De un tiempo a esta parte, una ola de gobiernos de extrema derecha se ha instalado en América Latina. Lo peculiar de estos procesos es que dichos gobiernos no son el fruto de golpes de Estado militares, como ocurría en décadas pasadas, sino el resultado de elecciones libres. Honduras, Chile, Ecuador, Argentina, Perú y Colombia son ejemplos donde la deficiencia de gobiernos progresistas para satisfacer las necesidades de las masas vulnerables, conjugada con la influencia de las redes sociales y el poder extranjero, podría explicar este fenómeno, que se asimila a una amenaza a la democracia y, sobre todo, a la justicia social, puesto que esta extrema derecha reivindica como principio la libertad absoluta del mercado.
Recientemente estuvo en el país el politólogo norteamericano Steven Levitsky, quien dictó en la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM) una conferencia magistral sobre la democracia y sus desafíos actuales en América Latina.
Levitsky es muy conocido a nivel internacional por ser coautor del afamado libro Cómo mueren las democracias (How Democracies Die), y su conferencia en nuestro país sirvió de advertencia sobre las amenazas que se ciernen sobre el futuro de la democracia.
En República Dominicana faltan dos años para que el país concurra de nuevo a celebrar elecciones. Recientemente, las plataformas digitales y los partidos de oposición han arreciado la ofensiva contra la administración del presidente Abinader. ¿Hasta qué punto los candidatos de la oposición y los llamados outsiders, montados en medios digitales de aparente penetración en los sectores más vulnerables, que padecen carencias en su diario vivir, están aprovechando la apatía de sectores de la población ante los partidos, las elecciones y los candidatos, pretendiendo captar el voto abstencionista que ha ido creciendo en los últimos años, influenciados, además, por el auge de la extrema derecha en América Latina?
Un estudio real, no maquillado, de las políticas públicas aplicadas por el Gobierno durante su administración arroja un salto positivo. Los datos de los organismos internacionales así lo confirman. Sin embargo, la natural erosión del poder tras seis años de gobernanza, a lo que se añaden algunos problemas de importancia todavía sin resolver —como el caso del transporte y la reforma policial—, entre otros, constituyen un caldo de cultivo donde florecen todo tipo de proyectos, por más alocados que aparezcan, buscando atraer a la masa inconforme.
Sobre todo cuando una reciente encuesta reflejó que el 60 % de los encuestados no se sentían, en este momento, representados por ningún partido o candidato.
¿Esa masa inconforme, catapultada a través de las redes sociales, y los outsiders que aspiran a la Presidencia podrían captar el voto abstencionista y decidir, en una eventual segunda vuelta, los resultados electorales, o superar en votos la influencia que tienen las estructuras partidarias tradicionales en los millares de mesas electorales?
El solo hecho de que esta cuestión sea hoy parte del debate público indica que algo está pasando, que un proceso nuevo podría estar abriéndose camino.
Hay indicios de que estamos, pues, frente a un panorama inédito que eventualmente incidiría en los resultados electorales. Hacerse de la vista gorda ante esta nueva realidad, que está en proceso, sería un grave error ante las amenazas que acechan a la débil democracia dominicana, cuyo Estado de derecho está en vías de consolidarse.
Últimamente, el PRM logró alcanzar un equilibrio de sus fuerzas internas y la unidad prevaleció, pero la prueba de fuego tendrá lugar al presentar a la población sus candidatos municipales y, más luego, los congresionales y el candidato presidencial.
El papel que jugará el presidente Abinader, hoy el indiscutible líder del partido, será crucial. Y si la unidad se mantiene y el candidato o candidata logra, con su trabajo, vincularse con las necesidades del pueblo, podrán despejarse las inquietudes que tiene una parte importante de la población sobre el destino y las amenazas a la democracia dominicana.
No olvidemos, pues, las advertencias de Steven Levitsky.
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