Una mirada a la economía cotidiana dominicana desde la esquina, el fiao y el menudeo.

En la República Dominicana, el colmado no es solo un negocio. Es una institución económica, un centro comunitario, un punto de encuentro al atardecer y, sobre todo, una especie de banco informal: un laboratorio donde se practica una matemática que no aparece en ningún libro pero que sostiene la vida diaria de millones de personas.

La matemática del colmado es precisa, flexible y muchas veces emocional.

Es uno de los sistemas financieros informales más estables del país. Mucho antes de las aplicaciones bancarias y del crédito inmediato, el colmado ya era el banco del barrio: sin papeleo, sin historial crediticio y muchas veces sin tasas de interés.

Confianza + necesidad = crédito inmediato.

Aunque nadie lo diga en voz alta, el colmado sostiene más hogares de los que imaginamos.

Existe también la aritmética del menudeo porque en el colmado prácticamente todo se puede dividir: 50 pesos de salami, 20 de mantequilla, dos huevos, 50 de pan, 30 de aceite.

La matemática del colmado convierte la economía en fracciones humanas. No siempre se compra lo que se quiere; se compra para lo que alcanza. El colmadero, con una precisión casi quirúrgica, calcula porciones que a veces parecen desafiar hasta la física.

El dueño, (o administrador), del colmado tiene además su propio sistema de contabilidad: una mezcla de libretas viejas, memoria prodigiosa y un entendimiento profundo del comportamiento de sus clientes. El colmadero sabe quién paga puntual, quién paga cuando cobra, quién paga cuando se acuerda y, claro, quién paga cuando Dios hace su obra. En el colmado las matemáticas no son solamente numéricas: también son sociales.

Desde hace ya un buen tiempo, incluso el delivery del colmado responde a una ecuación perfecta:

Tiempo + distancia + confianza = servicio inmediato.

La inflación explicada en una funda.

La inflación dominicana se siente primero en el colmado. Se nota en lo cotidiano: el pan está más pequeño, el salami más fino, el aceite más caro y la funda de hielo más liviana. El barrio percibe esos cambios en el bolsillo mucho antes de ponerles nombre o convertirlos en estadísticas.

Por eso, antes de que el Banco Central publique sus cifras, en el colmado la inflación ya se midió de otra manera: en pesos, porciones y fundas. El colmado funciona en ese sentido como uno de los termómetros cotidianos de la economía dominicana. Los números pueden tardar en publicarse, pero en la esquina el cambio ya se sintió.

La matemática emocional

En el colmado la economía también se mezcla con las relaciones humanas. "El fiao”,  por ejemplo, puede comenzar con una cifra anotada en una libreta, pero detrás de esa cifra hay mucho más que dinero: hay confianza, necesidad, reputación y convivencia.

La deuda se convierte entonces en una especie de vínculo entre el colmadero y el cliente. Por eso, la matemática del colmado no solo suma y resta: también calcula favores, mide lealtades, descuenta piques y multiplica relaciones.

La matemática que sostiene al país

Al final, la matemática del colmado revela una forma muy dominicana de entender la economía: adaptarse, dividir, confiar y, sobre todo, resolver. Allí, los grandes conceptos económicos adquieren una dimensión cotidiana porque cada peso tiene un propósito y cada cálculo responde a una necesidad.

Quizás por eso el colmado ha permanecido como una pieza esencial de la vida dominicana. No solo porque vende lo necesario, sino porque ha aprendido a ajustarse a la realidad de quienes dependen de él.

Y mientras haya que hacer mucho con poco, su ecuación seguirá dando resultado:

Necesidad + confianza + creatividad = resolver.

Merliz Rocio Lizardo Guzmán

Aprendiz de la conducta humana. Merliz Rocío Lizardo Guzmán. Hija del escritor y profesor universitario Luis F. Lizardo Lasocè y de la doctora en medicina Idaliz Guzmán Suárez. Licenciada en psicología en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, con estudios relacionados en la Universidad de NYU y Hackensack, New Jersey donde cursó estudios en PTSD, además, Maestría en Sexualidad Humana. Actualmente es Profesora, por más 15 años en el área de psicología de la UASD y Terapeuta del Hospital Marcelino Vélez Santana. Asesora de estrategia de Marketing empresarial de grandes empresas nacionales y multinacionales.

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