La discusión contemporánea sobre salud mental suele moverse entre el lenguaje clínico y el discurso del bienestar, sin lograr describir con precisión qué está ocurriendo a escala poblacional. El Global Mind Health in 2025 aporta una base empírica que permite desplazar esa discusión hacia el terreno del funcionamiento mental efectivo, entendido como la capacidad de pensar con claridad, regular emociones, sostener relaciones significativas, mantener motivación y responder a las exigencias cotidianas sin desorganización persistente. En este análisis, la salud mental se aborda como un resultado funcional de la arquitectura global, entendida como la configuración de relaciones sociales, ritmos de vida, entornos tecnológicos, prácticas cotidianas y marcos de sentido que, en conjunto, sostienen o erosionan la capacidad de las personas para desenvolverse de manera estable en su entorno.

El estudio se apoya en 768,448 evaluaciones válidas provenientes de 84 países, recogidas entre 2024 y 2025 mediante el instrumento Mental Health Quotient (MHQ), administrado en línea en 23 idiomas. El MHQ evalúa 47 dimensiones funcionales con impacto directo en la vida diaria y produce un puntaje continuo que va de menos 100 a más 200, calibrado con referencia a población prepandemia 2019 y con una media esperada cercana a 100. A diferencia de los índices sintomáticos tradicionales, el algoritmo no promedia síntomas, sino que pondera la severidad funcional de cada dimensión, lo que permite discriminar entre funcionamiento adecuado, deterioro leve y deterioro severo.

Los criterios de calidad excluyen respuestas incompletas, tiempos de llenado incompatibles con una lectura comprensiva y patrones de respuesta no diferenciados. El propio reporte advierte que los resultados representan población con acceso a internet y disposición a completar una evaluación de aproximadamente quince minutos, lo que introduce sesgos conocidos de autoselección. Aun así, el instrumento muestra asociaciones consistentes con productividad y carga clínica. Las personas clasificadas en el rango Distressed reportan pérdidas promedio de entre 18 y 23 días productivos al mes, y cerca del 90 por ciento cumple criterios compatibles con al menos un trastorno DSM-5. En los rangos superiores, en cambio, no se observan síntomas clínicamente relevantes.

A escala global, el puntaje promedio del MHQ es 66, correspondiente a la categoría Managing, lo que implica un funcionamiento adecuado durante aproximadamente el 70 por ciento del tiempo mensual. Sin embargo, este promedio oculta el hallazgo más relevante del estudio. Al estratificar por edad, se observa una fractura generacional marcada. En el grupo de 55 años o más, el puntaje promedio se sitúa alrededor de 101, con cerca de 10 por ciento en rangos de deterioro. En el grupo de 18 a 34 años, el promedio desciende a 36, correspondiente al rango Enduring, y 41 por ciento se clasifica como Distressed o Struggling. Este gradiente se mantiene desde 2019 y no presenta excepciones por país.

En la comparación regional, la brecha generacional se mantiene, aunque su magnitud varía entre regiones. Entre los adultos mayores, el sudeste asiático registra los puntajes más altos, mientras Europa occidental y Oceanía presentan los más bajos. En el grupo de jóvenes, el contraste se amplía. África subsahariana alcanza los valores más altos y Asia oriental los más bajos. América Latina y el Caribe se ubican en una posición intermedia, con un promedio juvenil cercano a 34 y un promedio en adultos mayores alineado con el valor global esperado, alrededor de 100 (Sapien Labs, 2025).

Dentro de ese contexto regional, la República Dominicana destaca por mantener un desempeño elevado tanto en adultos mayores como en jóvenes. El reporte la identifica como uno de los pocos países que permanece dentro del grupo superior en ambos rangos etarios. En el grupo de 18 a 34 años, su posición relativa se ubica alrededor del sexto lugar, con un MHQ aproximado cercano a 59, mientras que en el grupo de 55 años o más se aproxima a valores superiores a 110, según las visualizaciones comparativas incluidas en el estudio.

La explicación de este comportamiento no se encuentra en el gasto sanitario ni en la disponibilidad de especialistas. El análisis muestra de forma consistente que no existe correlación entre los resultados del MHQ y el número de psiquiatras, psicólogos o el gasto en salud mental per cápita. Los determinantes relevantes se sitúan fuera del sistema asistencial.

Uno de los factores con mayor peso explicativo es la fortaleza de los vínculos familiares. A nivel global, 61 por ciento de los jóvenes reporta cercanía con familiares adultos. En la República Dominicana, esta proporción asciende a 72 por ciento, el valor más alto entre los países evaluados. La ausencia de vínculos familiares cercanos se asocia a una probabilidad casi cuatro veces mayor de ubicarse en rangos de deterioro mental severo (Sapien Labs, 2025). Esta asociación es consistente con la literatura en salud pública, que identifica el soporte social como un regulador clave del estrés crónico y de la vulnerabilidad psicológica (Kawachi & Berkman, 2014; Holt-Lunstad et al., 2022).

