La indiscreción que aplazó la Restauración

El 18 de marzo de 1861, el general Pedro Santana proclamó la Anexión del país a España. La República, conquistada en febrero de 1844, desaparecía para convertirse en una provincia ultramarina del viejo imperio. Hubo protestas, aunque escasas, desde el primer momento. San Francisco de Macorís se levantó apenas cinco días después; Moca hizo lo propio semanas más tarde; y Francisco del Rosario Sánchez cruzó la frontera para intentar restaurar la independencia. Todos aquellos esfuerzos terminaron derrotados.

Muchos dominicanos, agotados por años de guerras, pobreza e inestabilidad, creyeron que el regreso de España traería orden, prosperidad y seguridad.

La realidad, sin embargo, se encargó de destruir aquella ilusión. Los impuestos aumentaron, el comercio se contrajo, las arbitrariedades se multiplicaron, y entonces, el orgullo nacional comenzó a despertar. Lo que al principio había sido resignación fue convirtiéndose lentamente en descontento. Ese sentimiento encontró su mayor fuerza en el Cibao y en la Línea Noroeste, donde hombres de distintas condiciones empezaron a reunirse con discreción para organizar una gran conspiración.

José Cabrera, Santiago Rodríguez, Benito Monción, Lucas Evangelista de Peña, José Antonio Pimentel y muchos otros fueron tejiendo en secreto una red de conspiradores contra la Anexión.

El plan era tan sencillo como audaz.

El 27 de febrero de 1863, aniversario de la Independencia Nacional, los pueblos del Cibao debían levantarse casi al mismo tiempo. La simultaneidad impediría que las autoridades españolas concentraran sus tropas sobre un solo foco de rebelión. Pero la historia suele depender de las debilidades humanas.

Entre los conspiradores figuraba Norberto Torres, a quien el historiador Pedro M. Archambault describió como "uno de los más briosos patriotas". Una noche de febrero, Norberto se encontraba en Guayubín, en la casa de una querida suya. Había bebido bastante cuando un soldado español se cruzó con él y lo saludó llamándolo "paisano".

Era un saludo rutinario. Pero aquella palabra cayó sobre Norberto como una provocación. El orgullo habló antes que la razón. Dominado por la indignación y el alcohol, respondió con una frase que cambiaría el rumbo de la conspiración:

—¿Paisano yo de usted? Dentro de cinco días ustedes sabrán lo que les viene encima.

En el Cibao circulaban rumores sobre reuniones clandestinas y movimientos extraños, pero los españoles ignoraban quiénes dirigían la conspiración, cuándo estallaría y por dónde comenzaría. La respuesta de Norberto les confirmó que el peligro era real y que el tiempo para actuar era muy corto. El soldado informó inmediatamente al capitán de la plaza de Guayubín. La orden fue arrestar a Norberto Torres.

Cuando los soldados llegaron para apresarlo, el patriota ya había comprendido la magnitud de su error. No esperó a que le echaran mano. Escapó lanzándose a las aguas del río Yaque y emprendió una desesperada carrera hasta El Pocito, donde vivía el coronel Lucas Evangelista de Peña, responsable de la conspiración en aquella comarca.

La noticia cayó sobre los conspiradores como un rayo. El secreto había dejado de ser secreto. Esperar hasta el 27 de febrero significaba exponerse a que las autoridades desmantelaran la conspiración mediante arrestos sucesivos. Había que escoger entre una insurrección improvisada o una derrota sin combatir.

Eligieron luchar. Lucas Evangelista reunió a los hombres que pudo encontrar y marchó sobre Guayubín. En un primer momento lograron ocupar la plaza, defendida por el general Fernando Valerio, el mismo héroe que diecinueve años antes había encabezado la legendaria carga de los andulleros en la batalla del 30 de Marzo. Pero aquel éxito inicial no podía ocultar la realidad.

El plan se había roto. Mientras unos combatían, otros seguían esperando la fecha acordada. Algunos pueblos ignoraban que la insurrección ya había comenzado; otros se levantaban sin suficientes hombres ni armas. La coordinación, que constituía la esencia del movimiento, había desaparecido.

Monte Cristi también se agitó antes de tiempo. En Sabaneta, Santiago Rodríguez adelantó el levantamiento. En Santiago, donde se encontraba uno de los núcleos más importantes, los patriotas salieron prácticamente desarmados.

El valor sobraba. Lo que faltaba era tiempo y preparación. Durante varios días los combates se sucedieron con un heroísmo que no bastó para compensar la improvisación. Poco a poco, los jefes restauradores comprendieron que insistir en aquella lucha significaba sacrificar inútilmente a sus hombres.

Entonces se retiraron hacia Haití. Desde la distancia, los españoles interpretaron aquella retirada como el fin de la resistencia. No comprendieron que aquellos hombres se retiraban para volver. Seis meses después, en la madrugada del 16 de agosto de 1863, los mismos hombres que habían cruzado la frontera regresaron por los montes de la Línea Noroeste.

En el cerro de Capotillo volvió a ondear la bandera dominicana. Aquella señal fue suficiente para que la insurrección se extendiera por todo el país. Lo que en febrero había sido una conspiración frustrada, en agosto se convirtió en una verdadera guerra nacional y social, que terminó con la derrota de España y la Restauración de la República.

Farid Kury

Político, escritor y periodista. Ha escrito decenas de artículos en los principales diarios nacionales. Ha ocupado diversos cargos públicos. Ha sido asistente de la sindicatura de Son Pedro de Macorís (1998), Director de Prensa de la Procuraduría General de la República y de la Dirección General de Prisiones (1990), Gobernador Civil de la Provincia de Hato Mayor (1996), Candi-dato a Senador por el PLD (1998), Embajador Adscrito a la Cancillería, Encargado de Asuntos de Medio Oriente (1999-2004), Director del Departamento Cultural del Ayuntamiento de flato Mayor del Rey (20011). Asistente Asesor de los Comedores Económicos del Estado (2007), Coordi-nador Técnico de la Región Higüamo de FEDOMU (2011). en la actualidad es asesor Cultural del Senado de la República Dominicana. Es autor de varios libros: "¡Juan Bosch, ¡Entre el Exilio y el Golpe de Estado” (2000), “¡Peña Gómez, ¡Biografía para Escolares” (2003), “Francis Caamaño, ¡Una Vida” (2005), Trujillo, El Gladiador” (2006), “Juan Bosch, Memorias del Golpe” (2007), “Personajes, Triunfos y Caídas” (2008), “Minerva Mirabal, La Mariposa” (2010), “Juan Pablo Duarte, El Apóstol!' (2010), "Juan Bosch, del Exilio al Golpe de Estado" (2013), "Francis Caamaño, Entre Abril y Caracoles" (2014), lbs, de Restaurador a Tirano" (2015).

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