No sé quién eres, cómo eres o qué quieres. Pero sin importar lo feliz que puedas ser, sé que has tenido algún momento terrible, en el que tal vez sentiste que ya no había nada que hacer, que todo estaba perdido, que habías fracasado o que era el fin.
Si nunca te pasó, ¡qué bueno! Pero debo advertirte que podría ocurrir. Y es importante que las peores circunstancias que pudieran afectarte te encuentren en las mejores condiciones posibles.
No es negatividad o pesimismo, sino la realidad de la vida humana. Pero la buena noticia es que siempre tenemos una esperanza, posibilidad de una esperanza o al menos la esperanza de desarrollar resiliencia.
Nadie te puede garantizar que no podrías experimentar una desgracia, pero podrías modificar la actitud con que la enfrentarás.
Un huracán, terremoto, enfermedad, plaga o guerra, al mismo tiempo que te habrán enseñado que son fenómenos muy negativos, también seguramente te han dado recomendaciones de cómo afrontarlos de la forma más conveniente posible.
El pesimista tiende a decir que son destructivos no importa lo que hagas, pero utilizar tus mejores facultades mentales para poder fluir con la ola lo mejor posible, siempre será la postura más inteligente.
¿Estás decidiendo la dirección de tu vida? Esa es la pregunta clave para determinar si estarás en condiciones de no morir de hambre cuando lleguen las “vacas flacas”.
Hay momentos para ser considerados con nuestro Yo interior, darnos cariño y comprensión, tolerar nuestros errores, no exigirnos, descansar y consolarnos.
Hay otros momentos para establecer metas, esforzarnos, exigirnos una milla extra, mantener la disciplina, guardar recursos, prepararnos.
Conviene saber reconocer nuestros diferentes momentos de vida para poder acoplarnos a ellos. Es triste admitir que a menudo, realmente no tenemos idea del momento que estamos viviendo, porque no estamos presentes en nuestras vidas.
Tal vez estás esperando para ver cuando comenzaré a hablar de meditación y realmente, lo estoy haciendo desde el principio. Meditación es mucho más que sentarte con el cuerpo relajado, la mente en blanco e intentar no hacer nada.
La meditación es todo un mundo, y experimentarla no te lleva a alejarte del mundo que conoces como real, sino que te permite descubrirlo a niveles que algunos sienten como “empezar verdaderamente a vivir”.
Seguramente has conocido muchos lugares, personas y experiencias interesantes. Pero ¿realmente te conoces? Porque si no te conoces, no has conocido nada, porque no solo eres el lente, eres también la referencia.
Hay momentos difíciles, en los que sufres, por la razón que sea. No importa si los demás te dicen que no importa, es importante porque para ti lo es. En esos momentos, lo prioritario eres tú y te debes ocupar de ti, ya podrás luego ocuparte de lo que te afectó.
Vivir la crisis es parte de la experiencia humana, creer que no la vivirás sería ingenuidad. Algunas crisis las podrás prevenir con inteligencia, pero otras sabes que son inevitables. Si las experimentas sin una buena conexión con tu yo interior, sus impactos pueden ser brutales.
En algunas crisis, llorar puede ser una experiencia liberadora y sanadora, si aprendiste a no llorar, tal vez te parezca un logro, pero debes saber que suele tener un costo fisiológico y emocional que posiblemente estás pagando o pagarás.
Tenemos la tendencia a que los estímulos provoquen respuestas inmediatas en nosotros, pero la capacidad de un retraso, aunque sea pequeño en la respuesta, puede ser una enorme diferencia. Ese retraso o filtro puede entrenarse.
Los psicólogos sabemos que evadir los conflictos o sufrimientos, no los hacen desaparecer, por lo que no podríamos recomendar la meditación como un mecanismo de evasión. Pero relacionarnos de otra forma con el dolor puede ser un recurso sabio e inteligente para afrontarlo.
En la crisis, la forma de respirar es clave. Una frase que conviene que se convierta en una respuesta automática es: cuando me sienta peor, recordaré respirar mejor. No mucho ni poco, sólo normal y en paz.
Al bañarte en una playa con mucho oleaje, no podrás detener las olas, pero sí la forma en que te enfrentarás a ellas para evitar que te tumben. La vida no es diferente.
En las crisis, a menudo te está atormentando el pasado o el futuro, conectarse con el cuerpo, reforzar la conexión mente-cuerpo o utilizar técnicas de grounding, te anclan al presente, que es el momento que puedes controlar.
El retrasar una reacción podría mejorar la respuesta. Si el avión está en llamas se justifica que saltes, pero pensar durante unos segundos, te ayuda a comprobar si tienes paracaídas.
Cuando fuera no encuentras la solución, tal vez es porque está dentro. Cuando no sabes qué hacer, usualmente no es momento de actuar, sino de pensar. Algunos problemas complejos, se ven sencillos con los ojos cerrados. Siempre puedes, no siempre como quieres.
Referencias:
Frankl, V. E. (2021). El hombre en busca de sentido. Herder.
Kabat-Zinn, J. (2016). Vivir con plenitud las crisis: Cómo utilizar la sabiduría del cuerpo y de la mente para enfrentarnos al estrés, el dolor y la enfermedad (Ed. rev. y act.). Editorial Kairós.
Southwick, S. M., & Charney, D. S. (2018). Resilience: The science of mastering life’s greatest challenges (2nd ed.). Cambridge University Press.
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