Las viejas relaciones entre la dupla Trump/Putin, basadas en afinidades ideológica/políticas y personales, no solo entre ellos, sino entre el núcleo duro que sostiene a cada uno, explican en gran medida las sorprendentes coincidencias de los EEUU de Trump y la Rusia de Putin en determinados temas internacionales.

Las últimas reuniones en la ONU, que han tenido la guerra en Ucrania como punto central, y el contenido y forma de las iniciativas del presidente norteamericano para imponer una pax a ese país, claramente favorables a Rusia, sumen el mundo en lo más profundo de la crisis en que discurrido en los últimos años. Esas coincidencias podrían redefinir las relaciones entre Rusia y China y de otros países con esta última. Como ya está sucediendo.

Los mencionados personajes tienen en común una personalidad autoritaria, el desprecio a todo lo que signifique derecho personal o colectivo, creerse predestinados, algo que alimentan fanáticos de teorías supremacistas de signos nacionalista, racial o religiosos. Por tener en su entorno un grupo que, del robo a la sombra de la política, han hecho su modo y razón de existencia. En el caso del ruso, esas teorías tienen sus raíces en la ilusión de muchos pensadores de la Rusia ancestral/medieval y actual sobre pureza del alma rusa; del ambivalente y viejo sentimiento (que incluye hasta intelectuales y revolucionarios), hacia un Occidente odiado por su supuesta decadencia moral, pero admirado por sus desarrollo económico y cultural. Entre otros autores, esta cuestión la tratan E.H Carr, como Albert Camus.

Muchos ultranacionalistas rusos consideran que su país está predestinado a ser el líder del mundo, no solo por sus atributos históricos, morales y territoriales, sino étnicos, como de diversas formas lo expresa el filósofo ruso ultranacionalista Alexandre Dugin. Basado en esa y otras no menos peligrosas teorías, Putin construye su hegemonía política e ideológica. De su parte, Trump ha construido su discurso y su acción política sustentada en el racismo, el supremacismo blanco, el ultranacionalismo, proteccionismo económico, conservadurismo político/ideológico, fundamentalismo de matriz religioso sustentado simplismo de toda suerte, el odio hacia el migrante y el desprecio a toda regla del sistema político norteamericano. Además, en la manipulación de grandes grupos de individuos a través de las grandes redes y medios de comunicación a su servicio.

Igualmente, a ambos lo sostiene un círculo de magnates del mundo de la economía que se han valido del Estado para agrandar sus fortunas. En el caso del ruso, él y su grupo han construido su poder económico a través de la apropiación de la riqueza que construyó la clase trabajadora, los profesionales y la intelectualidad de la ex Unión soviética.  El norteamericano ha encontrado en tres de los más grandes ricos del mundo una de sus principales palancas que lo han catapultado al poder y uno de ellos, Musk, ha llegado tan lejos que, teniendo su propia empresa espacial, ha puesto en “pausa” la del Estado: la NASA y colocado en los puestos de mayor importancia en la administración pública a sus seguidores.  Para eso, ha hecho la mayor cantidad de despidos en esa área en la historia de EEUU. Habrá que esperar las consecuencias de semejante despropósito.

En otra cuestión en que pueden establecerse coincidencias entre ambos es la cantidad de grupos y personajes de la ultraderecha mundial que los apoyan y que ellos apoyan. En ese sentido, es necesario hacer algunos alcances sobre la alianza entre China y Rusia que desde hace varios años se ha venido tejiendo y ampliando, sobre todo en estos últimos tres, los de la guerra en Ucrania.  Si Trump ha declarado la guerra económica a China mediante la extorsión, con cierto éxito momentáneo, contra aquellos países que tienen relaciones económica y política con esa nación, ¿cómo incidiría en la alianza Rusia-China de los últimos años? Hasta ahora no hay claridad para saber hasta dónde. Pero sí podría decirse que esos dos países tienen pesados contenciosos labrado en la historia que hacen dudar de la durabilidad de la coyuntural alianza entre ellos.

Recordemos que Rusia ha agredido a China varias veces en el pasado, apoderándose de parte de su territorio con la consiguiente matanza en su población. A parte de claras diferencias de orden cultural, a veces sale a relucir cuestiones de carácter étnico. En ese sentido no sería descaminado decir que la alianza entre ambos países, a la larga, podría tener serios problemas para consolidarse. La ancestral sabiduría china induciría a Pekín a esperar y ver cómo evoluciona la alianza que su coyuntural aliado ha establecido con su adversario, la cual podría no tener mucho tiempo para consolidarse. El 2028, elecciones en EEUU, tendría la última palabra.

Finalmente, Trump se autoasigna el “deber” de imponer su pax a Ucrania. Recordando a Camus, a veces en nombre del deber se suprime todo derecho. Para Trump y quienes en esa arbitrariedad lo apoyan, Ucrania y su población solo tienen un deber: asumir las condiciones dictadas por aquel. No tienen ningún derecho. Si Europa y el mundo asumen esa lógica, terminarían también acatando el auto impuesto deber trumpista de producir la limpieza étnica en Gaza… y donde él quiera.

César Pérez

Sociólogo, urbanista y municipalista

Sociólogo, municipalista y profesor de sociología urbana. Autor de libros, ensayos y artículos en diversos medios nacionales y extranjeros sobre movimientos sociales, urbanismo, desarrollo y poder local. Miembro de varias instituciones nacionales y extranjeras, ex director del Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad Autónoma de Santo Domingo y ex dirigente del desaparecido Partido Comunista Dominicano, PCD.

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