En los últimos tiempos, la oposición política al presidente Luis Abinader ha intensificado un discurso que insiste en presentar al gobierno del PRM como un fracaso y como responsable del empobrecimiento del pueblo dominicano. Sin embargo, esa narrativa, repetida con estridencia, no resiste el contraste con los hechos ni con la historia reciente del país.

Leonel Fernández y Danilo Medina gobernaron la República Dominicana durante veinte años consecutivos. En ese largo período, traicionaron los principios éticos, democráticos y morales de su mentor, el profesor Juan Bosch. Sus gobiernos se caracterizaron por una corrupción estructural y sistémica, sostenida por un entramado de impunidad que anuló cualquier régimen de consecuencias.

Durante esos veinte años, los casos de corrupción no llegaron a los tribunales mientras ellos detentaban el poder. Solo tras su salida del gobierno, el Ministerio Público conoce decenas de expedientes por desfalcos millonarios al Estado dominicano. No fue una coincidencia, sino el resultado de un diseño institucional orientado a garantizar la protección política de los involucrados.

Ambos gobiernos nombraron procuradores generales de la República y altos funcionarios del Ministerio Público que eran connotados miembros del Comité Político y del Comité Central del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), anulando en la práctica la independencia del órgano persecutor. De igual manera, designaron presidentes y jueces de la Suprema Corte de Justicia, así como miembros del Tribunal Constitucional y del Tribunal Superior Electoral, provenientes de las estructuras partidarias del PLD. A esto se sumó el control político de la Junta Central Electoral, completando así la captura de las principales instituciones del sistema democrático.

El contraste con el gobierno del presidente Luis Abinader es claro y contundente. Desde su llegada al poder, Abinader rompió con esa práctica histórica y nombró a figuras de reconocida trayectoria, solvencia moral e independencia, como Miriam Germán Brito y Yeni Berenice Reynoso, fortaleciendo de manera real y efectiva la autonomía del Ministerio Público. Por primera vez en décadas, la justicia dejó de ser un instrumento subordinado al poder político.

Hoy existe un verdadero régimen de consecuencias. Cualquier funcionario que incurre en un hecho sancionable es destituido de inmediato y sometido a la acción de la justicia, sin importar su rango ni su cercanía con el poder. Muchos de los acusados por corrupción en gobiernos anteriores han aceptado su culpabilidad y han devuelto miles de millones de pesos al erario, algo impensable durante los mandatos de Leonel Fernández y Danilo Medina.

Además, no puede obviarse el contexto en que Luis Abinader asumió la Presidencia de la República en agosto de 2020: el peor momento económico de la historia reciente, como consecuencia de la pandemia de la COVID-19 y, posteriormente, de la guerra entre Rusia y Ucrania, que profundizó la crisis económica mundial. En ese difícil año 2020, la economía dominicana sufrió una contracción del PIB real de —7.9 % y el PIB nominal se ubicó en 78,481.4 millones de dólares. 

Sin embargo, la recuperación ha sido firme y sostenida. En 2021 la economía creció un 14.0 %; en 2022 un 5.2 %; y en 2024 volvió a crecer un 5.0 %, con mejoras continuas en el PIB y en el PIB per cápita, que pasó de USD 7,511.3 en 2020 a USD 11,484.7 en 2024. 

Un pilar fundamental de ese avance ha sido la reactivación del turismo, motor esencial de nuestra economía. En 2024 el sector generó más de 876,000 empleos directos e indirectos y contribuyó con aproximadamente USD 20,5 mil millones al PIB, representando más del 16 % de la economía dominicana. Para 2025 se proyecta que esa contribución supere USD 21 mil millones, con cerca de 893,000 empleos directos e indirectos, lo que indica no solo recuperación sino crecimiento sostenido del sector. 

Todos estos resultados —crecimiento económico continuo, recuperación del empleo, expansión del turismo, fortalecimiento institucional y compromiso con la transparencia— desmienten de forma palmaria la idea de que el país esté estancado o empobrecido. Muy por el contrario, la República Dominicana ha mostrado resiliencia, dinamismo y capacidad de responder ante choques externos, consolidándose como una de las economías más dinámicas de la región.

Hablar hoy de fracaso no solo es irresponsable, sino profundamente deshonesto. La diferencia entre ayer y hoy está a la vista: antes, impunidad; hoy, consecuencias. Antes, instituciones secuestradas; hoy, instituciones independientes. Antes, corrupción sin castigo; hoy, justicia que actúa. Y en materia económica, la senda de crecimiento y prosperidad sigue firme, con cifras y resultados que lo confirman.

Franklin García Fermín

Político

Ministro de Educación Superior, Ciencias y Tecnología. Exrector de la Universidad Autónoma de Santo Domingo  (UASD), y dirigente del Partido Revolucionario Moderno (PRM)

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