Un segundo factor es la espiritualidad, entendida como experiencia de sentido y propósito. El estudio muestra diferencias superiores a 20 puntos de MHQ entre jóvenes con niveles altos y bajos de este indicador. América Latina conserva niveles intermedios, muy por encima de Europa occidental, y la República Dominicana se sitúa dentro de ese rango. Estudios longitudinales han documentado asociaciones consistentes entre espiritualidad, resiliencia y menor riesgo de depresión y suicidio, incluso tras ajustar por variables socioeconómicas (Koenig, 2020; VanderWeele, 2023).

El análisis identifica además factores de riesgo estructural. La edad temprana de acceso a teléfonos inteligentes se asocia con mayores niveles de ideación suicida, agresividad y desconexión de la realidad en la adultez joven. Los países donde el acceso ocurre antes de los once años concentran los peores puntajes juveniles. La República Dominicana no se encuentra entre esos extremos, lo que sugiere un rezago relativo en la exposición temprana (Sapien Labs, 2025). La evidencia disponible indica que los efectos del entorno digital son heterogéneos, pero resultan más dañinos cuando la exposición es precoz y no mediada durante etapas críticas del neurodesarrollo (Odgers & Jensen, 2020; Orben, 2023).

Otro determinante relevante es el consumo de alimentos ultraprocesados. El estudio estima que este componente explica entre 15 y 30 por ciento de la carga de deterioro mental en jóvenes. A nivel global, 54 por ciento de los jóvenes reporta consumo regular de estos productos, con valores superiores al 70 por ciento en Norteamérica. América Latina se sitúa por debajo, aunque con una tendencia ascendente sostenida. Revisiones recientes confirman la asociación entre dietas ricas en ultraprocesados y mayor riesgo de depresión, ansiedad y disfunción cognitiva, a través de mecanismos inflamatorios, metabólicos y del eje intestino-cerebro (Lane et al., 2024; Dai et al., 2024).

El conjunto de estos datos permite comprender el posicionamiento relativo de la República Dominicana sin recurrir a explicaciones culturalistas ni a lecturas triunfalistas. El país conserva todavía una combinación de vínculos familiares activos, marcos de sentido, ritmos de exposición tecnológica y patrones alimentarios que amortiguan el impacto del entorno contemporáneo sobre la mente joven. Al mismo tiempo, comparte con la región y con el mundo las tendencias que erosionan esos amortiguadores.

El aporte central del Global Mind Health in 2025 es desplazar el foco desde la patología individual hacia la capacidad funcional de las sociedades. Los resultados muestran que el deterioro del funcionamiento mental en los jóvenes no es un fenómeno marginal ni estrictamente clínico, sino un indicador temprano de tensiones estructurales más amplias. En ese marco, el caso dominicano no constituye una excepción de fondo, sino una ventana temporal que permite observar qué factores continúan operando como protección antes de que esas condiciones se debiliten o se reconfiguren.

Referencias

Dai, S., Wang, Y., Zhang, L., Wang, Z., Sun, H., & Liu, J. (2024). Ultra-processed foods and human health: An umbrella review of meta-analyses of observational studies. Clinical Nutrition, 43(2), 123–135. https://doi.org/10.1016/j.clnu.2023.10.012

Holt-Lunstad, J., Robles, T. F., & Sbarra, D. A. (2022). Advancing social connection as a public health priority in the United States. American Psychologist, 77(5), 517–530. https://doi.org/10.1037/amp0000103

Kawachi, I., & Berkman, L. F. (2014). Social capital, social cohesion, and health. En I. Kawachi, L. F. Berkman, & M. Glymour (Eds.), Social epidemiology (2nd ed., pp. 290–319). Oxford University Press.

Koenig, H. G. (2020). Religion, spirituality, and health: Research and clinical implications. ISRN Psychiatry, 2020, Article 278730. https://doi.org/10.1155/2020/278730

Lane, M. M., Davis, J. A., Beattie, S., Gómez-Donoso, C., Loughman, A., O’Neil, A., Jacka, F. N., & Berk, M. (2024). Ultra-processed food exposure and adverse health outcomes: Umbrella review of epidemiological meta-analyses. The BMJ, 384, e077310. https://doi.org/10.1136/bmj-2023-077310

Newson, J. J., Pastukh, V., & Thiagarajan, T. C. (2022). Assessment of population well-being with the Mental Health Quotient (MHQ): Development and validation study. JMIR Mental Health, 9(2), e34105. https://doi.org/10.2196/34105

Odgers, C. L., & Jensen, M. R. (2020). Adolescent mental health in the digital age: Facts, fears, and future directions. Journal of Child Psychology and Psychiatry, 61(3), 336–348. https://doi.org/10.1111/jcpp.13190

Orben, A. (2023). Teenagers, screens and social media: A narrative review of the evidence. Annual Review of Developmental Psychology, 5, 401–425. https://doi.org/10.1146/annurev-devpsych-121221-023019

Sapien Labs. (2025). Global Mind Health in 2025. Global Mind Project. https://www.sapienlabs.org/global-mind-project

VanderWeele, T. J. (2023). Measuring well-being: Interdisciplinary perspectives from the social sciences and the humanities. Oxford University Press. https://doi.org/10.1093/oso/9780197572161.001.0001

Pedro Ramírez Slaibe

Médico

Dr. Pedro Ramírez Slaibe Médico Especialista en Medicina Familiar y en Gerencia de Servicios de Salud, docente, consultor en salud y seguridad social y en evaluación de tecnologías sanitarias.

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