La semana pasada, mientras el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial celebran sus reuniones anuales en Bangkok, el FMI presentó su World Economic Outlook de octubre. Su lectura deja una pregunta para República Dominicana: si la inteligencia artificial está sosteniendo una parte creciente de la inversión mundial, ¿qué estamos haciendo para participar de esa transformación?
La economía internacional ha resistido mejor de lo que sugerían los temores iniciales tras el estallido de la guerra con Irán. Pese a la incertidumbre, han funcionado mecanismos de adaptación que evitaron un deterioro mayor. Las empresas reorganizaron suministros y los países buscaron alternativas energéticas. A ese esfuerzo se sumó uno de los principales motores de la resistencia económica actual: la inversión vinculada a la inteligencia artificial. Su peso es especialmente visible en Estados Unidos y en las economías proveedoras de infraestructura tecnológica. El FMI destaca que la inversión asociada a la inteligencia artificial se ha convertido en uno de los principales apoyos al crecimiento estadounidense reciente. Es una contribución significativa, aunque no constituye una medición de su aporte al crecimiento mundial de 2026.
El FMI proyecta un crecimiento mundial de 3.1 % para 2026 y de 3.4 % para 2027. Pero advierte que las reservas de energía, el margen fiscal y la capacidad para absorber nuevos golpes se están estrechando. La resistencia actual merece atención; convertirla en confianza ilimitada sería un error.
Una expansión que se puede tocar
Cuando hablamos de inteligencia artificial solemos pensar en aplicaciones que redactan textos o responden preguntas. Su impacto económico inmediato también tiene una dimensión física: edificios, redes eléctricas, sistemas de refrigeración, servidores, memorias y equipos industriales. Antes de que un algoritmo eleve la productividad de una empresa, alguien debe construir la infraestructura que permite ejecutarlo.
En Estados Unidos, la expansión de centros de datos moviliza gasto de capital: edificios, servidores y equipos. Julian di Giovanni, economista de la Reserva Federal de Nueva York, explicó esta semana que el auge tecnológico convive con debilidad de otras inversiones. El impulso también llega a la bolsa: un análisis de Reuters estima que las acciones vinculadas a IA representan cerca de la mitad del valor del S&P 500, según cómo se delimite el grupo. Ese peso ayuda a entender la sensibilidad del índice a sus resultados; no equivale a atribuirles la mitad de su rentabilidad.
En Corea del Sur, Samsung y SK hynix ocupan posiciones relevantes en memorias de alto rendimiento. SK hynix anunció en agosto el inicio de las obras de su centro de producción e investigación en Indiana. En Taiwán, TSMC fabrica chips para numerosos clientes y está ampliando su presencia internacional. Su proyecto en Arizona incluye nuevas plantas, instalaciones de empaquetado e investigación, con etapas que se extienden hasta finales de la década.
Los Países Bajos demuestran que una economía relativamente pequeña puede desempeñar un papel estratégico en la industria. ASML, la empresa cotizada de mayor valor bursátil de Europa, es el único proveedor mundial de equipos de litografía ultravioleta extrema (EUV), indispensables para producir los chips más avanzados; ASM International, tecnologías para depositar capas de materiales; y BESI, equipos para ensamblaje e interconexión avanzada. Son actividades distintas dentro de una misma cadena. La especialización permite capturar valor sin controlar toda la industria.
El 14 de octubre, ASML informó que algunos clientes ya expresaban interés en pedidos para 2029 y 2030. La compañía ya había previsto aumentar un 30 % en 2027 su capacidad para determinados sistemas EUV y de inmersión DUV, y estudiaba otro incremento del 30 % para 2028. Aun así, advirtió que la oferta prevista sería insuficiente y que evalúa ampliar la capacidad de 2028 por encima de ese aumento. Los pedidos potenciales y las previsiones siguen sujetos a cambios, pero la presión sobre la capacidad es concreta.
La lección importa para nuestro país: los grandes actores de la cadena están aumentando capacidad hoy para atender la demanda de los próximos años. Fabricantes de chips, memorias y equipos preparan sus operaciones simultáneamente, aunque con ritmos distintos. Cuando aparecen las fotografías de inauguración, las decisiones sobre ubicación, proveedores, formación y equipamiento llevan años tomadas. República Dominicana necesita entrar en esas conversaciones mientras los planes se están definiendo.
América Latina recibe un impulso menor
El panorama regional es menos favorable. La nueva proyección del FMI para América Latina y el Caribe es de 2.3 % en 2026 y 2.5 % en 2027, por debajo de las estimaciones de julio. La región obtiene poco apoyo de la expansión tecnológica que compensa parte del choque energético en otras economías. México presenta algunas conexiones con esas cadenas, pero el beneficio no es generalizado.
Una economía puede crecer gracias al consumo, al turismo o a precios favorables de exportación sin aumentar suficientemente sus capacidades tecnológicas. El reto consiste en transformar ese crecimiento en posibilidades futuras.
Construir centros de datos aporta actividad hoy; demostrar que su utilización genera productividad y retornos sostenibles requiere tiempo. Una corrección de expectativas puede cambiar los planes de inversión. La oportunidad tiene riesgos que una estrategia responsable debe reconocer.
Para República Dominicana, el desafío tiene dos dimensiones: encontrar una posición viable en la cadena tecnológica y mejorar la productividad de los sectores que ya tenemos. Ambas merecen una agenda concreta.
