La ciudad está sumamente caliente, hace mucho calor y la sensación térmica por la humedad es mayor. Todos nos estamos quejando, culpables o no, pero nadie se detiene a pensar qué tanta culpa tenemos por la forma en que estamos gestionando nuestros recursos naturales. He visto a vecinos de nuestras ciudades, empresas y hasta instituciones del Estado cortar árboles para construir parqueos, carreteras, edificios, solo mirando los beneficios particulares y del momento. El desconocimiento o la irresponsabilidad mantiene fuera de la agenda de los políticos el tema que más nos afecta ya y más aún en el futuro.
Los beneficios inmediatos y particulares de una persona se están imponiendo al derecho o beneficio de la comunidad. Cortar el árbol produce madera, dinero hoy, o el parqueo, etc.; pero conservarlo produce agua, sombra, frutos, suelo fértil, captura de carbono, etc. ¿Por qué solo estamos valorando más lo que obtenemos de inmediato, sin tomar en cuenta el futuro? Pero tampoco tenemos políticas de conservación, y menos tenemos conciencia de las necesidades de la comunidad, lo que debe ser la preocupación de nuestros políticos.
Hemos secado el mangle, la laguna, para construir edificios o cualquier otra obra que nos dé beneficios inmediatos, como desforestar las montañas o la ribera de los ríos, y no estamos calculando que las catástrofes nos van a costar mucho más que tomar las medidas para no impactar negativamente el entorno. Cada vez, las noticias de calamidades producto de la conducta individualista y egoísta de los individuos en diferentes lugares se parecen más a nosotros, pero creemos que eso a nosotros no nos pasará, y sí, cada vez las inundaciones y las sequías afectan nuestra economía.
La peor tragedia que estamos sufriendo es la falta de criterio y sentido común al manejar nuestros recursos naturales, sin la conciencia y cuidado debidos, sin tomar las reservas, sin cumplir las leyes que las autoridades no supervisan. ¿Confundimos el desarrollo con la explotación, construyendo cosas, extrayendo minerales, ampliando ciudades, etc., sin tomar las medidas y solo viendo cuánto podemos obtener? Sin preguntarnos: ¿Cuánto podemos extraer sin destruir el capital natural que necesitaremos en el futuro para nuestras próximas generaciones? Solo deben observar lo que pasa con la carretera a Jarabacoa y otras obras de ingeniería.
Necesitamos revertir el daño, necesitamos autoridades más conscientes del papel que deben jugar. Tenemos ya muchos eventos producto de nuestro mal manejo. Las estadísticas están llenas de ejemplos. Después que hemos tenido grandes inundaciones, sequías, deslizamientos de tierra, nos preocupamos un tiempo, no hacemos nada y solo olvidamos los muertos y las pérdidas económicas. La sociedad asume los costos y muchas veces el Gobierno o Estado, quienes se mantienen de brazos cruzados, a veces limitándose solo a hacer política con las desgracias para ganar simpatía, sin soluciones reales, ya que evitar que las cosas ocurran, la planificación, nadie lo valora como debe ser.
La naturaleza no se está vengando, nosotros estamos construyendo la vulnerabilidad, y ya la estamos sintiendo con más frecuencia y mayor impacto, pero aún los beneficios de los que ostentan el poder o tienen las decisiones superan el rechazo o la reacción de la sociedad. Quienes estamos conscientes de la situación, como debe estarlo el mercado asegurador, debemos asumir algún compromiso para que las cosas cambien. No basta con abrir la ventana, debemos involucrarnos, y más aquellos que pretenden manejar el Estado.
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