elecciones exitosas. Su principal mérito consiste en demostrar que posee instituciones capaces de garantizar la libre expresión de la voluntad electoral, administrar la competencia política y preservar la legitimidad de los resultados conforme al derecho. Esa experiencia debe servir de ejemplo para toda la sociedad dominicana.
Precisamente por ello, el hecho de que la corriente vencedora no obtuviera la totalidad de los espacios de representación, y que en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas se produjera una competencia extraordinariamente cerrada, no disminuye en modo alguno la magnitud de la victoria alcanzada ni constituye una señal de debilidad. Por el contrario, confirma que la UASD continúa siendo un escenario donde el voto conserva autenticidad, libertad y capacidad real de decisión; una universidad donde la democracia no es un discurso, sino una práctica viva que sigue fortaleciendo su institucionalidad.
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