De los acuerdos a la ejecución
El mismo 14 de octubre se anunció que el Ministerio de Industria, Comercio y Mipymes firmó un memorando de colaboración con la Fundación SEMI durante SEMICON West, en San Francisco. El acuerdo busca desarrollar talento y condiciones favorables para atraer inversión en semiconductores. Es un paso pertinente: relacionarse con ese ecosistema puede ayudar a identificar necesidades y preparar capacidades.
Esta iniciativa debe leerse contra una trayectoria concreta: el Decreto 324-24 declaró el sector de alta prioridad nacional en junio de 2024 y la ENFIS fue presentada en agosto de 2025. La estrategia identifica oportunidades en componentes pasivos y discretos, tarjetas de circuitos impresos y actividades de ensamblaje, prueba y empaquetado. Su puesta en marcha requiere formación especializada, infraestructura, condiciones competitivas y captación de inversión. Esas prioridades ofrecen una base para evaluar la ejecución; no deben confundirse con metas anuales ya cumplidas.
En 2026 aparecen avances verificables. En marzo se presentó un plan de atracción de inversión TIC con horizonte 2026-2036, que incorpora semiconductores. En septiembre, la PUCMM presentó su primer microchip universitario, diseñado localmente y fabricado en el extranjero. La cooperación con Purdue y el nuevo acuerdo con la Fundación SEMI apuntan al desarrollo de talento. Son señales de preparación institucional y académica; todavía no equivalen a capacidad industrial instalada.
¿Estamos cumpliendo el calendario original? La respuesta exige una comparación de los hitos aprobados para 2026 con su ejecución. Los anuncios de actividades, por sí solos, no permiten certificar el cumplimiento de las metas anuales ni concluir que existe incumplimiento.
Precisamente por eso, el país necesita un balance público de la ENFIS: qué debía completarse este año, cuántas personas se han formado, qué infraestructura está disponible, cuánto presupuesto se ha ejecutado y qué proyectos han pasado de conversaciones a decisiones de inversión. Hay actividad alineada con la estrategia. Un balance verificable permitiría determinar si también avanza al ritmo previsto.
Aquí aparece una ventana de oportunidad. Mientras fabricantes y proveedores amplían capacidad, revisan localizaciones y configuran redes, hay espacio para presentar propuestas. Una vez comprometidos terrenos, equipos, contratos y talento, entrar puede exigir esperar otro ciclo. No existe una fecha universal de cierre, pero el tiempo industrial avanza aunque nuestra preparación institucional se demore.
La urgencia exige seleccionar bien. República Dominicana no tiene que comenzar por una planta de chips de última generación. La selección debe responder a costos, infraestructura, talento y acceso a clientes.
Una agenda con responsables y resultados
El Gobierno podría concentrar esfuerzos en pocos segmentos, con una propuesta clara para cada uno. ¿Qué podemos ofrecer competitivamente? ¿Qué falta? ¿Cuánto cuesta resolverlo? La respuesta debe incluir energía confiable, agua, logística, permisos y seguridad jurídica: condiciones operativas que un inversor pueda comprobar.
Universidades e institutos técnicos deben trabajar con empresas potenciales para formar perfiles específicos. Una formación general en tecnología no sustituye las competencias necesarias para operar equipos, controlar calidad o mantener procesos industriales. Los acuerdos internacionales ganan valor cuando se traducen en laboratorios, docentes preparados, certificaciones pertinentes y oportunidades laborales.
El sector privado también tiene responsabilidades. Hay que identificar proveedores dominicanos capaces de cumplir estándares, facilitar su certificación y explorar asociaciones con firmas extranjeras. Atraer una empresa puede ser un comienzo; desarrollar capacidades alrededor de ella determina cuánto valor permanece en el país.
La coordinación debe sostenerse más allá de una feria o un mandato institucional, hasta generar producción, empleo y aprendizaje local.
La otra oportunidad está en nuestras empresas
Mientras se construye esa posición industrial, la aplicación de IA puede avanzar en turismo, comercio, banca, logística y servicios públicos. Una pequeña empresa podría mejorar inventarios, organizar cobros o anticipar demanda. Un hotel podría utilizarla para planificar operaciones; una entidad financiera, para reducir fricciones y atender mejor. Son posibilidades que deben validarse con resultados concretos.
La dificultad suele comenzar antes del algoritmo: datos dispersos, procesos poco claros y empleados sin formación. Por eso, comprar una herramienta no garantiza productividad. Hace falta revisar cómo se trabaja, proteger información y asignar responsabilidad por las decisiones. En las empresas, esa conversación debe incorporarse a la estrategia y al gobierno corporativo.
Para las mipymes, apoyo útil significa acompañamiento práctico: soluciones accesibles, capacitación y medición del ahorro de tiempo, reducción de errores o mejora del servicio. La tecnología genera desarrollo cuando sus beneficios se extienden más allá de unas pocas organizaciones grandes.
El mensaje que llega desde Bangkok invita a mirar simultáneamente la resistencia de la economía y la desigual distribución de sus nuevos motores. República Dominicana tiene motivos para actuar, pero necesita convertir aspiraciones en capacidades. Mientras otros definen dónde producirán durante los próximos años, ¿estamos preparando una propuesta que pueda entrar en esos planes y mejorar, al mismo tiempo, la productividad de nuestras propias empresas?
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