La Organización Mundial de la Salud define el suicidio como: el acto deliberado como una persona se causa la muerte con expectativas o conocimiento de un desenlace fatal.
Una persona pierde la vida cada 43 segundos en el mundo como resultado de una decisión voluntaria de hacerlo y, la tasa mundial de esta forma de morir es de 9.1 muertes por cada cien mil habitantes. El suicidio es la tercera causa de defunción en la población juvenil, entre 15 a 29 años. Es justo decir que sobre este tipo de desenlace suele haber un sub registro grande, debido a que la condición sigue asociada a un fuerte estigma social y muchos familiares no reportan las causas verdaderas.
Lo más importante es saber que una vez estamos conscientes sobre la realidad de la trágica existencia del suicidio, es que el mismo se puede prevenir, como veremos en este artículo.
Causas posibles del suicidio
Una de las afirmaciones que cuenta con mayor evidencia es que gran parte de las personas que se suicidan tienen algún trastorno mental de base. Patologías como la depresión, el trastorno bipolar, el trastorno límite de personalidad, la esquizofrenia y trastornos por consumo de sustancias figuran dentro de los más frecuentes.
Evidencias confirman que gran parte de los pacientes de estas enfermedades no reciben tratamiento adecuado ni oportuno por muchos motivos, entre ellos: falta de acceso a servicios de salud mental por razones de costo; estigmas sociales de parte de la población que lleva a las familias y muchos pacientes a ocultar su condición; miedo a ser discriminados; falta de adherencia al tratamiento una vez lo inician y, Políticas Públicas que no permiten respuestas integrales eficientes.
El eminente sociólogo de origen francés Emile Durkheim publicó en el año 1897 una de las obras más influyente sobre este tema titulada: El suicidio. Aborda el fenómeno desde una mirada sociológica que derivó en una de las primeras clasificaciones para estos trágicos finales. Para el autor, aquellas sociedades que extremaban el sentido de pertenencia e integración entre sus miembros eran propensos a una forma de suicidio que denominó el suicidio altruista o solidario. El no tener identidad propia o perder la misma en la masa o el colectivo se convertía así en un factor de riesgo para este tipo de decisión.
Estos tipos de suicidios abundan en ciertas confraternidades o grupos ideológicos identitarios que siguen a un líder fanático que se auto proclama con poderes sobre naturales para conducir “la manada”, como aquel caso de suicidio colectivo ordenado por el reverendo Jim Jones a su feligresía en la ciudad de Jonestown, Guyana, en el año 1978. Novecientos veinte y tres miembros de la secta Templo del Pueblo pusieron fin a sus vidas por órdenes de su atribulado líder.
Por su parte, otra modalidad de suicidio explicado por Durkheim fue el egoísta. Surge como resultado de sociedades muy individualistas donde las personas pierden sus redes de conexión con los demás; allí suelen dominar valores de competencia extrema por encima de la cooperación y la integración con los demás.
El suicidio fatalista, es el tercer tipo que propuso el autor. Nos habla de la pérdida total de libertades en manos de la burocracia y las dictaduras. Son muchas las personas que apelan a este tipo de suicidio, sobre todo en sociedades donde la única función que le atribuye a un ser humano es vivir al servicio de una serie de normas impuestas desde fuera, que no toman en cuenta la libertad personal.
El suicidio anómico es el cuarto tipo y se describe a partir del extremo de vivir sin ningún tipo de normas. La sensación de vivir en un entorno social donde no existe ningún tipo de orden y el caos es el que decide la calidad de vida de las personas, se convierte en la teoría sociológica del suicidio sustentada por Durkheim, en un serio factor de peligro para la vida.
Teorías psicológicas y filosóficas que explican el suicidio
Dentro de las explicaciones psicológicas y filosóficas nos encontramos con los planteamientos cognitivos que evidencian la presencia de pensamientos sesgados que exageran la fuerza que tienen los eventos externos sobre nuestras vidas, así como también la vigencia de un estilo de pensamiento centrado en la desesperanza, indefensión aprendida y auto devaluación personal.
Por su parte, la teoría conductual nos habla de un exceso de privación de aquellas experiencias reforzantes que, al estar ausentes, nos condicionan un estilo de vida centrado en el aislamiento y perdida de contacto con diversas fuentes de placer personal.
Los planteamientos humanistas existenciales que nos regala la filosofía y sus posteriores practicantes desde la psicología, nos invitan a descubrir si nuestras vidas tienen sentido, como diría el gran Vicktor Frankl, “Si descubres que tienes algo por qué vivir, puedes soportar cualquier como”.
Jean Paul Sartre, filósofo existencialista veía la razón de vivir en la libertad. Albert Camus, de la misma escuela, defendía que aún en medio de las dificultades, los seres humanos podíamos encontrar la belleza y rebelarnos en contra de la desesperanza. El mismo autor nos regala unas palabras motivadoras para el esfuerzo por vivir cuando nos dice: “El solo hecho de luchar para llegar a la cima basta para llenar el corazón del hombre”. Simone de Beauvoir sostenía que vivir es hacernos cada día a nosotros mismos”.
Prevención del suicidio: consideración a tomar en cuenta
Las siguientes son algunas consideraciones que al ser seguidas contribuirán a reducir el riesgo de incurrir en decisiones que atenten en contra de la propia vida.
- Antes de suicidarse las personas tienen una lucha interna entre el deseo de morir y el deseo de vivir. Esto nos aporta una brecha importante para poder intervenir.
- Antes de ejecutar un suicidio la persona tiene alguna ideación, muchas veces alimentadas por ideas erróneas sobre el propio valor, el significado de la vida y la felicidad.
- Es importante que prestemos atención a cualquier idea de este tipo para que no se convierta en un suicidio activo.
- Es importante que las personas tengan acceso al Sistema Integrado de Emergencia o 911, dado que los gestos suicidas representan una urgencia a la que hay que dar respuesta inmediata.
- Tome muy en serio los síntomas que manifiesta una persona, como son: retirarse del contacto social, querer estar solo demasiado tiempo, tener cambios de humor frecuente, aumentar el consumo de drogas o alcohol, cambiar una rutina normal sin lógica aparente, hacer cada vez más cosas arriesgadas o destructivas o intentar conseguir medios letales que antes no les interesaban, como armas blancas o de fuego.
- Regalar pertenencias o poner en orden sus asuntos cuando no hay ninguna explicación lógica para hacerlo.
- Despedirse de los familiares y amigos como si no se volverán a ver más.
- Tome en cuenta que estas señales de advertencia no siempre son obvias y que pueden variar de una persona a la otra. Algunas personas suelen establecer con claridad sus intenciones mientras que otras prefieren el secretismo de sus pensamientos y sentimientos suicidas.
- Ante cualquier sospecha, es importante abrir un diálogo de confianza.
- Motivar algún referimiento para ayuda profesional
- Si somos nosotros los que nos sentimos atribulados, no dudemos de hablar con algún amigo cercano, un ser querido o algún profesional de la salud mental. Nada de esto nos disminuye, más bien nos hace sentir más amor por la vida.
- Podemos llamar a una línea de auxilio.
- Establece tu red de apoyo. No tienen que ser necesariamente muchas personas, sino más bien gente de calidad que estén disponibles para escucharte y acompañarte durante cualquier proceso que contribuya a revalorizar la vida.
- Recuerde siempre que las ideas y sentimientos suicidas son temporales. El tratamiento puede ayudarnos a recuperar la perspectiva y la vida mejorará.
- Vive día a día, un paso a la vez. ¡Nunca actuemos de forma impulsiva!
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