A pesar del auge de la ultraderecha a nivel mundial, del sistemático y falso discurso de su inexistente diferencia con la derecha y de sus propios errores, la izquierda no ha dicho su última palabra. Todo lo contrario, la referencia a esta tendencia sigue siendo extendida y su pertinencia muchos hechos la ratifican. Sin embargo, aún le falta un relato/programa que, acorde a este tiempo y de cara al futuro, le permita enfrentar el avance del populismo ultraderechista en todos los escenarios y que sirva de referencia para construir un modelo de sociedad definitivamente inclusivo, sostenible y alternativo. En sentido general, con sus gradaciones, esto es válido para sus diferentes expresiones en todo el mundo. En particular, para salir de su casi absoluta postración, la nuestra debe hacer conciencia de esta cuestión.

Las que fueron premisas básicas del socialismo no han sido validadas por la historia. Todo lo contrario. Fueron insuficientes antes y son obsoletas hoy, son las siguientes: el carácter histórico del derrumbe ineluctable del capitalismo, debido a la insalvable contradicción de la apropiación privada de una producción de riqueza cada vez más social. El agente impulsor de esa contradicción era la clase obrera que, de movimiento social, al adquirir su conciencia de esa contradicción se convertiría en un actor político determinante; esa conciencia se la aportaría el partido construido para tal fin y a través de este, establecería una dictadura de clases para construir el socialismo como antesala del comunismo, un sistema de producción de ciudadanos libremente asociados que se apropiarían libremente de lo producido.

La quiebra del capitalismo que se entendía ineluctable no se ha producido, recuperándose sistemáticamente de sus crisis, transformando y diversificando permanentemente su sistema productivo de la mano de obra y la tecnología. La diversificación y mundialización de la economía ha determinado una cantidad inaudita de agentes sociales que ha redimensionado el papel y número de la clase obrera fragmentada, descolocada en el proceso productivo y minoritaria como clase y hasta insolidaria en algunos momentos y países. En esas condiciones y por las transformaciones operadas en el mundo actual no puede esperarse que se erija en exclusiva clase dominante, ni mucho menos que establezca su dictadura de partido único. De las experiencias socialistas instauradas bajo esas premisas poco hay que decir.

No quiere esto decir que el capitalismo puede sortear sus crisis eternamente, actualmente atraviesa por una que se perfila como larga y de incierto desenlace. Es una crisis que viene de lejos, de la segunda mitad de la década de los 70, pero a diferencia de esa década en que las izquierdas que se le oponían como alternativa aún conservaban ese empuje que fue determinante para el estado de bienestar del capitalismo europeo de las décadas 50/70, hoy atraviesan su peor momento de su existencia.  Es mayoría en la conducción de algunos estados, tiene significativa fuerza en algunos países, pero como corriente política carece ese programa de tiempos pasados que, independientemente de cuál fue su destino, le daba ese sentido de cohesión, unidad, identidad y subjetividad.

La izquierda en general y en particular la de este país, tiene que responder cuestiones que son claves para recuperar la credibilidad de otros tiempos, debe dar respuesta a la realidad y asumir decididamente que las premisas básicas del programa en que se basaban su lucha, creadas hacen casi doscientos años, son totalmente inadecuadas para guiar las luchas del presente. Pero no basta con que asuman esa circunstancia, deben dar respuestas a otras cuestiones en clave de transformación social: el tema del mercado como lugar de producción e intercambio de bienes antropológicamente esencial para el funcionamiento de las sociedades a través de un Estado responsable, la perniciosa existencia de una dictadura de partido o de clases, la alternancia democrática del poder y de la democracia como escenario básico de la política.¿

Cierto es que, en esencia, estos elementos están presentes en el capitalismo, pero no ha logrado erradicar sus perores lacras: la desigualdad (en algunos países extremas), la explotación en sentido lato, las guerras de expansión, de la destrucción de la naturaleza, de las exclusiones y segregaciones, de las agresiones y el irrespeto a la soberanía de muchos países. Erradicar esos lastres de la humanidad es tarea de la izquierda y las fuerzas progresistas, pero tienen que ser capaces de ofrecer un programa o proyecto de sociedad no solamente superior, sino viable y sostenible. ¿Cómo denominar esa sociedad alternativa? Hacerlo no es lo más difícil. Lo difícil es superar conceptualizaciones usadas/interiorizadas durante casi dos siglos.

Las referencias y las experiencias pasadas no tienen que ser olvidadas. Todo lo contrario, sirven para aprender de los errores y rescatar lo rescatable, pero sí resulta imprescindible la conciencia de que el futuro no puede ser construido sin dar respuestas a problemas teórico/prácticos que plantea el presente y a cuestiones que no podían ser visto ni mucho menos previstos por las fuentes teóricas del pasado, independientemente de la lucidez de la generalidad de sus predicciones. Abrirse a la discusión de estas cuestiones es fundamental para articular una pluralidad de fuerzas capaces de enfrentar un presente que hace en extremo incierto el futuro de la izquierda y del mundo.

César Pérez

Sociólogo, urbanista y municipalista

Sociólogo, municipalista y profesor de sociología urbana. Autor de libros, ensayos y artículos en diversos medios nacionales y extranjeros sobre movimientos sociales, urbanismo, desarrollo y poder local. Miembro de varias instituciones nacionales y extranjeras, ex director del Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad Autónoma de Santo Domingo y ex dirigente del desaparecido Partido Comunista Dominicano, PCD.

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